INTENTAN QUE CHARLY PAGUE POR EL SECUESTRO “VIRTUAL” DE SU HIJO
Charly García dice que está nervioso. Su cara lo desmiente: se lo observa —siempre dentro de sus parámetros— locuaz, afable y hasta sereno. En su casa de Coronel Díaz y Santa Fe dice que pasó el peor momento de su vida y que se va a Hollywood, “al Hollywood verdadero, no esta mentira de Palermo Hollywood”. Y aclara lo del peor momento: “Mejor dicho: las seis horas peores de mi vida”.
Seis horas fue el lapso entre que García atendió el teléfono el jueves a la tarde y el momento en que su hijo Miguel golpeó la puerta del departamento de su padre, sonriente. En el medio, una voz en el teléfono le dijo al músico que tenían a su hijo secuestrado y que debía entregar 10.000 pesos de rescate “a un contacto”. Después Charly averiguó que la llamada era desde la cárcel de Villa Devoto y que había sido una víctima más de un “secuestro virtual”, una modalidad que casi siempre se genera desde el interior de las prisiones (ver Una modalidad…).
—¿Cómo fue?
—Una locura. No dudé un instante que lo que me contaba el tipo era verdad. Primero me llamaron y me dijeron que mi hijo había tenido un accidente. Me empezaron a sacar información. Después se mandaron con que lo tenían secuestrado. Y me pidieron diez lucas. Justo ese día estaba leyendo en el diario lo del pibe que le cortaron el dedo. Lo increíble conmigo es que fue al voleo.
—¿”Al voleo”?
—Sí, no tenían ni idea de que yo era Charly García. En un momento me hablan de “tu familia, qué sé yo, y que cuidate con tu familia”. Yo le dije: “Man, no tengo familia. Soy Charly García”.
—¿Cómo reaccionaron?
—Fue extraño. Les afectó un poco. Digamos un veinte por ciento. Algo cambiaron el discurso. Pero igual siguieron adelante con todo el rollo.
—¿Y tu hijo?
—¡Estaba en el odontólogo! Cuando lo vi entrar me le tiré encima. El no entendía nada. Al final se va a tener que comprar un celular.
Charly García está conversando en su posición y estado habituales: sobre la cama deshecha, con las piernas cruzadas, tomando whisky importado sin hielo. La radio está prendida: se escucha Irresponsable, el hit de los Babasónicos. Las frases de García caen a borbotones: “Loco, acá no puedo más. Necesito vacaciones de la Argentina. Ya me hice cargo del país, del rock nacional. Ya canté el Himno. Me voy el martes a los Grammy latinos, que es un premio que detesto, y me quedo en Hollywood. Quiero filmar una película con Liv Tyler que se va a llamar Kill Gil en homenaje a Tarantini. Y quiero tocar. Loco: ¡quiero tocar con los Rolling Stones, con Joni Mitchell! Quiero formar una banda con Ringo Starr. Quiero ver también a estos que hacen rock lati no, algo que inventamos Spinetta y yo hace mil años. Y quiero ir a Hollywood, no Palermo Hollywood, que tiene más de Palermo Bagdad que otra cosa; quiero ir al Roxy de verdad”, dispara.
—Además de este episodio con tu hijo, ¿qué te pasa con la Argentina?
—Hay que tener memoria. A mí me mataron cuando estuve con Méndez, me criticaron como si nadie lo hubiera votado. Yo nunca lo voté. Lo agarré en su otoño y llegué a traspasar los límites del poder. Lo vi a él y otros tipos del poder con el brazalete Say No more. Y pude ver su mirada, la mirada de Méndez, y entender por qué la gente lo votó. Pero ahora no queda nadie que lo haya votado. No es que uno esté loco, te vuelven loco.
—¿Cómo es eso?
—Toda mi vida está en mis canciones. Yo escribí que soy un vicio más, pero me siento como un rehén. Yo fui el rehén de estos tipos que me llamaron por teléfono.
—Te vas a los Estados Unidos… ¿Cuándo volvés?
—Voy a ver hasta dónde llego. Algo se me va a ocurrir. Lo que tengo claro es una cosa: se acabo el dulce de leche.
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