Inés Estévez y la conmovedora historia de una de sus hijas
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En el Día de la Concientización sobre el Autismo, la actriz contó a través de una carta su valiente lucha.
En 2011 la actriz adoptó junto a Fabián Vena a las hermanitas Cielo y Vida. Si bien en 2013 se separó del actor tras nueve años de matrimonio, Inés comparte con Fabián la crianza de sus hijas mientras recibe el apoyo incondicional de su novio, el músico Javier Malosetti.
En una carta a corazón abierto, Inés Estévez (51) habló por primera vez de la gran lucha que atraviesa con una de sus hijas –no especificó si se trataba de Cielo o de Vida–, que adoptó en 2011 con Fabián Vena (47). El pasado 2 de abril, en el marco del Día de la Concientización sobre el Autismo, la actriz, que no suele hablar de su vida privada, reveló en su cuenta de Facebook y Twitter que una de ellas padece una “condición madurativa muy compleja”. Así, buscó aportar su granito de arena para concientizar sobre la inclusión: “Me está matando un poco aquello de ‘no digas autista, es una persona con autismo’. Equivale a decir ‘no digas actriz, es una persona que actúa’, o ‘no digas mujer, es una persona con vagina’. Aclaro que tengo una hija que no es autista, pero tiene una condición madurativa tan compleja como eso. Quizá mayor, porque es inclasificable. Es decir, no hay manual que acompañe el caso. Desde este conocimiento del asunto, me desespera cuando escucho ‘no son indígenas, llamémoslos pueblos originarios’ mientras los cagan a palos en el Impenetrable; o cuando dicen ‘no tienen una incapacidad, sino capacidades diferentes’. Mierda, todos tenemos capacidades diferentes. Todos somos diferentes. Mi hija tiene la incapacidad de hablar y está por cumplir 6 años, es incapaz de comer, hacer pis, beber, taparse y destaparse en la cama o sacarse los zapatos por sí sola. No puede decirnos cuándo tiene hambre o frío o si le duele algo. Somos tremendos necios si no aceptamos que tiene una incapacidad. Ahora resulta que no se dice. Pero si no fuera por el Jardín de los Cerezos, ella no podría haber ingresado en una institución educativa común porque tenía 3 años y medio y no caminaba ni hablaba ni sabíamos cuánto comprendía. Y le hizo y le hace genial interactuar con chicos que no tienen incapacidad”.
“No se dice ‘discapacitado’, pero tres colegios especiales diseñados para chicos ‘con capacidades diferentes’ la rebotaron porque no entraba en ninguna de las patologías que allí se manejaban: no es hipoacúsica, no es autista, no tiene parálisis cerebral, no tiene TGD…En fin. Dejémonos de joder. Seamos compasivos, no utilicemos denominaciones a manera de insultos, no estigmaticemos. Pero más allá de apoyar las proclamas para llamarlos de un modo adecuado, hay que ocuparse de lo que vale: reconocer esas minorías, aceptarlas, incluirlas”.
“Aquello de ‘ese nene tiene problemas, no lo mires que se va a sentir incómodo’… Craso error. Miralo, tocalo, acercate, interactuá. Para él, vos también sos raro. Si le gritás va a llorar, si lo acariciás te va a dar un beso, si le hacés un chiste se va a reír, y si querés –y él también quiere– pueden jugar juntos un rato. ‘Es un chico igual a todos’ es mentira. No es igual. Nadie es igual a nadie. La verdadera igualdad presupone el reconocimiento de las diferencias. Incluí. Compartí. Observá. Comprendé”..
Fuente: Revista ¡Hola!
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