INTERNET: UN DESAFÍO PARA LA ESCUELA
La tarea era leer Fahrenheit 451, la famosa novela de Ray Bradbury que plantea un futuro en el que los libros son prohibidos. El chico, que cursa segundo año del secundario, eligió otro camino para cumplir con el deber que encargó el profesor. Encendió su computadora, se conectó a Internet y rápidamente encontró un resumen del libro. Listo: logró “zafar” el trabajo.
En otra aula, pero de séptimo grado, la maestra pidió una monografía sobre el sistema solar. Y con más picardía que ganas de trabajar, una de las alumnas “bajó” de pe a pa un trabajo publicado en Internet por un estudiante mexicano, y lo hizo suyo.
La red de redes, ese inagotable espacio virtual que ofrece de todo y para todos, es el nuevo desafío de docentes y alumnos.
Los que enseñan deben estar preparados no sólo para detectar “avivadas” de los estudiantes. Los especialistas en el tema aseguran que el objetivo principal es más profundo: potenciar el uso de Internet en la escuela y generar conocimientos de cultura general en los chicos.
A los estudiantes, en tanto, la posibilidad de estudiar con Internet les exige aprender nuevas habilidades. “Que un buscador masivo devuelva 50.000 enlaces ante la búsqueda de un tema determinado no significa que todos puedan ser considerados válidos. De manera que los chicos no sólo deben aprender a agilizar las búsquedas, sino que también tienen que ser críticos, saber distinguir lo verdadero de lo falso y reconocer fuentes confiables”, afirma Patricia Pomiés, coordinadora de contenidos dinámicos del portal Educar.
Los especialistas consultados por Clarín acuerdan en que los hábitos de los adolescentes están cambiando por el uso de Internet, pero por la enorme influencia que la Web viene teniendo desde afuera de la escuela. Básicamente por las posibilidades que más los atraen como chatear, jugar en red o bajar música y que, en un fenónemo masivo en la Argentina, los chicos están desarrollando en cibercafés y locutorios de todo el país.
Como sea, lo cierto es que Internet abrió el camino a nuevos hábitos de enseñar y aprender. “Y también implicó un cambio en la formación docente. Por décadas, los docentes no necesitaron verificar el conocimiento. Eso lo hacían las editoriales”, señala Jorge Apel, director del colegio Jean Piaget.
Para Edith Litwin, doctora en Ciencias de la Educación y profesora de Tecnología Educativa de la UBA, “hoy los chicos tienen a disposición una enorme cantidad de información no escolarizada y desordenada que requiere que los docentes vuelvan a preguntarse qué fines, legitimidad y valor tiene, en qué país fue generada, o si, por ejemplo, fue elaborada por un organismo de gobierno o por una empresa de turismo”.
“Pero aún la escuela no está preparada para la era tecnológica”, asegura Ana María Andrada, especialista en Tecnología Educativa y directora del Centro Blas Pascal. “No basta con poner computadoras en las escuelas. El problema es que los docentes no están bien capacitados. Falta una buena capacitación en los institutos de formación docente que los prepare para generar saber en los chicos a partir del infinito caudal de información instantánea que brinda Internet”.
Litwin coincide con este diagnóstico: “La cuestión —agrega— es cómo se potencia esta fuente de información y de comunicación en la escuela. Para eso los docentes deben desarrollar estrategias que permitan que los chicos reflexionen, se sientan atraídos por la lectura o sepan seleccionar material porque, por ejemplo, antes un tema se trabajaba con 3 libros y hoy hay más de 300 textos a disposición”.
Internet también requiere más atención de los docentes. Según Horacio Sanguinetti, director del Colegio Nacional de Buenos Aires, es necesario precisar las consignas de trabajo para que el uso de Internet sea productivo y los chicos no abusen del “copiar y pegar”. “Hace poco envié una circular a los profesores con estas sugerencias: evitar temas generales para monografías, pedir trabajos individuales, bibliografía específica, una producción propia sobre determinado tema, e incluso que el trabajo se presente en letra manuscrita”.
Internet parece cumplir la gran fantasía de que todo está allí. Pero a la hora de las tareas no todas son ventajas. Al menos, la Web logró borrar aquella famosa frase que antes de la era informática a más de uno lo salvó del aplazo: “No encontré nada, señorita”.
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