IÑAKI URLEZAGA: LA DANZA DE LA EMOCIÓN
Iñaki Urlezaga está en Buenos Aires desde hace cuatro días. Vino desde Londres, donde estaba ensayando con su compañía, el Royal Ballet, para bailar hoy, a las 20.30, y mañana, a las 17, en el Teatro Colón, junto a su compañía, el Ballet Concierto. El programa incluye “Pulsaciones”, coreografía de Vittorio Biaggi, con percusión en vivo a cargo de Luis Favero, y “El niño brujo”, creación del inglés Jack Carter, con música de Salcedo: estas obras pertenecen al repertorio del Ballet Estable del Colón y fueron repuestas por dos ex primeras figuras del elenco, Lidia Segni y Antonio Truyol, respectivamente. Además, por primera vez se verá aquí el pas de deux clásico “El talismán”, sobre una composición de Drigo y coreografía de Marius Petipa, y “Bolero de Ravel”, que Miguel Angel Elías creó especialmente para Iñaki y el Ballet. Las funciones tienen un carácter especial, ya que se realizan en homenaje a José Neglia, fallecido el 10 de octubre de 1971 en un trágico accidente, cuando la avioneta en la que viajaban él y un grupo de la plana mayor de la compañía de entonces se precipitó en las aguas del Río de la Plata.
“El niño brujo”, que fue un sello identificatorio de Neglia, ha sido para Iñaki una de las piezas que siempre anheló bailar. “Es una de esas obras por las cuales uno desea luchar para hacer, porque es magnífica. Está muy relacionada con el Colón y es una gran suerte que la hayan preservado. Por otro lado, luego de estar diez años en el Royal no había hecho aquí nada de un creador inglés. Se juntaron las dos cosas; toqué el cielo con las manos. Por otro lado, la veo muy «inglesa», por la teatralidad que tiene, algo así como lo que se traduce en las coreografías de MacMillan. Es muy dramática. No me parece complicada coreográficamente, por la naturalidad con que Carter desarrolló las escenas. Y es vigente, aunque haya sido hecha en 1952, porque cuando la miro en el video me doy cuenta de que la gente sigue coreografiando de igual manera, en el sentido del manejo psicológico de los personajes sobre un escenario. No hablo de la técnica o del estilo, que sí han cambiado.”
Continúa, entusiasmado: “Carter era muy musical y utilizó la composición de Salzedo dándole exactamente el carácter que quería para cada momento y los distintos papeles. Respecto del mío, lo que me explicó Truyol es que generalmente los espectadores pensaban que era un brujo”.
El tema mezcla lo mágico y lo misterioso con situaciones y personajes reales. Ese ser que da el título a la obra es parido por un hechicero pero es un niño. Tampoco su aspecto es el de un Quasimodo, porque si fuera así, la chica, Barbara Allen, que interpreta Caroline Queiroz, no se enamoraría de él y huiría aterrorizada al verlo. El niño tiene lo salvaje de la naturaleza en su forma pura; es humano y a la vez tiene algo mágico. De a poco comienza a descubrirse; se asusta al posar su mano sobre el pecho y sentir el latido del corazón; se asombra cuando mueve una pierna y luego otra y se da cuenta de que puede desplazarse; se mira las manos y reconoce partes de su cuerpo. Una sorpresa tras otra hasta que sobreviene la euforia, porque entiende la libertad que le permite su físico. Cuando Barbara lo ve, se le acerca suavemente, para que no le tenga miedo, que es lo que el niño percibe al comienzo. Pero cuando el dedo de ella toca su pulgar hasta tomar toda su mano y con gestos dulces y alegres participa de la vibración del chico, éste se calma y confía plenamente. Es un alma sin mácula y ella despierta en él sentimientos hondos y desconocidos.
Pas de deux atípico
“El talismán”, creación de Petipa, es un pas de deux que no sigue las reglas de los tradicionales, aunque este autor fue el más clásico entre los clásicos. La obra no se divide, como siempre, en el dúo del principio, variación masculina y femenina y coda final, sino que tiene una suerte de hilo argumental: el talismán (que personifica una mujer, en este caso, Gabriela Alberti, bailarina del Teatro Colón), es una piedra preciosa y codiciada, perdida en el espacio que el viento (Iñaki) ocultará con bruma y su fuerza luchará contra aquellos que deseen poseerla. También, entre el protector y la bella mujer habrá un amor sublimado, de modo que la obra está encarada en un simple guión.
“Creo que es una joyita olvidada de Petipa -opina Urlezaga de la pieza-. Tanto es así que cuando la hicimos en el Royal la compañía creía que era nueva, pero el autor la hizo para el Bolshoi en 1889. La historia es una fábula y la danza tiene gran bravura, con enormes saltos, giros imponentes, muy a la rusa. Es brillante técnicamente, en tanto que el dúo es lírico y con sutil romanticismo.”
