Inseguridad en Rosario: una escuela sufrió cinco robos en cinco días
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Para evitar que los ladrones la sigan desmantelando el establecimiento, los docentes y los padres se llevaron los ventiladores a sus casas.
La Escuela Nº 1.396 del barrio Santa Lucía puede escribir un triste récord: entre el jueves y el lunes pasado tuvo cinco robos, uno por cada día; si la cuenta arranca el lunes se suma uno más, seis en una semana. Los atracos, que se concretaron durante la noche, tuvieron como botín seis ventiladores, un televisor, una pava eléctrica y un par de rejas; además de dejar inutilizadas las cerraduras de la mayoría de las puertas de los salones. Para resguardar lo que quedó de nuevas pérdidas, los maestros junto a los padres de los alumnos retiraron los ventiladores y se los llevaron a sus casas, lo mismo hicieron con otro televisor y con los instrumentos musicales. Mañana, a las 10.30, realizarán también un abrazo a la escuela para reclamar una custodia policial permanente para el establecimiento.
“Nos da mucha tristeza y mucha impotencia, pero no encontramos otra solución”, explica una de las docentes que ayer compartía la mesa de la sala de maestros con sus colegas y pintaba los carteles de cartulina que llevarán a la movilización. Los textos eran contundentes: “Nos están desvalijando la escuela primaria”, advertían e invitaban a cuidar las escuelas porque “son de los niños y niñas del barrio”.
El sol del mediodía pega fuerte en el patio sin árboles de la única escuela primaria de Riobamba al 7600, en la zona oeste de la ciudad. Antes de cruzar el portón del colegio hay que saltar los charcos que el chaparrón del lunes dejó en las calles de tierra. Los pibes que los cruzan van directo al comedor, centro neurálgico de la escuela después de la finalización del período escolar. La mayoría de los 250 alumnos sigue almorzando en la escuela durante el verano.
“Santa Lucía siempre fue un barrio pobre”, señala una maestra que lleva más de diez años en la escuela, pero en los últimos años los problemas sociales se acrecentaron muchísimo. “El Estado construyó este barrio en el 2000, los padres de los alumnos ayudaron a construir la escuela, pusieron ladrillo por ladrillo. Pero el neoliberalismo hizo estragos en estas poblaciones. Son varias generaciones de pibes criados en hogares de desocupados y el individualismo y el sálvese quien pueda es la norma”, reflexiona.
En ese escenario, “los chicos no tienen muchas alternativas y esperanzas”, suma un colega y advierte que “la escuela es una gran caja de resonancia del malestar social que existe en el barrio”.
Mala fama
El Santa es uno de esos barrios de la ciudad con mala fama. Territorio considerado caliente en las crónicas policiales que hablan de crímenes marcados por peleas entre bandas. Los maestros de la Escuela Nº 1.396 dicen que no es la primera vez que la escuela sufre robos, pero marcan una diferencia con la seguidilla de este fin de semana.
“Antes teníamos situaciones con chicos enojados que entraban a las aulas y abrían los armarios y tiraban las cosas. Pero en estos últimos sólo se llevaron las cosas que se pueden vender, como ventiladores o televisores, electrodomésticos que no tienen mucho valor pero que son la única cuota de confort que podemos ofrecerles a los chicos”, advierte una maestra. “Da mucha impotencia, porque conseguir estos recursos nos cuesta mucho y cada vez tenemos menos”, suma otra.
La escuela tiene una cooperadora formada por docentes y padres de los alumnos, pero la cuota es mínima y pocos la pagan. A veces son los mismos maestros quienes ayudan a reponer lo perdido, donan guitarras o llegan a clases con hojas de dibujo, témperas y pinceles, porque las cartucheras de los chicos “vienen vacías”.
También trabajan el doble para preservar el equipamiento escolar. Esta semana, después de terminadas las clases, se encargaron de retirar ventiladores de las aulas y el televisor de la biblioteca y los llevaron a su casa para guardarlos durante el receso.
Desamparada
“La escuela tiene alarma en un sector, rejas, cadenas y candados; pero está muy abierta y de noche queda muy desamparada”, considera una maestra y señala que con el mismo problema lidian todos los vecinos del barrio.
Un destacamento policial permanece fijo en el puente que pasa por debajo de Circunvalación, en uno de los accesos al barrio, pero después de las 18 no cuenta con personal. Hasta la reforma de las comisarías propuesta durante la gestión de Maximiliano Pullaro en Seguridad, recuerdan los maestros, Santa Lucía dependía de sub 22, después pasó a jurisdicción de la 32, ambas quedan a varios kilómetros del barrio.
Por eso, en la marcha de mañana, los docentes pedirán que se designe una custodia policial permanente para la escuela en horario nocturno. En el reclamo estarán acompañadas por padres y trabajadores de otras escuelas e instituciones del barrio.
“No es la solución que más nos gusta”, apunta otra maestra. Pero considera que “es necesaria hasta tanto se resuelvan las situaciones estructurales del barrio que hacen que la delincuencia pueda parecer como una forma de vida. Y eso se resuelve con más educación y con más posibilidades”, remata.
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