INDEPENDIENTE LE ARRUINÓ LA TARDE A BOCA
Hubo una jugada que, sin dudas, condicionó el trámite del partido. Se jugaban cinco minutos del primer tiempo y Castillo fue a trabar una pelota con Cascini. Los dos quedaron en el piso, el colombiano levantó su pierna (sin tocar al volante de Boca) y el árbitro lo expulsó mal. No alcanzaron las quejas para torcer el fallo: Baldassi sacó la roja.
Independiente, entonces, con diez jugadores en la cancha no tuvo más remedio que dar un paso atrás. Retrocedió y se expuso a la presión de Boca, que con poco se fue hacia adelante y empezó a merodear el área de Navarro Montoya. Igual, le costó general peligro. Tevez, el más claro de todos, jugaba muy solo, sin que Cangele se le pegara.
Pero a los 25 minutos llegó el primer grito. Tevez encaró decidido por la derecha, encontró un espacio y sacó el derechazo cruzado. Navarro Montoya y los centrales la vieron pasar. En el segundo palo, sin marcas, Cardozo se la llevó por delante y la metió. Gol y otra vez quejas de los jugadores locales, quienes pedían que había mano del hombre de Boca. Baldassi miró al línea, no no hubo ninguna seña y entonces sancionó el gol.
Con el amor propio herido y su gente a grito limpio, Independiente salió disparado hacia adelante. Fue y fue, sobre la derecha sobre todo, donde Boca no hacía pie defensivamente. Dudaba entre salir o quedarse y terminaba pagando siempre. Insúa y su zurda abrieron el camino para los de Bertoni. Justamente, el volante ejecutó un tiro libre perfecto, en comba por afuera de la barrera, y obligó a que Abbondanzieri volara de palo a palo para evitar el empate. Un dato, apenas, que refleja lo que hizo uno y otro en ese primer tiempo. Los locales, pese a ir perdiendo, se fueron aplaudidos por su gente. ¿Boca? En medio de la indiferencia, aún con el uno a cero parcial en el bolsillo.
Vaya sorpresa: Independiente salió a atacar en el segundo tiempo. Y tuvo su merecido premio. Al minuto, apenas, el Pocho Insua entró al área con sus movimientos de bailarín clásico y cuando le salió el arquero definió como un estilista. Aplauso, medalla y beso. Locura de los hinchas.
Boca, con diez vale recordar, entró en un cúmulo de nervios. Tiro pelotazos y su confusión fue total. A los once minutos, Martínez encaró pegado a la raya. Una jugada común y corriente, sin peligro. Cagna, increíblemente, lo fue a buscar y se lo llevó puesto. Lógica pura: roja y complicó a Boca.
Emoción pura, a partir de ahí. Insua, la figura de la cancha, las pedía todas. Y desequilibraba. En un enganche fenomenal dentro del área, dejó parado a Alvarez, que de atrás lo tocó. Claro penal e Insua convirtió.
Boca, impotente, se fue para arriba y casi lo empata con un cabezazo de Traverso que se estrelló en el travesaño.
En el final, Boca fue puro nervio. Buscó en forma desordenada, sin ideas, y a los ponchazos. No hubo caso, perdió y agigantó los interrogantes sobre su presente.
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