Hito de las Tres Fronteras
Los geólogos, fríos, impertérritos, dicen que las Cataratas del Iguazú nacieron como producto de una falla geológica que hundió al río Paraná 80 metros. Contradicen con datos irrefutables a los que sostienen la leyenda de Taroba, el joven guerrero que salvó del sacrificio (o vaya a saber de qué) a la bella aborigen Naipí. Taroba, diría un cronista de policiales que ‘por causas que se tratan de establecer’, motivó la ira de la serpiente Mboy y fue la víbora la que, con su fuerza, partió el río, formó las Cataratas y dejó a los amantes uno de cada lado, para que no pudieran verse.
La historia no es muy sólida, es cierto, sólo prueba que las víboras son celosas y no mucho más. Pero convengamos que los geólogos tampoco tienen tantas certezas, de modo que usted elija a quien creerle.
Igualmente, no es de Cataratas que vamos a hablar, porque he decidido no pasar por ese sitio. Un poco porque ya he ido en otras ocasiones, otro porque me molestan el ruido del trencito que puso la privatizadora para llevar más turistas más rápido y ganar más dinero, me incomoda el zumbar de los helicópteros que colocaron como paquete turístico los brasileños y me perturban los japoneses que no sé que dicen en un lugar donde no hay nada que decir. Hecha la salvedad, vayamos al Hito de las Tres Fronteras.
Es otro lugar típico de visita. Pero hoy está semivacío. El mal tiempo ha contribuido a que los comerciantes del lugar vean mucha lluvia y poco dinero. Brasil, Paraguay y Argentina quedan a un paso en canoa en este sitio donde cada gobierno ha colocado un obelisco en miniatura, con los colores de su país, que puede verse desde cada costa.
Allí se ha montado una feria de productos artesanales cuya historia vale la pena contar. A diferencia de otros puestos de los shopping de los hoteles internacionales donde el alquiler de un local vale 500 dólares por mes, los puesteros del Hito de las Tres Fronteras son gente de clase media.
Y resulta que el fundador de la galería comercial es un santafesino. Don Humberto Specchiulli, de barrio Roma, llegó en el año 80, cuando el sitio era un yuyal. Vino a vender libros, se enamoró del paisaje como tantos otros y se quedó para siempre, tan para siempre que trajo a su señora, sus hijos y vio nacer a sus nietos.
Humberto cuenta, mientras mira para Brasil, pero pierde la vista en su Santa Fe, que la señora que llegó con ánimos fundantes por primera vez a Iguazú tenía un marido que era sobrino nieto de Julio Verne”.
Y tantos años atrás, por poco llegar acá no se trataba de un viaje al centro de la tierra.
Omar, uno de sus hijos, dice que “extranjeros que vienen no regalan euros ni mucho menos”. “Es un puesto para turistas argentinos”, cuenta, porque dice que la gringada con plata compra en lugares más ostentosos y la gringada sin plata, ni compra.
Humberto recuerda que consiguió un permiso para limpiar ese yuyal de parte de un intendente emprendedor y que a cambio de ello se comprometió a mantener limpio el lugar. Después vinieron otros puesteros y armaron una suerte de vecinal para ayudarse entre todos en el oficio de vender artesanías y sobrevivir a las inestabilidades de un país que nunca sabe la suerte que aguardará mañana. Hoy el lugar brilla como le brillan los ojos a Humberto cuando vuelve a Santa Fe, donde hoy, sus nietos misioneros hijos de santafesinos que viven en Misiones, volvieron a estudiar a la tierra de los padres y los abuelos.
En los puestos ya no hay una mesa y un par de sillas, al rayo del sol, como en los ’80. Ahora hay una galería techada, un corredor bien decorado y con artículos que van desde un mate hasta alfajores de mandioca. Al santafesino pionero se le agregaron correntinos, platenses, misioneros y entrerrianos. Ellos son también -a su modo- fundadores y pioneros de un lugar que ni siquiera era un lugar. Los expedicionarios españoles, como Alvar Nuñez Cabeza de Vaca, venían aquí a morir. Humberto eligió venir a vivir. Ahora se va, dice que a las 17 juega Colón con Lanús y esperará a que Radio Mitre le diga como salió el partido. Es un modo de seguir en Santa Fe, desde acá, tan lejos.
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