HUBO COLAS, BRONCA Y GRITOS EN ROSARIO
“Sería mejor que nos pusieran en una bolsa de residuos y nos tiraran al río antes de hacernos pasar por esto”, sentenció ayer con la voz quebrada una de las tantas jubiladas que, desde las 7 de la mañana, aguardó en el Pami que le informaran a dónde debía recurrir para recibir atención médica.
La queja fue sólo una muestra de los cientos de casos de jubilados que a partir del nuevo sistema prestacional del Pami no saben a dónde acudir para recibir atención médica. Es que a partir de la nueva redistribución de cápitas en los sanatorios, el caos es total y el desconcierto de los jubilados, cada vez mayor.
El nuevo sistema prestacional provocó que los abuelos dejaran de ser atendidos donde acostumbraban. Así, desde fines del mes pasado les negaron la atención. “Los médicos no saben qué decir y en los sanatorios nos cierran las puertas señalando que no nos atienden más. Entonces, ¿en manos de quién estamos?”, se quejaban ayer en la Unidad de Gestión Local del Pami de San Lorenzo al 900.
Si bien en ese edificio al principio reinaban la duda y la inquietud, pronto se caldearon los ánimos dando pie a la bronca y la indignación. Las voces comenzaron a elevarse cuando los abuelos vieron que en el Pami no había respuesta a sus reclamos.
La situación llegó a tal punto que el director del Pami, Juan Carlos Achilli, debió salir de su despacho a dar explicaciones. Expresó que estaban tratando de “resolver la contingencia”, intentando dar solución a los pacientes que están internados o en tratamientos prolongados.
En medio de reproches, el funcionario no perdió la oportunidad de hacer alardes y sostuvo que “este nuevo sistema superará al anterior”.
Indignación e impotencia
Personas de más de 70 años esperaban ayer en una larga fila frente a los escritorios del Pami con papeles en la mano. Se trataba de órdenes de internación, estudios de alta complejidad y turnos para consultas que quedaron sin efecto.
Allí, una mujer contó desesperada que tenía un turno en el médico para esa misma tarde. “Ya habíamos hecho los estudios y tengo todas las órdenes autorizadas porque tienen que operar a mi marido, pero me dijeron que el doctor ya no atiende más allí. Me pidieron por favor que no fuera porque iba a comprometer al médico y al sanatorio”, dijo.
Sin embargo, desde el efector le ofrecieron que si quería podía pagar la consulta en forma particular y entonces sería atendida por su médico. “Menos mal que me tomé la pastilla para la presión, porque si no ahora estaría por las nubes”, agregó mientras en sus manos temblaban los papeles que confirmaban la orden de internación.
Mientras tanto, los empleados detrás del mostrador intentaron dar alguna respuesta a la situación. “Lo que se hizo es una porquería”, admitió una de ellas desbordada por los reclamos de los jubilados que agitaban las órdenes preguntando a dónde acudir.
También otros sucumbieron en la desesperación. Uno de ellos era un paciente oncológico al que le habían suspendido el tratamiento. Otro jubilado dijo que se tenía que operar de la vista con urgencia pero no sabía si le reconocerían los medicamentos.
Pero no todos los casos necesitaron confirmar su necesidad con una orden autorizada. Algunos dejaron en claro las falencias del sistema con su sola presencia. Como un abuelo que padece una enfermedad pulmonar crónica y es oxígenodependiente, por lo que posee una sonda para respirar, carga con una mochila de oxígeno y ayer se llegó hasta el Pami. “En un año y medio ya me cambiaron cuatro veces de médico. Vine para que me digan dónde debo atenderme ahora”, se lamentó.
Tampoco faltaron entre los jubilados personas con dificultades para moverse. Ese fue el caso de una señora con problemas en las rodillas, un corsé ortopédico en la cintura y a quien le acababan de sacar el yeso del brazo casi inmóvil. Con más de 80 años le saltaban las lágrimas al relatar su problema y ver la falta de atención que recibe la clase pasiva. “Si nos tiraran al río, no sería tan terrible como lo que nos están haciendo”, dijo con dureza.
A unos metros, una pensionada esperaba desde hacía tres horas que alguien le informara dónde debía hacerse un estudio de las arterias porque había sido operada del corazón. Y aunque el turno era el 29 de mayo (antes de que entrara en vigencia el nuevo sistema) igual se lo suspendieron.
También ayer hubo hijos que se acercaron a reclamar: “A mi papá, de 82 años, le tienen que poner un bypass. Hace dos meses que se está haciendo estudios. No puede caminar y ahora me dicen que no lo van a operar y hay que hacerle todo de nuevo. ¡Esto es una injusticia! Si no me resuelven el caso voy a presentar un recurso de amparo”, protestó un hombre.
También estuvo presente Roberto Castillo, presidente de la Coordinadora Nacional de Jubilados y Pensionados filial Rosario, quien reclamó en nombre de miles de jubilados ante el desorden causado por este sistema prestacional que “no ha hecho más que dejar sin cobertura de salud a quienes más lo necesitan”.
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