INHUMARON LOS RESTOS DEL REMISERO ASESINADO
Durante el fin de semana, se conoció la noticia de la muerte de Julio César Ponce, el remisero que recibió un disparo en la nuca tras un asalto en Iturraspe y Av. Perón. Ponce tenía 42 años y era chofer de remises de la empresa Lourdes, y luchó durante tres días por su vida en el hospital Cullen.
Los restos de Ponce fueron velados en 25 de mayo al 2800 y fueron trasladados al cementerio municipal, acompañados por un cortejo fúnebre colmado de compañeros y choferes de remises, que intentaron fallidamente pasar por el frente de la casa del gobernador de la provincia, Jorge Obeid.
LAS HIPÓTESIS
La hipótesis de asalto en el caso Ponce resultó ser las más acertada. La investigación realizada por las TOE y División Homicidios, así lo demuestra. El remisero fue blanco de una maniobra urdida en el seno de un clan familiar. Un mayor planeó el golpe, su compañera y dos hermanastros, lo ejecutaron.
Los protagonistas del atraco que dejó a Ponce herido de muerte están detenidos. Mientras el chofer agonizaba en hospital público la policía cayó sobre la banda. Dos de los buscados fueron capturados en nuestra ciudad y los restantes en Santo Tomé. Testimonios y un zapato perdido en la precipitada fuga orientaron la pesquisa.
Los cuatro involucrados en el grave suceso forman parte de un siniestro clan familiar. Todos, excepto la mujer, tienen antecedentes por delitos contra la propiedad y las personas.
Uno de ellos fue detenido e investigado por un atentado, pero logró zafar. No tuvo esa suerte un hermano suyo, quien terminó preso por quemar un colectivo. Por aquel acto mafioso de 2001 un pasajero murió y otro sufrió graves quemaduras.
Palermo, Chevy, Sandra y Pichuli fueron detenidos por las Tropas Especiales. Se sospecha que el primero instruyó a Sandra para que con su bebé en brazos, tomara el remís. También sería éste quien puso un revólver en manos de Pichuli, un menor de 17 años de edad. Después, en la escena del crimen, Palermo en compañía de Chevy, habría secundado a Pichuli.
LOS HECHOS
Todo indica que Sandra tomó el remís ante la base de la empresa Lourdes. La joven mujer que cargaba con un bebé, no despertó sospecha al chofer Ponce. Ella le pidió que la llevara a la avenida Perón al 4200 y así lo hizo el desprevenido remisero.
Luego, Ponce estacionaba el coche en la dársena cuando Pichuli lo encañonó. El hombre, intentó escapar de la encerrona y pisó el acelerador, pero entonces sonó el disparo.
El automóvil de Ponce, fuera de control, terminó trepado al cantero central. Entretanto, Sandra había saltado con el niño cuando el vehículo se ponía en marcha. La precipitada fuga explicaría la pérdida del zapato que delataría su presencia en el lugar del hecho. Por fin, el grupo habría de escapar a la carrera por calle Córdoba, internándose en Barranquitas Oeste.
El zapato que calzaría a la perfección en el pie de la mujer sería una prueba irrefutable. A esto se sumarían los dichos de varios testigos, también la confesión de Pichuli.
LA CAÍDA
Los cuatro delincuentes que tras el cruento asalto abandonaron su casa de calle Córdoba al 4000, fueron sorprendidos por la policía en barrio San José y Santo Tomé. Los primeros cayeron en la vía pública, los otros, en una vivienda de calle Salta al 2600.
Pichuli sería un chico de 17 años estragado por las drogas y el alcohol. El presunto autor del disparo que dio en la nuca de Ponce, tendría una o dos entradas por asalto a mano armada. Chevy tiene por antecedentes una tentativa de homicidio, lesiones, atentado y resistencia a la autoridad. También en 2001 fue investigado por el atentado contra el colectivo de la Línea 4. Palermo, el mayor del grupo y compañero de Sandra, también contaría con un abultado historial delictivo.
Ahora, mientras el estado de Julio César Ponce seguía sin variantes -muerte cerebral dijeron sus propios familiares-, pesaba sobre los detenidos el cargo de “tentativa de homicidio”. Todos ellos fueron puestos a disposición de la justicia y se estima que el lunes serán llevados a Tribunales.
Finalmente, los compañeros de tareas del infortunado Ponce, también los choferes de otras empresas, reclamaron ayer por más seguridad en las calles de la ciudad. En especial, pidieron que los chequeos policiales se practiquen cuando llevan pasajeros y no cuando van solos al volante.
Se sabe ahora que Jefatura instruyó a su personal para que evite ese proceder y se invite a los pasajeros a descender del vehículo toda vez que se realice una inspección. A todo esto, habrá que ver cómo toman esta medida los usuarios y de taxis y remises.
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