INSÓLITO: ARROJA 50.000 DÓLARES A LA BASURA Y LOS ENCUENTRA UN CARTONERO
Es un caso insólito que generó una chispeante polémica y alteró la tranquilidad de Oliva, a 94 kilómetros de la ciudad de Córdoba.
Como la víctima del supuesto despojo reclama ahora la devolución del dinero, la curiosa situación llegó a los tribunales de la ciudad. Todo comenzó cuando Macoy de Aguirre, una mujer de 70 años y buena posición económica, le pidió a su doméstica que limpiara un desván de su casa, sin recordar que hace un tiempo había escondido allí los 50 mil dólares.
La empleada, con esmero y dedicación arrojó a la basura todo lo que le pereció desechable, incluyendo una caja con el dinero. De hecho, en ningún momento sospecho que contenía algo de valor, ni se molestó en abrirlo. Paulo encontró los dólares y, sin preguntar demasiado, los administró con tacto de ejecutivo moderno: se compró una casa humilde, dos autos usados y, con el resto, se puso un quiosco.
Su buena fortuna no tardó en difundirse por la pequeña ciudad. Entre chisme y chisme, Macoy de Aguirre se dio cuenta a donde habían ido a parar sus ahorros. Inmediatamente presentó una denuncia judicial.
Esta mañana habló por radio Universidad de Córdoba Mariano Ludueña, abogado del ex cartonero. Su primer planteo fue que Altamirano “no robó, no hurtó, ni la asaltó a la mujer, la presunta propietaria del dinero”.
En la misma línea de razonamiento, el abogado aseguró que no entiende bajo qué cargos su cliente fue imputado por el fiscal del lugar, porque “ni siquiera se lo puede acusar de enriquecimiento ilícito, porque él no es funcionario”.
“Nadie sabe qué había adentro de la caja, si esa mujer dice que había un submarino también habría que creerle”, argumentó el abogado, quién se lamentó porque “por ahora es poco lo que puedo hacer, ya que no he tenido acceso al expediente judicial”.
“Si algo ha agarrado Altamirano, lo ha hecho en la vía pública”, expresó Ludueña, para remarcar que “difícilmente” se pueda sostener una imputación contra su defendido, “porque no se puede acusar a una persona de un hecho delictivo, si no existe tal hecho delictivo”, concluyó.
Mientras se desarrollan los engorrosos trámites judiciales, Paulo Altamirano administra su quiosco y tiene una vida familiar mucho más digna.
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