-¿Qué opinás de José Neglia, aunque, por lo joven que sos, no pudiste verlo?
-La de él fue una época en la que los artistas en el teatro tenían un peso importantísimo. Creo que cuando ocurrió el accidente y murieron varios de los mejores bailarines, toda la sociedad lo sufrió y, sobre todo, la compañía. De alguna manera se quebró la tradición del ballet en el país. Después del accidente, el Colón no fue lo mismo; se produjo la pérdida irrecuperable de una época de oro, que no volvió. Antonio Truyol me dijo que Neglia tenía una intensa personalidad escénica. Además, hay un hecho notorio que se vincula con la obra que bailaré: el Ballet del Colón se presentó en el Concurso de París y él, por “El niño brujo”, ganó el premio Nijinsky, o sea, la medalla de oro del certamen. Fue el primer argentino en obtener un galardón internacional tan prestigioso. Mientras él vivió, nadie quiso bailar esa pieza, ni tampoco lo deseaba Carter.
Recuerdos de Rusia
Cuando regrese a Londres, Urlezaga seguirá con los ensayos de “La Bayadera” y de “Cuatro temperamentos”, de Balanchine. Lo que más hizo impacto en él fueron las actuaciones que ese elenco hizo en Rusia, en el Bolshoi, de Moscú, y el Kirov, de San Petersburgo.
“Quedé absolutamente impresionado por la grandeza del Bolshoi y la belleza intimista de ese teatro muy imperial, que es el Kirov. Pero me sobrecogió el primero, y ese público tan fervoroso como conocedor. Hacía veinte años que el Royal Ballet no iba a ese país, y todos estaban expectantes por vernos. Presentamos «El lago de los cisnes», en la versión que nosotros tenemos. Es el paradigma del ballet clásico y Petipa e Ivanov lo crearon, junto con el músico, Tchaikovsky, en Rusia. De modo que los críticos son muy incisivos respecto de que otra compañía lo baile allá. Nos preguntaron cómo íbamos con ese ejemplo de su escuela y estilo, de buena manera pero algo sorprendidos por tal desafío. Pero cuando nos vieron, nos ovacionaron. Desde entonces tuvimos lleno todos los días en ambas ciudades y mucha repercusión, porque veían un Royal distinto, con caras nuevas, gente joven y talentosa. Hubo excelentes comentarios y quedé fascinado, porque volvimos a conquistar a ese público siendo prácticamente ignotos, ya que pasaron dos generaciones desde la última vez. Son recuerdos inolvidables, ya que pisar los escenarios donde había realizado sus obras el más grande de los coreógrafos clásicos y saber que ésa fue cuna de arte y que allí habían actuado las estrellas de mayor magnitud desde los tiempos del romanticismo fue un shock que jamás olvidaré, como si hubiese estado en lugares sagrados.”
Unidos por el arte
El programa que Urlezaga bailará en el Colón comienza con “Pulsaciones”, que Lidia Segni repuso. Es una obra ideal para la presentación de toda una compañía, ya que aparecen todos siguiendo la rítmica de la percusión, que va in crescendo y aumenta la dificultad de la dinámica y la técnica, provocando fuerte impacto. Por la precisión que requiere tanto en los pasos como el tempo, aquí se puede ver la homogeneidad y energía de un elenco de ballet.
“Eso me importa muchísimo -dice el bailarín-. No me agrada solamente el hecho de salir para lucirme. Siento un enorme orgullo de que el Teatro Colón me haya dado la oportunidad de bailar «El niño brujo». Pero si bien los protagonistas somos Caroline y yo, me emociona que el teatro tuviera confianza para que otra compañía, la mía, lo interpretara, ya que esta pieza no la hizo nunca en su escenario otro elenco que no fuera el de la casa. Es una gran responsabilidad y me da idea de la evolución que hemos tenido, desde que fundé mi compañía. Por otro lado, haremos «Bolero de Ravel», que Miguel Angel Elías creó para el Ballet Concierto. Y estamos todos juntos entregándonos con el mismo impulso y entusiasmo. Creo que al público le desagrada ver a un bailarín como primera figura y cuerpo de baile que es sólo relleno. En eso hago hincapié; ya que mi alegría es que tanto pueda disfrutar y expresarme con mis máximas posibilidades como que ellos lo hagan del mismo modo. Somos un equipo en pro de difundir y entregarnos al arte. Es una de mis reglas, pero desde el corazón, porque es donde nace lo que uno quiere dar.”
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