INDEMNIZAN A UN PACIENTE POR LAS LESIONES SUFRIDAS EN UNA OPERACIÓN
Un cirujano y un hospital privado de la ciudad de Buenos Aires deberán pagar más de 123.000 pesos de indemnización a un hombre al que se le realizó, hace más de siete años, un implante para curarle la sordera, provocándole una lesión neurológica con secuelas irreparables. Así lo resolvió la Sala G de la Cámara Nacional de Apelaciones en lo Civil al condenar al médico José Schwartzman, al Hospital Británico y a dos compañías aseguradoras a indemnizar al paciente -cuya identidad no se suministró- por los resultados de la operación que se le realizó el 2 de diciembre de 1998.
Fuentes judiciales indicaron esta mañana a la agencia Télam que la sentencia -que revocó una de primera instancia que rechazaba el reclamo- fue firmada por los camaristas Omar Jesús Cancela, Carlos Belluci y Leopoldo Montes de Oca quienes recrearon mediante testimonios y pericias los padecimientos sufridos por el paciente.
Los magistrados señalaron que “la obligación de los profesionales de la medicina, constituye un deber de ‘actividad’, de obrar con la debida diligencia en vista del objetivo de la curación del paciente”. Citando jurisprudencia de la Cámara, los jueces señalaron que “el médico está obligado a brindar o prescribir al enfermo los cuidados o tratamientos que su dolencia requiere, según el estado actual de la ciencia médica, obrando con diligencia y prudencia sobre la base de las reglas de la medicina”.
Respecto de la responsabilidad jurídica del centro asistencial, los jueces dijeron que tiene “el deber de prestar una adecuada asistencia médica y es, en verdad, el correlato del beneficio económico que obtienen de tal activividad las entidades privadas, como la aquí demandada”.
Los magistrados reconocieron que la hipoacusia que padecía el paciente “hacía aconsejable el implante quirúrgico recomendado” y agregaron que “pareciera que la técnica operatoria fue adecuada e impecable” ya que “nada impedía u obstaba al procedimiento quirúrgico intentado”.
Los jueces señalaron que si bien no existen elementos “certeros e inequívocos” que permitan determinar que el hombre sufrió la lesión debido a la operación o a la técnica quirúrgica empleada, aclararon que “tampoco existen pruebas que descarten toda posibilidad de que durante el acto quirúrgico se haya efectuado una maniobra que provocara el desenlace”.
“Lo único cierto y concreto es que el actor, al ingresar al quirófano gozaba de un determinado estado de salud … y al despertar después de la operacioón, presentaba un episodio de excitación psicomotriz que ulteriormente parece haber derivado en un daño cerebral consolidado”, enfatizaron.
Como las “graves secuelas padecidas no aparecen explicadas de ninguna manera, salvo por la sola existencia de una intervención quirúrgica inmediatamente anterior” los camaristas llegaron a la conclusión que hubo un “nexo adecuado de causalidad” entre la operación y la lesión posterior.
Al momento de graduar el monto indemnizatorio los jueces recordaron que el paciente, aún pese a su hipoacusia, tenía una actividad normal y que “no hay manera de desconocer que su vida y proyectos cambiaron de manera radical y absoluta” luego de la operación.
Este contenido no está abierto a comentarios

