ILUSIONES EN BLANCO Y NEGRO PARA LOS CHICOS DE SANTA ROSA
Los chicos muchas veces saben dar lecciones de vida a los adultos, sobre todo porque encuentran la felicidad en las cosas más pequeñas. En el barrio Santa Rosa de Lima, en las instalaciones del Centro Integral de Atención al Menor Especial (Ciame), en Mendoza al 4.200, alrededor de 70 nenes concurren todos los sábados al Lugar Barrial de Ajedrez.
Ese día, de 9 a 11, los menores, divididos en tres grupos, aprenden en forma gratuita los secretos de jugar con los trebejos (las piezas de ajedrez), de la mano de los profesores Osvaldo Silva, Adolfo Pouch y Juan Carlos Avarese.
A las 11, empieza el Taller de Expresión Corporal, del que participan algunos de los alumnos que están desde las 9, y se suman los que prefieren remolonear un poco más y llegan cerca del mediodía.
Esta iniciativa solidaria surgió a partir de la experiencia de Atahualpa Larrea, un nene santafesino que aprendió a jugar al ajedrez luego de que el río Salado le robara todos sus juguetes en la inundación de 2003.
En meses, el alumno se convirtió en experto y participó, con muy buenos resultados, en dos torneos argentinos de ajedrez, un panamericano que se realizó en Brasil, una competencia sudamericana y lo invitaron al mundial que se desarrolló en octubre del año pasado en San Luis.
Juan Larrea –papá del joven prodigio– es uno de los que lleva adelante el Lugar Barrial de Ajedrez (se fundó como Liga, pero por cuestiones legales cambiaron el nombre).
Ayer, en diálogo con Diario UNO, Juan agregó que “en otro de los salones, que presta la Dirección del Menor y la Familia, funciona una biblioteca pública, llamada Manuel Belgrano, donde también se desarrolla el salón de Artes Plásticas”.
Hoy por hoy, todas las actividades que se llevan a cabo en esa sede son posibles gracias a la colaboración desinteresada de muchos padres. En ese sentido, el padre de Atahualpa destacó la importancia que adquirió el lugar para las familias de los barrios Santa Rosa de Lima y Roma, principalmente, ya que sirvió para fortalecer los vínculos.
Algunos papás se acercaron y aprendieron a jugar al ajedrez a la par de sus hijos. En esas clases, los adultos hoy tienen un punto de encuentro con sus chicos.
Juan concluyó: “Estas actividades son un buen medio para que los chicos no anden en la calle y estén lejos de los problemas con la ley y de las adicciones”.
Este contenido no está abierto a comentarios

