HUELE A ESPIRITU ADOLESCENTE
Una banda de rock puede ser muchas cosas. Metáfora de una etapa en la vida, compañía en el crecimiento y la formación de un sujeto, la prueba del alejamiento definitivo de cierta etapa y, muchas veces, una forma de vida. En este caso el rock, sirve para reflexionar sobre qué hacer con los sueños, para plantearse cuán lejos se puede llegar con las fantasías y las pasiones que verdaderamente nos movilizan. Richard Linklater, ecléctico, imprevisible, pero siempre fiel a sí mismo y a una manera muy personal de entender el cine que con facilidad podemos asociar a la idea del rock que tiene Dewey Finn (Jack Black, otra vez fabuloso como en Alta fidelidad) tiene en Escuela de Rock.
El argumento de esta, la penúltima película de Richard Linklater (Despertando a la vida, Antes del amanecer), se centra en el conflicto de Dewey cuando es expulsado de su banda de rock y su compañero de piso Ned Schneebly (Mike White, también guionista de la película), quien convive con una insoportable novia, le pide lo que adeuda del alquiler.
Ante un llamado para Ned por un trabajo como maestro sustituto, Dewey decide hacerse pasar por su amigo y comenzar a dar clases en una preparatoria de lujo.
Aunque la película se centre en el proyecto en el que el protagonista arrastra a sus alumnos hacia sus propias pasiones, el eje está en las elecciones de Ned, quien confiesa haber dejado de lado sus sueños y sus pasiones para “integrarse a la sociedad y pagar la renta”, y las de Dewey, quien permanece fiel a sus pasiones.
La película tiene el ritmo, el gancho y la forma exacta de un buen tema de rock, como todos los que desfilan por la banda de sonido que se mueve con la amplitud que el género permite, desde los Ramones a Jimi Hendrix, desde Yes a Led Zeppelín, entendiendo que todo es rock. Linklater parece haber hecho, casi sin esforzarse demasiado, una película que tiene el humor, el tono y la frescura de uno de esos temas que cada vez que encontramos en la radio no podemos dejar de escuchar hasta el final.
Lejos de las parrafadas filosóficas pero atrapantes de Despertando a la vida, su anterior película que es un hallazgo de libertad y espíritu vanguardista para el cine norteamericano, lejos del romanticismo de Antes del amanecer, pero siempre cerca de sus principios, de la frescura que caracteriza sus anteriores películas y de una idea del cine como juego.
Jack Black había prometido ser un gran comediante y un extrañísimo músico con su aparición en Alta Fidelidad, película en la que interpretaba a uno de los empleados “freaks” de la disquería que regenteaba John Cusack. Ahora no sólo confirma estar absolutamente de remate y ser un gran comediante, sino que nos deja con las ganas de escuchar su música, que seguro tiene todos los aromas del rock.
De yapa, la película tiene la mejor secuencia de títulos finales de los últimos tiempos, imposible abandonar la butaca.
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