INTENTAN MATAR A UN SUCESOR CLAVE DE ARAFAT
Apenas 48 horas después del impresionante entierro popular de Yasser Arafat en Ramallah, esta tierra árida del Oriente Medio volvió a mostrar que está dominada por la violencia. Anoche sufrió un atentado en la Franja de Gaza Mahmud Abbas (también conocido por el nombre de guerra de Abu Mazen), flamante presidente de la Organización para la Liberación de Palestina (OLP) y el hombre que se perfila como el más probable sucesor de Arafat. Ocurrió poco después de que la nueva administración palestina confirmara que se van a celebrar elecciones presidenciales el 9 de enero y al mismo tiempo que los israelíes dieron pasos de distensión en las medidas de seguridad, los primeros en años.
Abbas había ido hasta Gaza para asistir a una ceremonia en una carpa que se había levantado para recibir las condolencias por la muerte de Arafat. Cuando estaba entrando, un grupo de unos 30 encapuchados con fusiles Kalashnikov, al parecer del brazo armado del partido oficial de Al Fatah, que considera a Abbas “un blando”, comenzó a gritar consignas contra el ex primer ministro y el ex secretario de seguridad que lo acompañaba. “Ni Abu Mazen, ni Dahlan, Yasser Arafat”.
En ese instante se produjo un tiroteo. Abbas fue tirado al suelo por sus guardaespaldas que formaron una verdadera muralla de protección. Los gritos y los disparos se sucedieron por más de 15 minutos. Centenares de personas que estaban bajo la enorme carpa blanca corrían desesperadas. Cuando todo se calmó, había dos jóvenes policías palestinos muertos y otros cinco heridos.
Abbas se apresuró a decir a las cámaras de la cadena Al Jazeera que “esto no fue un atentado”. Pero algunos testigos dijeron que el grupo de jóvenes que disparó contra Abbas parecía estar preparándose para “desbaratar la visita de alguna manera” y que el objetivo había sido claramente el ex premier y Dahlan.
El ataque es un ejemplo claro de lo que podría suceder en la campaña electoral que se avecina. El presidente provisional de la Autoridad Palestina (AP), Rauhi Fatuh, confirmó ayer desde la explanada de la Mukata y a unos pocos metros de la tumba de Arafat, en Ramallah, que los palestinos irán a las urnas por segunda vez en sus vidas, tras las elecciones de 1996 que confirmaron el actual liderazgo. “Llamo a los palestinos en la Franja de Gaza, Cisjordania y Jerusalén a celebrar elecciones generales, directas y libres para elegir al presidente el 9 de enero de 2005”, dijo Fatuh tras una reunión con todo el gabinete, y así confirmó la fecha de los comicios.
El gobierno de Israel acompañaba este paso adelante con un signo de distensión. El ejército israelí informó que la noche del viernes no realizó sus habituales redadas y operaciones en Cisjordania. A partir de ahora sólo se harán si reciben información sobre posibles ataques terroristas. Además, se va a autorizar a las fuerzas de seguridad de la Autoridad Palestina a que vuelvan a actuar uniformadas y con sus armas reglamentarias en Ramallah.
Las fuerzas de seguridad israelíes recibieron también la orden de “evitar fricciones con la población y mantenerse a la defensiva”, y actuar sólo si son atacados. Aunque no fue levantado el estado de alerta máximo —de guerra— que fue impuesto en Israel tras la muerte del rais palestino.
El gobierno de Ariel Sharon había hecho otro gesto importante inmediatamente después de conocerse la muerte de Arafat. Liberó 40 millones de dólares de un fondo que había confiscado a los palestinos y que se negaba a entregar desde hace meses. Se trata del dinero que Israel recolecta de impuestos entre los palestinos y que, supuestamente, debe entregar mensualmente a la AP.
Lo que está en cuestión ahora es si Israel va a permitir o no que también puedan participar de las elecciones los 230.000 palestinos que viven en Jerusalén Oriental. Según el diario israelí Haaretz, el primer ministro Ariel Sharon habría recibido en las últimas horas presiones de Estados Unidos y de la Unión Europea para que se vote en la que los palestinos consideran su capital natural. Por ahora, Sharon se limitó a decir que “hay que debatir” el tema. Pero el canciller Silvan Shalom, del Partido Likud, ya tomó posición y dijo que “de ninguna manera se debe autorizar la participación de los palestinos de Jerusalén, capital de Israel”.
El jefe de la diplomacia israelí, que hoy mismo tiene previsto reunirse en Washington con el secretario de Estado, Colin Powell, explicó que si se autoriza a participar en las elecciones a los palestinos de Jerusalén se sentará un precedente que “influirá en las futuras negociaciones de paz”. Para Estados Unidos, no puede haber una elección general palestina si no votan “todos los palestinos”. Aunque para eso los israelíes deberían, ante todo, devolver los padrones electorales que les confiscaron a las autoridades electorales palestinas en ocho oficinas de Jerusalén en setiembre pasado.
Una tercera parte de los residentes de Jerusalén —unas 230.000 personas— son palestinos. Viven en los más de veinte barrios árabes que Israel se anexó tras la guerra de 1967, y en la ciudad antigua, donde se hallan las mezquitas sagradas de Al Aqsa y Omar, apenas separadas por el Muro de los Lamentos hebreo, único vestigio de los antiguos templos de los reyes Salomón y Herodes.
En las primeras y únicas elecciones generales en los territorios palestinos, que se celebraron en enero de 1996, tras los acuerdos de Oslo (1993) para la paz, el entonces primer ministro laborista Yitzhak Rabin, autorizó la celebración de comicios en la “Jerusalén árabe”.
Por ahora hay dos candidatos firmes a la presidencia. Uno es el atacado Mahmud Abbas (Abu Mazen), un moderado y viejo camarada de armas de Arafat. El otro, es Marwan Barghuti, que purga cinco penas de por vida en una cárcel israelí como responsable, según un tribunal de Tel Aviv, de la muerte de cinco israelíes en dos ataques de las Brigadas de los Mártires de Al Aqsa, el brazo armado del partido oficial palestino Al Fatah.
Tres ministros israelíes aseguraron ayer que Barghuti “jamás va a poder ser candidato a nada”. El canciller Shalom, al igual que el número dos del gobierno, Ehud Olmert, y el ministro sin cartera Tzahi Hanegbi, calificaron de “terrorista asesino” a Barghuti. “Purgará al menos 100 años de prisión si obtiene reducciones de su pena. En el mejor de los casos, podría convertirse en portavoz de los detenidos de la prisión donde está detenido”, aseguró Hanegbi a la radio pública israelí. Pero el ministro del Interior, Avraham Poraz, del partido Shinui de centro, dejó una puerta abierta y no excluyó la liberación del palestino. “En el pasado ya liberamos a terroristas a cambio de soldados”.
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