INGLATERRA LO GANÓ EN EL FINAL Y SE CLASIFICÓ
Inglaterra enfrentaba a Trinidad y Tobago en Nuremberg por la segunda fecha del Grupo B del Mundial. El equipo que dirige Sven-Goran Eriksson llegaba entonado luego del debut con triunfo (1-0) sobre Paraguay. Si bien el funcionamiento en ese encuentro no fue el ideal, el seleccionado inglés pudo sacarse de encima a un duro rival y ahora esperaba volver a sumar de a tres para asegurarse un lugar en los octavos de final. Claro que no podría contar con Gary Neville, lesionado, aunque Wayne Rooney, recuperado de su lesión, podía llegar a tener algunos minutos en cancha.
Enfrente, Trinidad y Tobago, que venía de sacar un empate histórico ante Suecia, en su primer partido en una Copa del Mundo. El objetivo para los dirigidos por Beenhakker era dar una nueva sorpresa, esta vez frente a una potencia mundial.
Inglaterra arrancó mejor: parado en campo contrario y tratando de demostrar de movida que tenía buenos argumentos para llevarse el triunfo. A los 6, Lampard probó desde afuera, pero el arquero Hislop, héroe en el debut, resolvió con seguridad. ¿Trinidad y Tobago? Esperaba demasiado atrás, apostando sólo a un contra con John, su único punta.
Llegando al primer cuarto de hora, el dominio inglés ya era absoluto. Sin embargo, la buena pegada de Beckham y los 2,02 metros de altura de Crouch eran una tentación que llevaba al equipo de Eriksson a repetir esa fórmula hasta el hartazgo. Así fue como los caribeños ajustaron tuercas en defensa y, de a poco, empezaron a hacer pie en el partido. Es más, estuvieron a punto de abrir el marcador a los 35, cuando Robinson falló en un corner y el cabezazo de John salió pegado al palo. La cara de Eriksson, en el banco, lo decía todo: Trinidad y Tobago era cosa seria.
Sobre el cierre de la primera etapa, Inglaterra tuvo dos buenas chances para marcar. Primero, Lampard definió por arriba del travesaño y enseguida fue Crouch quien demostró que le sobran centímetros pero le falta calidad. El delantero del Liverpool quedó solo en el área chica y le pegó tan mal que la pelota estuvo cerca de salir por el lateral. Los de Beenhakker contestaron por arriba y Terry tuvo que esforzarse mucho para rechazar sobre la línea.
Nada cambió en el inicio del segundo tiempo. Los europeos no tenían ideas, mientras que el equipo caribeño era puro sacrificio y se apoyaba en la incansable labor de Dwight Yorke, quien aparecía por derecha y por izquierda cortando y distribuyendo el juego. Con ese panorama, Eriksson decidió apostar fuerte: sacó a Owen y Carragher, y puso a Rooney y Lennon. Se la jugó el DT inglés, pensando en los tres puntos.
Inglaterra se adelantó con todo y el partido entregó unos 20 minutos finales a pura emoción. Lampard, Crouch, Lennon, todos probaban pero no lograban quebrar la resistencia de Hislop. Mientras, el moreno Glenn –quien ingresó por John– quedaba mano a mano con los defensores rivales y estuvo a punto de ponerle un moño a la tarde soñada de los triniteños.
Parecía que todo terminaba 0-0, pero Beckham mandó un preciso centro desde la derecha y Crouch le ganó de arriba a Sancho para lograr un gol importantísimo para su equipo y desatar la locura entre los hinchas ingleses que dijeron presente en Nuremberg. Trinidad y Tobago sólo pudo aguantar hasta los 37 del complemento. Luego, ya en tiempo cumplido, Gerrard sacó un soberbio remate desde afuera que se clavó en el arco de los caribeños. Era 2-0 e historia resuelta.
Llegó el final e Inglaterra pudo festejar un triunfo que por agónico no dejó de ser merecido. Ahora el equipo de Eriksson afrontará el compromiso ante Suecia con la tranquilidad de saberse clasificado a octavos de final.
Párrafo aparte para la gran actuación de los triniteños, que lograron suplir las falencias técnicas de su plantel y le jugaron de igual a igual a un conjunto lleno de figuras. Leo Beenhakker, técnico de los caribeños, mucho tuvo que ver en esta más que digna actuación de su equipo.
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