INICIATIVA PARA RESTITUIR LOS NIÑOS EN SITUACIÓN DE CALLE A LA SOCIEDAD
Maltrato, abuso, abandono, descuido, desamparo no son sólo palabras que tienen una crueldad intrínseca y suenan mal desde que son pronunciadas. Para muchos niños que deambulan en las calles santafesinas suenan peor porque se trata de cuestiones cotidianas, de vivencias casi constantes.
Son una consecuencia más de la situación de vulnerabilidad que viven, en la que no falta -por ese mismo motivo- el consumo de sustancias prohibidas para su edad (tabaco, alcohol, pegamento, entre otras) o la comisión de delitos, aunque no son los problemas centrales.
“Estos chicos todavía son víctimas de esa situación y no victimarios”, aseguraron los integrantes del equipo de infancia de la Dirección de Salud Mental de la provincia que -desde febrero- asisten a alrededor de 20 chicos de hasta 14 ó 15 años en situación de calle, para intentar dar una respuesta a esos problemas.
Cabe mencionar que esta iniciativa había sido anunciada por el director de Salud Mental de la provincia, Dr. Gustavo Castagno, hacía más de un año, pero las actividades recién se iniciaron en 2006.
Los chicos -que no están alojados en instituciones o estuvieron en algún momento y ahora están en situación de calle- provienen de barrios periféricos de la ciudad, como Yapeyú, San Agustín, Barranquitas, Loyola, Las Lomas, el cordón oeste (que estuvo afectado por la inundación), que se encuentran en la zona de la Terminal de Ómnibus o la Plaza España.
En general, son chicos con lazos familiares sumamente deteriorados o, en algunos casos, inexistentes. Por eso, el equipo (integrado por psicólogas, un médico generalista y una psiquiatra especializada en infancia, entre otros profesionales) propone un trabajo interdisciplinario e intersectorial para intentar restituirlo cuando es posible o suplirlo con diferentes estrategias, que tienen que ver con lo social y lo comunitario.
“La propuesta es restituir a estos niños al interior de la sociedad, de donde -aparentemente- han quedado expulsados. Cuando la sociedad ve a un niño en situación de calle no lo considera como tal sino como algo peligroso, a veces como una amenaza, cuando en realidad se trata de un niño que atraviesa una circunstancia de extrema vulnerabilidad y fragilidad. Nuestra idea es que volvamos a ver al niño que es”, explicaron.
Pero insistieron en asegurar que “no podemos pensar un niño si no hay un otro que lo cuide, una escuela, un taller, una institución, aunque no sea la familia. No los podemos pensar por fuera de la sociedad, que debe estar abierta a esta inclusión”.
RECONSTRUIR LAZOS SOCIALES
La actividad se realiza desde esa dirección del Ministerio de Salud y en coordinación con la Secretaría de Promoción Comunitaria y la Dirección del Menor. También la articulan con los equipos técnicos que trabajan en los barrios en Atención Primaria de la Salud (APS), algunos de los cuales dependen de la Dirección de Salud Mental, para poder incluir a las familias de estos chicos en su asistencia, por más desmembrada que esté.
El equipo trabaja con los chicos que se encuentran en las instituciones que dependen de Promoción Comunitaria (como la Casa Albergue, en Ituzaingó al 1800, o el Centro de Admisión, en San José y Zazpe), la guardia y el Servicio de Adolescencia del Hospital de Niños Alassia, la guardia del Mira y López y Asuntos Juveniles.
“Estos son los lugares de donde surgen los pedidos o los primeros contactos para que nosotros podamos llegar a los chicos. Cuando nos encontramos tenemos que construir el lazo. Las respuestas tienen que ver con cada caso en particular, ya que las situaciones han sido distintas en cada uno. Por eso se piensa una estrategia para cada niño”, mencionaron.
El trabajo del equipo de infancia consiste en conseguir que los chicos construyen o reconstruyan un vínculo, de donde pueda sostenerse, tolerar la realidad que lo atraviesa y también poder incluirse. Los acompañan para que puedan tomar un lugar en la sociedad donde poder estar incluidos: el sistema de salud, la escuela, una institución que los pueda alojar para vivir, en su propia familia (en el mejor de los casos, si la hubiere), en otras actividades, etc.. Pero este proceso -aclararon- lleva mucho tiempo porque a veces el trabajo es muy lento, aunque pueda o no ser posible realizarlo.
