IMÁGENES DE LA ARGENTINA REAL
Pasaron las funciones para la prensa, las reservadas para invitados y quedan algunas más, para el público veneciano. Fueron dos días —domingo y lunes— recorridos por imágenes de la Argentina. Imágenes que empezaron mostrando un país tal como es —con los filmes La quimera de los héroes y Ana y los otros— y que terminaron, de manera bastante bochornosa, mostrando un país que no existe, con la abucheada presentación de Imagining Argentina.
Los cineastas argentinos lo vivieron con la tensión y nervios naturales de enfrentar por vez primera, con sus respectivas películas, una audiencia internacional. Daniel Rosenfeld circulaba con la mezcla de energía, mareo y voracidad que caracteriza al “joven cineasta del Tercer Mundo” en un festival enorme como este. Celina Murga llegó después, y no salía de su asombro al ver la larga cola de gente que esperaba para entrar a su proyección. Ambos, igual, se hacían la misma pregunta: ¿cómo destacarse en medio de Bertolucci, Banderas, Anthony Hopkins y demás monstruos mediáticos?
Rosenfeld —que había dirigido la sutil Saluzzi, ensayo para bandoneón y tres hermanos— logró lo que ni él esperaba: entrar en la segunda competencia oficial (Controcorrente, con un premio de 50 mil euros) con su nueva película, ese documental que bordea con la ficción, La quimera de los héroes. El está aquí desde el primer día, pegando su afiche en paredes, puertas y carpas, repartiendo entradas y volantes, y poniéndole el cuerpo —con la coguionista Eugenia Capizzano, el director de fotografía Ramiro Civita y el coproductor Augusto Giménez Zapiola— a la enormidad de la Mostra.
Con su opera prima, Ana y los otros, Murga ya enfrentó a todo tipo de público, críticos y programadores de festivales en el Festival Independiente de Buenos Aires y ahora parece una veterana de estas lides. Pero no es así: Celina acaba de arrancar aquí —donde compite por el premio de la Semana de la Crítica (10 mil euros) y el León del Futuro a la opera prima (100 mil)— un tour internacional que la llevará en poco más de un mes también por Toronto, San Sebastián, Viena y Londres, en una gira por el calendario festivalero anual. “Trajimos unas valijas enormes”, dice Murga, que llegó justo antes de su primera proyección tras un viaje de dos aviones, un micro y un tren, junto con la productora Carolina Konstantinovsky, y su pareja —a la vez, coproductor, director, crítico y casi actor— Juan Villegas.
Dios y el Diablo en la Tierra del Sol
La quimera… es uno de esos documentales que bien pueden pasar como ficción. Se centra en la figura de un personaje, Eduardo Rossi, rugbier argentino que jugó en Toulouse, y que, al regresar al país, decidió radicarse en un pueblito formoseño y entrenar al primer equipo de rugby compuesto por indios tobas. La particularidad de Rossi es que es un hombre de pasado filo-nazi, obsesionado por las armas, la Segunda Guerra Mundial y con una técnica de entrenamiento casi militar.
¿Rossi accedió fácilmente a que lo filmes?
Sí, estaba encantado. El es un personaje muy fuerte, muy expresivo. Yo lo que quería era conservar esa mirada fascinada por cómo es el tipo, de ningún modo juzgarlo, celebrarlo o condenarlo.
¿Tenías algún tipo de hipótesis o pre-guión cuando te lanzaste a Formosa?
No había una hipótesis más que abrir las puertas a este mundo e investigar mientras filmábamos, tratando de que todo decante un poco, centrando todo cada vez más en el punto de vista de él.
El clímax del filme es un partido que el Aborigen Rugby Club juega con Los Pumitas, ¿eso surgió durante el rodaje?
La idea de ir a rodar empezó con ese partido. Filmamos tres semanas en Formosa, después volvimos a ir y filmamos otras tres. La última fue acá, con el partido.
¿Rossi realmente ayuda a la comunidad?
Yo siento que sí. Hace diez años que está allá trabajando con ellos. No tiene por qué ser su salvador. Jugó mucho tiempo en el mejor equipo de rugby del mundo en su tiempo. Podría haber vuelto a Buenos Aires y hacer otra cosa, pero ha dedicado su vida a ayudarlos, a darles un orgullo, una identidad. Se pueden discutir muchos de sus métodos, pero a mí sus contradicciones son lo que más me interesa: fascinado por la guerra, el jazz, el rugby y Bach. Es un verdadero personaje.
¿Te ves aquí peleando por un premio contra Von Trier, Sayles, Ruiz…?
Ni pienso en ganar un premio con la competencia que tengo. En realidad, te juro, estoy contento porque pude cumplir mi sueño de tener el otro dia una larga charla con Raúl Ruiz. Es un tipo muy interesante por su manera de romper las estructuras narrativas. Pero ganar, no lo veo…
La vida es un río tranquilo
Desde que ganó el Premio Especial del Jurado en el Festival Independiente de Buenos Aires, Murga ha estado tomando decisiones respecto a su película. Por un lado, pelear para que el filme, que había sido calificado dos veces como “sin interés” por el comité de calificación del INCAA, reciba finalmente algún apoyo oficial, lo cual parece estar “encaminado”, según la directora. Por otro, elegir a qué festivales llevar la película en cuestión, ya que tuvo muchos pedidos.
¿Cómo te hace sentir tanta demanda?
Lo más importante de todo es que, antes, la película tenía valor para nosotros y nadie más. Después que pasó por el BAFICI, y gracias a las invitaciones, empezamos a entender que ese valor era real.
¿Cuándo se podrá ver Ana… en los cines?
Todavía no sé nada de eso. Hay que arreglar muchas cosas, muchas deudas. Recién el año que viene, creo. Queremos venderla afuera también. En Europa, especialmente en Francia, hay mucho interés.
¿Cómo te ves vos en la competencia?
No, no quiero pensar mucho en eso. La que más miedo me da es la otra hija de Makhmalbaf (ver Celina…). Pero en realidad lo que me importa es que la película esté cuidada, que se vea bien.
¿Sabés que Mundo Grúa, de Pablo Trapero, comenzó su carrera internacional ganando en esa sección, no?
Sí, hasta los mismos de la Semana de la Crítica te la venden así. Muchas películas hicieron un buen recorrido a partir de pasar por ahí. Así que…
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