INFIERNO: INDEPENDIENTE NO SALE DE LA CRISIS
A veces no se quiere. A veces, no se puede. Entre estas dos razones habrá que encontrale la explicación al desteñido partido entre Independiente y Vélez jugado anoche, en Avellaneda, en el cierre de la duodécima fecha del torneo Apertura. Y, si bien el equipo de Liniers se llevó una victoria por 1 a 0 que casi no buscó, lo más saliente de la lluviosa noche fue la confirmación -por si hacía falta- del pésimo momento del Rojo, que sumó la quinta derrota consecutiva en el certamen.
El encuentro no fue bueno. Así de claro. Es inútil darle vueltas a algo que no las tiene. Porque Independiente, más allá de insinuar una tenue mejoría respecto de sus últimas y deficitarias actuaciones, sigue envuelto en un cono de confusión y de falta de recursos. Se le opuso un Vélez a tono: sin ambiciones, mayormente resguardado en su campo con la armadura puesta y apenas soltándoles la soga en ataque al potente Rolando Zárate.
Así y todo, entre errores y arrebatos, algunas jugadas de peligro permitieron digerir un poco mejor el desarrollo, sobre todo en el primer tiempo. El Rojo mostró algo más de orden y velocidad en la mitad de la cancha, a partir de la frescura aportada por el joven Hernán Losada y del acompañamiento, algo inconstante, de Leonel Ríos. El que desperdició todas las oportunidades fue Cristian Zurita: no pudo definir de primera a los 22 minutos, Sebastián Peratta le tapó un dispaero en el borde del área chica (Mariano Uglessich sacó luego la pelota en la línea tras un remate de Hernán Franco) y finalmente Uglessich lo trabó antes de patear a los 44.
Independiente sufrió también con algunas distracciones defensivas, algo que no puede solucionar, sobre todo por el lado de Félix Benito y Franco. Por eso, Vélez, que prefirió cederle la iniciativa al conjunto local, se arrimó con dos llegadas de Zárate, una a los 9 (tapó Damián Albil) y la otra a los 43 (desviada por Lucas Molina, reemplazante de Albil, lesionado en el hombro izquierdo a los 28 minutos).
Fue en la segunda etapa cuando llegó el desequilibrio del marcador, en el mismo contexto mencionado. A los 9, Santiago Ladino envió un centro perfecto para que la figura del partido (por despliegue y voluntad), Leandro Somoza, aprovechara un nuevo descuido del fondo de Independiente para establecer una ventaja que sería definitiva.
Con una enorme dosis de lógica, los locales arremetieron contra el arco defendido por Peratta, quien, si bien hasta ese momento había tenido una regular actuación, tuvo un par de intervenciones que le permitieron a su equipo sostener el triunfo.
Una vez más, Zurita se perdió un gol hecho, muy cerca de la línea de meta, y Bruno Marioni también desperdició una chance.
El final fue de terror, con el cielo y los hinchas, unidos en la descarga de ira. El reclamo, para los jugadores de Independiente, exigía poner más esfuerzo (aunque en un idioma más futbolero) y ganarle a Boca el clásico por disputarse pasado mañana, en la Bombonera. El Rojo estiró un momento negro.
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