¿HOLLYWOOD SE MUDA A ROMA?
Pasaron casi 10 años desde que los estudios Cinecittà de Roma celebraron un velatorio por su director favorito, Federico Fellini. Una experiencia sombría y surrealista, con una guardia de honor instalada entre el ataúd de madera y una pantalla azul con nubes que parecía sugerir la existencia de un nexo eterno entre Fellini y el mundo cinematográfico que este director forjó aquí.
Pero la ceremonia pareció marcar también la desaparición de los vestigios de aquellos días de gloria del estudio, sus años de la “dolce vita”, los ’50 y ’60, cuando Fellini y directores como Luchino Visconti hacían que el cine italiano y el estudio en donde lo creaban importaran. Esos años se vieron seguidos de décadas de filmes y personalidades olvidables.
Luego, en 1997, cuatro años después de la muerte de Fellini, el gobierno, que tenía interés en controlar, cedió la mayor parte del estudio en decadencia a empresas privadas, lideradas por Diego Della Valle, que maneja J.P. Tod’s, la compañía de zapatos italiana, y es dueño de cerca de una cuarta parte del estudio. Desde entonces, las empresas invirtieron 25 millones de dólares en Cinecittà, o la Ciudad del Cine, haciendo que volviera a ser una pujante capital del cine. Quienes alimentan este renacimiento son los cineastas norteamericanos, que aportan energía creativa y dinero.
Una bandera norteamericana desplegada adorna parte del set que funcionarios del estudio llaman Broadway, construido para Pandillas de Nueva York de Martin Scorsese, cuya filmación ocupó al estudio durante ocho meses, en 2001. Esa importante arteria conduce al Puerto de Nueva York seco de la película, que pronto será rellenado con agua y delfines para la próxima película de Wes Anderson, una aventura sobre un personaje estilo Jacques Cousteau, que se va a filmar en setiembre.
Cerca de allí están las puertas de Jerusalén de Mel Gibson para The Passion, su elíptico filme en latín y arameo, con subtítulos, sobre las últimas horas en la vida de Jesús.
“Cinecittà creció” asegura Luigi Abete, presidente del estudio construido en 1937 por Mussolini como instrumento de propaganda. Abete lamenta que sea visto como una antigüedad y no “como un lugar común, lleno de gente que va a estar en el cine mañana y no hace décadas. Ahora lo más importante son los norteamericanos.”
Muchas producciones norteamericanas usaron al estudio recientemente y no sólo con temas italianos, como Under the Tuscan Sun, El talentoso Sr. Ripley o My House in Umbria sino también Exorcist: the Beginning. Hasta Angels in America y The Lizzie McGuire movie usaron los equipos del estudio en Italia.
Para atraer producciones norteamericanas, el estudio creó hace dos años un departamento internacional de marketing y este año abrió oficinas en Nueva York y Los Angeles para atraer a los interesados en abandonar los EE.UU. para recortar costos. Funcionarios de marketing de Roma aseguran que Cinecittà es un 30 por ciento más barata que otros grandes estudios.
“Si la gente está dispuesta a abandonar su país, se dará cuenta de que además de otras cosas la comida aquí es mucho mejor”, asegura Carole Andrè-Smith, directora de marketing internacional del estudio, luego de comparar lo que sale una cena en Roma, Gran Bretaña o el este de Europa. “Hay una cantidad de equipos de filmación suficientes como para rodar nueve películas como Pandillas de Nueva York al mismo tiempo —continúa Andrè-Smith.— Y están trabajando aquí desde Cleopatra y Ben-Hur —las épicas norteamericanas filmadas aquí y lanzadas en 1963 y 1959—. Y si no son ellos, son sus nietos”.
“No tomo a esto como un atractivo importante” dice Nick Smith, director de ventas y marketing en los Pinewood Studios de Gran Bretaña, usados por producciones estadounidenses como la segunda Tomb Raider, que se estrena este año, y la épica Troy, en la que trabaja Brad Pitt.
Estudios británicos como Pinewood ofrecen incentivos impositivos a los grandes productores, mientras que Cinecittà se limita a ofrecer asesores financieros que guían a los productores en medio del laberinto que es el sistema impositivo italiano.
A pesar de ello, Cinecittà asegura que sus competitivos precios, en relación a los que tienen estudios de Alemania, Canadá, Australia, Gran Bretaña y los Estados Unidos rindieron sus frutos, aunque modestos. El año pasado, Cinecittà ganó cerca de 3 millones de dólares aunque, según Abete, las fuertes inversiones en administración, infraestructura y tecnología para efectos especiales, además de planes para TV paga y para un parque temático Cinecittà, le harán ganar alrededor de 30 millones dentro de cuatro años.
Un importante elemento del remozado estudio es Cinecittà Digital, que hace poco adquirió moderna tecnología y está atrayendo la atención de pequeños productores independientes norteamericanos.
“La gente recién está comenzando a darse cuenta de lo que tiene para ofrecer” explica Anne Chaisson, productora del filme independiente Roger Dodger de 2002, quien es posible que pruebe Cinecittà para la posproducción de su próxima película, de modo de ahorrar dinero.
David Bush, director de Cinecittà Digital, asegura que la tecnología del estudio logró importantes avances. Bush recuerda los rudimentarios efectos que tenían los filmes italianos baratos de los años 80, como los paparazzi que salían del mar montados sobre los lomos de delfines para hacer tomas de turistas desnudos en botes.
“Ya no estamos subdesarrollados”, agrega. Cinecittà cuenta con una compañía de efectos especiales propia, que está trabajando en el prólogo de El exorcista. Es la primera vez que una compañía de efectos especiales italiana trabaja para una producción norteamericana importante.
De todos modos, este renacer del estudio no es una buena noticia para las producciones italianas, que son tradicionalmente pequeñas y corren el riesgo de ser desplazadas. Abete es de la idea de que los filmes italianos deben buscar otros sitios en donde filmar.
Y las malas noticias en su contra se acumulan. El lugar del estudio que fue utilizado para la presentación 2001 de la versión italiana de los Oscar se convirtió en el departamento de vestuario de Pandillas de Nueva York.
“Las producciones internacionales son obviamente más importantes para Cinecittà. Lamentablemente, las películas italianas no son un cliente importante” admite Abete.
Fellini hizo casi todas sus películas en Estudio Cinco, que es el estudio de sonido más grande de Europa. Sin embargo, una de las producciones italianas más memorables que salió de aquí fue una propaganda de agua embotellada. Se apoyaba fuertemente en la nostalgia por La dolce vita, el filme de 1960, pero usando una copia de espuma de plástico de la fontana de Trevi.
Por el otro lado, hubo varias producciones norteamericanas que también estuvieron ocupadas en el Estudio Cinco. Lo llenaron de agua para el drama de submarinos U-571. Plantaron olivares para The Passion y construyeron una ciudad subterránea para Pandillas de Nueva York.
Nicoletta Andreini, funcionaria de la oficina de marketing internacional de Cinecittà, expresa su entusiasmo por lo que sería el patrón del verdadero éxito de un estudio.
“Estamos tratando de conseguir carritos de golf”, anuncia.
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