“HOY LOS MENORES SON A LA VEZ AUTORES Y VÍCTIMAS”
La jefa de la Policía de la provincia de Santa Fe Leyla Perazzo levantó la creación de la policía de niñas y niños como una de las formas de actuar ante la “nueva necesidad social que se plantea con la violencia”.
En la ciudad de Santa Fe ya comenzó la capacitación de 300 mujeres y hombres del centro norte provincial que se anotaron de manera voluntaria con ese objetivo, tal como informó la jefa provincial a Rosario/12 y en esta ciudad se lanzará el mismo seminario para el sur santafesino con un número de entre 350 y 400 personas que concurrirán a 4 encuentros de capacitación con jueces de menores, integrantes del cuerpo de profesionales de la policía–médicos, psicólogos, asistentes sociales- y profesores de la universidad como docentes.
Perazzo coincide con la lectura del director provincial de Menores en Conflicto con la Ley Penal, Sergio Druetta, en cuanto al aumento preocupante -se habló de un 20 por ciento entre el 2004 y el 2005- de los casos de menores involucrados en delitos y de la menor edad que tienen quienes participan.
“Justamente por esos índices no se puede trabajar recién con quienes tienen 20 años, hay que hacerlo desde antes con los niños”, dijo Perazzo. Capacitar en los derechos humanos de niñas y niños.
– El ministro (Roberto) Rosúa y usted anunciaron la creación de la policía de niñas, niños y adolescentes. ¿Cuál es la capacitación que se pretende?
– El miércoles pasado comenzó en Santa Fe el seminario para capacitar a los policías en la problemática del niño que ingresa al campo del delito. La primera organización del Estado con la que se encuentra ese niño es la policía, por lo tanto hay que formar personal que esté capacitado para desempeñar ese rol. Trecientos inscriptos hay en el centro-norte provincial y el 2 de junio comenzará para la policía de Rosario y la zona sur otro con una cantidad que irá entre los 350 y 400 participantes. Se trata de instruir a la mayor cantidad de policías en los procedimientos que tienen que ver con los chicos y sobre todo en el derecho de los niños. Tienen que estar preparados en cuanto a saber la diferencia que hay entre los niños y los adultos ante la comisión de un delito grave, no sólo desde el punto de vista legal sino sociológico y psicológico. El seminario de formación comprende 4 encuentros, 1 por semana durante 1 mes, e intervienen jueces de menores, integrantes de los colegios de abogados, docentes universitarios y quienes pertenecen al cuerpo profesional de la policía, médicos, abogados, asistentes sociales, psicólogos. Desde la policía tenemos la misma percepción que (Sergio) Druetta en cuanto al ingreso desde muy chicos de los niños a las figuras que tienen que ver con el conflicto con la ley penal. Los menores con 13, 14 y 15 años son a la vez autores y víctimas. Si a eso se le suma lo que tiene que ver con la violencia general se presenta una nueva necesidad social y la policía debe formarse para encararlo.
– ¿Cuál es esa nueva necesidad?
– La violencia que se plantea en los distintos ámbitos con niños y jóvenes. Ya sabemos que descendió el promedio de edad de las personas que cumplen penas con privación de la libertad, alrededor de 25 años, sobre todo por hechos violentos, hurtos o robos con arma, lesiones graves y homicidios. Otra franja transversal de violencia, la que tiene que ver con los homicidios culposos, tiene cada vez a protagonistas más chicos. Para trabajar con esos índices que indican que cada vez las edades son más bajas no se puede empezar con quienes tienen 20 años, hay que hacerlo con los niños.
– ¿Esa policía reprimirá a los menores que cometen un delito?
– En materia de menores la policía no reprime. Se contacta con el hecho, hace cesar la conducta violenta, los pone a disposición de los jueces en una función tutelar. Eso requiere que la policía tenga una formación suficiente y sepa como tratar a los niños. Por poner un caso, nadie vería bien que un niño de 11 años sea trasladado esposado pero el policía debe saber como proceder cuando ese chico está con un arma. Tiene que saber también a quien recurrir. Es una especialidad dentro de las funciones que la policía cumple.
– ¿Y con una necesidad social identificada no cabría ir contra las causas que generan que haya cada vez mayores chicos participando en delitos?
– Nosotros advertimos una circunstancia que tiene que ver con la marginación que genera el sistema. Esa violencia que genera la pobreza y la marginación, la falta de oportunidades y de acceso a la educación, es decir de la exclusión del niño. En los delitos contra la propiedad y según las estadísticas de América latina, el mayor número de los protagonistas es inversamente proporcional al ingreso per cápita de los protagonistas. En cuanto a los homicidios tienen que ver con cuestiones culturales, con la falta de educación y con otras carencias que genera violencia familiar y social. A los niños de escasos recursos les alcanzan ambas carencias: la falta de ingreso económico y la situación que tiene que ver con la cultura y la educación y allí están los de 10, 11, 12 años. Los chicos de la clase media o alta tienen otra problemática, desconocimiento de la autoridad, ingestión temprana de sustancias tóxicas o bebidas alcohólicas, respuestas y reacciones violentas a la salida de los lugares de diversión.
– ¿Qué pasa después de la actuación del policía de niñas y niños? ¿Existen acciones coordinadas que puedan contener y hacer un seguimiento de los menores involucrados?
– Desde la Secretaría de Derechos Humanos o bien desde organizaciones como Cáritas u otras integradas totalmente por civiles están en el desarrollo de un trabajo preventivo y de contención junto con los organismos del Estado y casi con certeza diría que paliativo de la situación de los menores. No sé si eso es suficiente, tal vez no y haya que generar nuevas políticas de Estado que superan a mi función. Esto también tiene que ver con las cifras del INDEC que se conocen sobre pobreza infantil. Eso existe, pero desde la función policial se trata de preparar para lo que sucede con el primer contacto con el menor, pero el tema es saber como sigue. A partir de allí se hacen cargo otros efectores del Estado, el como se coordina los recursos humanos es algo que me supera, aunque recibo apoyo de todas las instancias.
– Cómo surge la idea de la policía de niñas y niños?
– Surgió del Colegio de Abogados de la Primera Circunscripción en Santa Fe que planteó la problemática del menor demorado en cuanto que algunas posiciones decían, por ejemplo, que no podía ser visitado por abogados. Luego se sumaron otras ideas y dependencias, de los jueces de Menores, de la Dirección del Menor en Conflicto con la Ley Penal y de la policía. Se trata de que el chico a partir de la primer causa con la que tiene un contacto con la policía tenga también toda una cadena de protección y que no sea demasiado tarde. En el país, la Policía Federal, la de Mendoza y la Buenos Aires están trabajando en proyectos similares, pero a nivel mundial la policía de la niña, el niño y el menor está considerada como una especialidad y tiene que ver con las declaraciones y convenciones de derechos humanos en cuanto a la protección de la infancia y de las mujeres. Santa Fe avanzó mucho en el tema de violencia familiar y delitos contra las mujeres al tener unidades especializadas en cada cabecera de región.
– Los chicos, en general, los de cualquier edad, tienen mucho miedo a la policía.
– Esa es una evidencia, un problema que tiene varias raíces. Una de ellas la falta de formación de la policía para tratar el problema, las condiciones personales de algunos hombres de la fuerza que se colocan en una posición de agresividad que impiden que el adolescente se les acerque y la crisis de autoridad general que vive la sociedad. Son las tres razones que hacen que sea muy poco aceptada la figura policial.
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