Homicidios: “se resuelven cosas de manera animal o primitiva”
El concepto pertenece a Rodolfo Arancibia, médico forense de nuestra ciudad. En conversación con este Diario abordó diversas problemáticas ligadas a situaciones fuera de la ley – algunas de extrema gravedad como quitarle la vida a un semejante-, y reflexionó sobre la escasa posibilidad de una fructífera reinserción a la sociedad de quienes delinquen.Rodolfo Pedro Arancibia obtuvo el título de médico, y a partir de allí -como post título- fue sumando lo atinente a un doctorado en la UBA de Medicina Legal (resulta el único en la Provincia); una Maestría en la Universidad de Lomas de Zamora en Ciencias Forenses; especialista universitario en Metodología de la Investigación por la Universidad Nacional de Entre Ríos; profesor de nivel superior por la Universidad de Concepción del Uruguay; titular de una Cátedra universitaria.
LA OPINION conversó extensamente con el profesional de mención, y la charla -por todo lo aportado por Arancibia en conceptos y contenidos- resultó muy sustanciosa y satisfizo, plenamente, la inquietud periodística que motivó la entrevista.
-¿Desde cuándo en la medicina forense ejercitada en los Tribunales de nuestra ciudad?
-Desde que leí una nota periodística suya requiriendo la urgencia de nombramiento de un médico forense en Rafaela. Fue en 1996, y por entonces al poco tiempo se abrió un concurso. Guardo el recorte de la misma. La nota fue una de las instancias motivadoras para que tome le decisión de presentarme al concurso.
-¿Qué opinión le merece la cantidad de homicidios que se contabilizan en los últimos años en el departamento Castellanos, buena parte de ellos con participación de menores de edad?
-En realidad, por algunas referencias que tengo tal vez habría que pensar en una relación de mayor cantidad de habitantes en dicho espacio geográfico. No sé si en realidad existe algún tipo de equivalencia en ese dato y muertes violentas. No resultaría directamente proporcional, pero algo podría tener que ver. Lo que para mí existe es una ruptura de lazos vinculares entre los ciudadanos, y esto hace que se resuelvan las cosas de la manera más animal, o primitiva, que se conoce.
-Se aprecia escasa tolerancia…
-Es verdad. Desde ‘bajá el volumen de la música o te descargo un balazo’ (como sucedió recientemente en Humberto Primo), o por cuestiones mucho más complejas tal lo dado en el límite fronterizo de nuestra Provincia. El fenómeno si se quiere nuevo del narcotráfico, trajo aparejado muchos homicidios y otro grupo importante (de situaciones que lleven a decisiones extremas) tiene directa relación con los jóvenes. Pareciera que el vínculo con la vida, o el valor de la misma, no se tiene en cuenta como debiera. Esta cuestión de imponerse intentando autoridad y poder a través de un arma de fuego, y ejecutarla, es preocupante. Se aprecia un ambiente de intolerancia muy notorio, a diferencia de otros momentos históricos de la ciudad y poblaciones del Departamento.
-La morgue judicial de Rafaela, ¿es hoy un ámbito laboral acorde a su función?
-Sí. Ocurre desde junio de 2009 (la prensa informó sobre un acto de presentación de “una renovada morgue judicial, fruto del plan de reformas edilicias e implementación tecnológica que el Poder Judicial lleva adelante en materia de praxis forense”) luego de la presentación de un proyecto ante la Corte. Pasaron muchos años, y ahora se cuenta con un ámbito -al menos desde mi visión personal y de la especialidad- ideal para trabajar. Atrás quedaron muchas situaciones negativas, y ahora están todas las medidas de bioseguridad y los recursos materiales también se contabilizan. Ojalá esto se mantenga en el tiempo.
-Desde el punto de vista de un ciudadano más, ¿qué reflexión le merece la observancia de una violencia descontrolada de ciertas personas, incluso hasta la provocación de una muerte?
-En tiempos que vivimos resulta muy interesante su inquietud. Nuestro problemas tienen que ver con el punto de vista educativo, y a partir de allí la construcción de una cultura de tolerancia, de ciudadanía. Esto no es discurso, una retórica, es fundamental al momento que uno ve estas consecuencias. La posibilidad que tenemos nosotros (integrantes del poder judicial) de dialogar con detenidos, o personas imputadas, nos permite tomar contacto con muchas realidades.
-Entiendo que se refiere a un contexto socio-político.
-Exacto. Resulta muy importante en el lugar donde uno vive. Hay una gran masa de jóvenes, a la luz de los hechos que están ocurriendo, que están en esta agenda. Hay otros que no, y para estos no tenemos soluciones. Yo pensaba que muchas veces se trata de prevenir el delito desde las consecuencia del mismo, pero no desde sus actores. Por ejemplo. ¿quién trabaja con los detenidos que están en la Alcaidía (de la Jefatura de Policía)? Es decir, ¿quién conversa, dialoga o forma a esas personas? ¿Quién les enseña a escribir, a leer, a estudiar o a trabajar? Entonces, es extremadamente difícil tener la ilusión óptica del encierro, por el encierro mismo. Eso, efectivamente, no va a modificar la situación.
-¿Entonces?
-Pues bien. Hay muchas Agrupaciones, Espacios o Consejos, que son muy importantes con respecto a la seguridad. Pero no todo queda allí, dado que aquellos que hoy han transgredido la ley desde el punto de vista de la convivencia ciudadana, una vez que recuperan la libertad salen igual o peor de lo que entraron al lugar de detención. No es una frase dicha. Pareciera que no nos hacemos cargo de esa situación. Hace días visité a 70 internos de la Alcaidía y es preocupante el tiempo ocioso que transcurren (ocurre en otros lugares de detención en la Provincia). Responde a una política pública, entiendo, no es una cuestión estrictamente relacionada a la Policía, y resulta algo realmente llamativo y alarmante. Porque lejos de ser un espacio donde una persona que no comprendió la vida en determinado momento tenga posibilidad de recapacitar y decidir reinsertarse en la sociedad, resulta todo lo contrario.
-En esos espacios suelen convivir chicos de apenas 18 años que delinquieron, junto a avezados delincuentes…
-Es así. Con todo lo malo que ello implica. Ojalá, es al menos una expresión de deseo, con el tiempo se reviertan estas comprobaciones. Me parece que que hay que dar inicio a programas que generen la posibilidad cierta, de inserción a la sociedad de quien delinquió. Por ahora, no se da.
Fuente: La Opinión
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