HOY ENTREGAN EL LEÓN DE ORO
Con la presentación de ayer de los dos últimos filmes en concurso, concluyó la muestra competitiva del Festival de Venecia. Anoche eran los distintos jurados los que se disponían a analizar lo visto, sacar sus conclusiones y repartir los premios.
La que ya obtuvo una mención es Ana y los otros, opera prima de Celina Murga. Obtuvo la mención especial en la Semana de la Crítica por “el rigor estilístico con el que la autora expresa los sentimientos y la soledad de la protagonista”. El premio Cult de la misma sección fue para el italiano Ballo a tre passi, de Salvatore Merreu, que se adjudicó los diez mil dólares del premio a la mejor opera prima.
En cuanto a la competencia por el León de Oro, es difícil saber cómo tomará el jurado oficial a la película norteamericana del mexicano Alejandro González Iñárritu, 21 gramos, un filme oscuro, durísimo, de una negritud pocas veces vista, que cuenta mediante un complejísimo montaje en varios tiempos las historias de tres personas relacionadas a partir de un terrible accidente.
Son un pastor católico y ex convicto (Benicio del Toro), una mujer casada y con dos hijas (Naomi Watts) y un hombre que espera un trasplante al corazón (Sean Penn). Filmado a la manera de Amores perros, con un ritmo nervioso e hiperrealista, la película logra impactantes actuaciones, escenas fuertes e intensas, pero dentro de un clima tan opresivo, grave y terrible que resulta virtualmente insoportable de ver. Niños que mueren en accidentes, enfermedades terminales, asesinatos, drogas duras y depresiones varias forman un cóctel que, más allá de logros estéticos y actorales, termina por agobiar.
Acaso los actores sean celebrados por el jurado gracias a sus realistas e intensas performances, y eso es más de lo que se puede decir de Alila, la nueva película del israelí Amos Gitai (Kadosh) que cuenta la historia coral de varios personajes que habitan en la actual Tel Aviv, en especial centrándose en una mujer que mantiene un affaire amoroso con un misterioso hombre algo mayor que ella.
Más allá de algunos aciertos parciales (la pintura de un barrio israelí de clase media baja), Alila resulta un filme excesivamente largo y narrativamente chato, a lo que hay que agregarle la por veces exasperante pulcritud de la metódica puesta en escena del realizador, afecto a los planos secuencias largos, y las exaltadas actuaciones de buena parte del elenco.
Fuera de competencia se vio el simpático compilado de cortos de Jim Jarmusch llamado Café y cigarrillos, que suma a tres cortos hechos en los ’80 una decena de nuevos episodios. Simpáticos algunos (el de Bill Murray con dos raperos del grupo Wu Tang Clan), ingeniosos otros (el de Alfred Molina y Steven Coogan) y algunos otros anodinos, el filme sirvió al menos para aflojar los músculos tensionados de los que salían de la deprimente 21 gramos.
Según el rumor que circula de un lado a otro del Lido veneciano, el ganador cantado parece ser el filme de Marco Bellocchio sobre el secuestro y muerte de Aldo Moro, Buongiorno Notte. Si bien no es de lo mejor que se vio en la competencia, serviría para volver a premiar con el León de Oro aquí a un filme local después de muchos años. Bellocchio es un celebrado veterano, su colega Mario Monicelli preside el jurado, y todos ya lo oímos decir que entre dos filmes parejos, va a preferir siempre el de un compatriota.
Es que los otros fuertes candidatos parecen presentar flancos débiles. Se dice que Zatoichi, de Kitano, es un filme de género y es menor en la carrera del japonés. Que Goodbye Dragon Inn, de Tsai Ming-liang, es bueno, sí, pero “más de lo mismo”. Que el filme ruso El retorno es recién una opera prima, y alcanzará con darle algún premio secundario (el del Jurado o mejor director). Todas objeciones finalmente erróneas, pero concebibles en este tipo de certámenes.
Darle el León a otro filme fuera de este grupo sería más que llamativo, aunque hay quienes apuestan por el italiano El milagro, por el alemán Rosenstrasse o el portugués Un filme falado. Y hasta hay algunos que sueñan con un shock parecido al de Cannes de hace algunos años atrás, que sorprendió premiando a Bruno Dumont, que aquí presenta 29 Palms, un filme que dividió aguas como ningún otro.
En un mundo normal nada debería pasar con Imagining Argentina, aunque a la hora de hablar de la representación nacional habría que guardar algunas mínimas esperanzas por los filmes de Daniel Rosenfeld y Celina Murga. La quimera de los héroes fue muy bien recibido, pero tiene duros rivales que vencer, en especial los filmes de Sofia Coppola y el tailandés Pen Ek Ratanaruang.
En la Semana de la Crítica, donde compitió Ana y los otros, el candidato natural venía recibiendo objeciones: era el filme de Hana Makhmalbaf, Joy of Madness. Lo que todo el mundo da por sentado es que en esta opera prima de la niña de 14 años hay metidas muchas manos ajenas, en especial la de su padre y su hermana mayor, reconocidos cineastas. Para el premio de opera prima, por el que también compite el filme de Murga, es número puesto el ruso El retorno.
En una programación que no pasará a la historia como las mejores, pero que tampoco será recordada como un papelón (como fue la del pasado Cannes), Venecia volvió a mostrar una apretada combinación de filmes prolijos y aceptables con otros flojos y olvidables, a los que hay que sumar una media docena de descubrimientos y consagraciones.
La sección Controcorrente parece llevarse los aplausos, presentando filmes con mayor riesgo estético y variedad, mientras que Venecia 60, la que otorga los ansiados Leones, se parece más a una sección de consagrados con estéticas algo más previsibles. Esta tarde se verá si los premios aportan algo más al análisis.
Este contenido no está abierto a comentarios