BUENAS PERSPECTIVAS
Los profesionales concluyeron -a cuatro meses de iniciada esta tarea- que lo trabajado hasta el momento está dando sus frutos porque -en general- la respuesta por parte de los chicos es muy buena y se han podido establecer los contactos necesarios.
Aseguraron que “se entablan relaciones de mucho afecto y contacto. Los chicos esperan el encuentro, que se organiza con la frecuencia que el caso necesite. Notamos un fortalecimiento mayor entre el equipo y los chicos a medida que transcurre el tiempo y le damos continuidad al caso. Primero nos dicen tío o tía pero después empiezan a llamarnos con nuestros nombres propios; nos reclaman si se acordó un horario y llegamos más tarde. A medida que nos relacionamos más, la demanda es más personalizada, como un indicador del fortalecimiento del lazo y del trabajo”.
Pero todavía falta terminar de definir algunas cuestiones en este trabajo de asistencia de estos chicos en situación de calle. Una de ellas refiere a dar respuesta a las complicaciones en la salud que éstos puedan tener por consumo de sustancias tóxicas.
CUESTIONES PENDIENTES
Mencionaron que en los hospitales Alassia y Mira y López pretenden crear dispositivos en este sentido, pero que “todavía están incipientes como para dar respuesta integral a las situaciones de salud que se van presentando en estos chicos”.
También plantearon que “la posibilidad de inclusión de estos chicos en el medio educativo -que se ha conseguido en algunos casos, gracias al acompañamiento de nuestros profesionales, mientras que otros se incorporaron a talleres- nos va presentando nuevas preguntas. En el sistema formal tuvimos reuniones con algunas instituciones donde nos plantearon quiénes se irían a constituir como padre, madre o tutor de los chicos, para encarar diferentes situaciones. En algunos casos esto no está, de manera que se abren nuevas discusiones. No venimos a suplir este lugar sino que estamos intentando hacer un trabajo para que todos pensemos cómo volver a incluirlos”.
CONSUMO PERO NO ADICCIÓN
Entre los problemas que son advertidos en estos niños y adolescentes en situación de calle, los profesionales del equipo de infancia de Salud Mental advirtieron que “fundamentalmente hay cuestiones de consumo de sustancias, que ellos realizan para suplir algo. No nos encontramos en general con problemáticas severas, en tanto son niños que se valen por sí mismos, con muchos recursos, pese a su fragilidad”.
Plantearon que “cuando necesitamos una respuesta de mayor complejidad hemos intentado darla en el hospital Mira y López. Cuando estuvo comprometida la situación de consumo (en abstinencia o intoxicación), acompañamos al niño al hospital durante la internación hasta que pudiera salir de esa situación con un tratamiento médico acorde a su situación clínica. Fueron intervenciones puntuales (dos chicos) en situaciones muy críticas”.
Aseguraron que “este problema se intenta resolver con lo que hay, ya que todavía no se ha implementado el proyecto que el Dr. Gustavo Castagno había hablado en aquel momento, de la posibilidad de organizar un centro de día, con internación para adictos. Es algo que se continúa gestionando y tenemos intención de hacerlo desde el Ministerio de Salud”.
Por otra parte, explicaron que “este tema del consumo se trabaja de manera individual para que algo se movilice en estos chicos y puedan acceder a un tratamiento, de manera que no se dé en forma compulsiva ni como imposición. Ellos entienden que debe haber algo de su decisión en juego”.
En relación con las sustancias que se consumen, los profesionales aseguraron que se trata de cigarrillo, pegamento y marihuana, fundamentalmente, pero también hay casos de alcoholismo, todos desde muy temprana edad. Agregaron que “muchos familiares directos de los chicos tienen problemas de alcoholismo crónico, con dependencia”.
Por último, aclararon que “el consumo a pegamento indica algo: que no es tanta la gravedad de la adicción (como en el caso de la cocaína u otro tipo de sustancias) y tienen que ver más con situaciones sociales, de exclusión y de extrema vulnerabilidad. Si rápidamente se intenta generar un trabajo podrían correrse del consumo, lo que no ocurre si estamos hablando de un consumo a sustancias mucho más peligrosas y adictivas, como la cocaína, el LSD, lo que no sucede en esta población”.
EL EQUIPO
Los profesionales que integran el equipo de infancia que lleva adelante este trabajo con chicos en situación de calle -que está coordinado por la Lic. Marcela Herrera- son los siguientes: Silvana Fabbri, paidopsiquiatra; Sebastián Calvet, médico generalista; y Cecilia Bonnín y Silvina Carmona, psicólogas.
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