INTENTAN DESTRABAR EL CONFLICTO CON EL FONDO MONETARIO
“Las cosas están mal, en serio.” Con tal resignación, la conducción económica cree que la relación de la Argentina con el Fondo Monetario Internacional (FMI) no será fácil de recomponer, aunque el ministro Roberto Lavagna viaja mañana a Monterrey, México, junto con el presidente Néstor Kirchner, para reunirse allí con el titular del organismo, Horst Köhler, con el objetivo de destrabar la aprobación de la primera revisión del acuerdo entre la Argentina y el Fondo, que tiene una vigencia de tres años.
Kirchner partirá con sus ministros -el canciller Rafael Bielsa también formará parte de la comitiva oficial- cerca de la medianoche del sábado.
Según pudo averiguar LA NACION en Washington, el titular del FMI arribará a Monterrey el domingo por la noche y está “dispuesto a reunirse con Kirchner, si él lo desea, como con cualquier otro presidente que participe en la cumbre” regional.
El encuentro podría producirse entre el lunes y el martes de la semana próxima, según se estableció en una serie de contactos registrados ayer con Washington que permitieron percibir una “mejora” en el clima bilateral con Estados Unidos. Algunos de los reclamos del Fondo, como la demora en las compensaciones a los bancos, “comienzan a resolverse”, se informó.
Tres encuentros
Según precisó en Buenos Aires el vocero del Palacio de Hacienda, Armando Torres, habrá tres encuentros en Monterrey: uno entre Kirchner y Köhler, otro entre Lavagna y el titular del FMI y otro entre los tres protagonistas de esta complicada historia.
En diálogo con LA NACION, una alta fuente del Palacio de Hacienda consideró que Köhler va a mantener una actitud “constructiva” en su diálogo con las autoridades argentinas, pero sin poder resolver “el problema de fondo” que está pendiente en el vínculo entre ambas partes.
“El conflicto parte del hecho de que el FMI no termina de digerir los errores que cometió en la Argentina”, se quejó el funcionario del equipo económico. Según esta visión, el FMI “financió un modelo que ya no tenía viabilidad a fines de los años 90 y ahora está pagando ese error”.
A partir de este “error”, según la fuente, se explican los vaivenes del Fondo Monetario, que se resiste a aprobar una revisión “cuyas metas están cumplidas”.
“Esta pelea comenzó en diciembre, cuando el directorio decidió postergar la aprobación de la primera revisión y generó una dinámica de agresividad retórica que difícilmente se detenga”, admitió la fuente con cierto pesar, refiriéndose a las duras declaraciones de distintos funcionarios del gobierno argentino (incluido el presidente Kirchner) en contra del organismo.
El Gobierno esperaba que, luego de una misión técnica relativamente tranquila del staff del FMI, el directorio aprobara la mencionada revisión en su última reunión de 2003, desarrollada el 17 de diciembre último.
Pero el equipo económico cree que las presiones de los acreedores privados afectados por el default argentino congelaron el tratamiento del caso argentino. Los tenedores de bonos están disconformes con la propuesta oficial formulada en Dubai, en septiembre último, que ofrece canjear 82.000 millones de dólares con una quita en el valor nominal del 75 por ciento.
Para el Palacio de Hacienda, el management que lidera Horst Köhler “no termina de evaluar correctamente a su contraparte”, en este caso, al gobierno local.
-¿La Argentina no cometió ninguna equivocación en estos últimos tiempos? -preguntó LA NACION.
-La responsabilidad en este caso es del FMI, que metió la pata. La situación macroeconómica está bien, con los bancos se avanza, más lentamente de lo esperado, pero se avanza, y si hay una fuente de inestabilidad se debe a la actitud de ellos.
Por esta razón, admitió la fuente, en los pasillos del edificio del FMI “se vuelve a discutir la meta del superávit primario del 3 por ciento fijada para el año próximo” en el acuerdo anunciado apenas hace cuatro meses. “Ahora quieren más para 2004”, se resignó.
Según el funcionario, la reunión de Kirchner con el presidente George W. Bush tal vez permita alentar cierta distensión entre las partes, ya que el Tesoro de los Estados Unidos, que conduce John Snow, presuntamente volvió a adoptar “una actitud positiva” luego de haberse quejado hace algunas semanas por las demoras en la renegociación de la deuda en default.
Los cortocircuitos en la relación con el Fondo, según un funcionario que trabajó con el Gobierno y que está vinculado actualmente con el organismo multilateral de crédito, pueden provocar alguna inestabilidad cambiaria en el mediano plazo, si no hay perspectivas de un arreglo.
De acuerdo con esta hipótesis, si el Fondo no aprueba la primera revisión del acuerdo antes de marzo, cuando hay que pagar US$ 3000 millones, es posible que el país “entre en default con los organismos”.
A partir de esta eventual ruptura, “puede haber un vuelco del mercado hacia el dólar”, que el Banco Central debería enfrentar con todas sus armas, tras varios meses de calma.
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