INVESTIGAN GRAVE LESIÓN GENITAL DE UNA CHICA EN UN SANATORIO
Un juez penal investiga si una joven discapacitada de 15 años fue abusada sexualmente en enero pasado, mientras estaba internada en coma en la sala de terapia intensiva del Sanatorio de Niños. La chica estaba inmovilizada en una cama cuando sufrió un desgarro en la zona comprendida entre la vagina y el ano, a pocos días de haber sido sometida a una cirugía de cráneo. Desde entonces el caso quedó amarrado a una dura controversia entre el establecimiento y los padres de la joven. El efector privado sostiene que al suturar esa lesión advirtieron que la chica presentaba rastros de haber sufrido abusos sexuales previos a su internación. Sus padres lo niegan y acusan a la entidad de intentar encubrir la causa del desgarro ocurrido dentro del sanatorio. Siete meses después las dudas subsisten: las pericias oficiales no dictaminan de modo categórico que esa lastimadura haya sido provocada por una penetración sexual. Y en el centro de esas versiones cruzadas está la joven, que no puede hablar ni expresarse por otros medios.
El caso es investigado en los Tribunales de Rosario por el juez de Instrucción Jorge Eldo Juárez. El expediente está caratulado “N.N. sobre abuso sexual con acceso carnal” y no tiene imputados. El magistrado les tomó declaración informativa (una figura intermedia entre la testimonial y la indagatoria) a ocho profesionales del centro asistencial, y también al papá de la chica. La pesquisa gira en torno a dos cuestiones: a qué obedece la lesión sufrida por la joven dentro del sanatorio y si presentaba un hábito de coito con anterioridad a su internación.
Para aclarar esos extremos el juez ordenó una pericia oficial que llegó a su despacho en los últimos días. El informe, firmado por tres médicos, deja en claro que el desgarro sufrido por la chica en el periné fue provocado cuando estaba en el sanatorio. Pero los peritos no se pusieron de acuerdo sobre cómo se originó la lesión.
La médica forense Alicia Cadierno la consideró compatible con un abuso sexual violento. En cambio dos profesores de la Facultad de Medicina sostuvieron que la penetración sexual es una posibilidad entre otras. Y a diferencia de la forense, dictaminaron de modo tajante que la joven presentaba un hábito de coito vaginal de larga data.
La joven víctima de esta historia vive en una casa de clase media con sus padres. Su mamá es docente y su papá comerciante. Desde los tres años la chica fue tratada en el sanatorio de Alvear al 800. A esa edad le detectaron un tumor maligno en el cerebro por el que fue sometida a una cirugía, radiación y quimioterapia. Este tratamiento dejó en la niña múltiples secuelas y alteró su desarrollo. Pese a tener 15 años, pesa 35 kilos y su cuerpo no se corresponde con su edad cronológica. A causa de la radiación recibida a edad temprana, según cuenta su mamá, tuvo problemas en el crecimiento, al caminar, diabetes insulinodependiente y epilepsia.
Un paquete de pañales
Hasta su última internación la joven podía caminar, se expresaba con frases simples, iba al baño y comía sola, podía dibujar y había terminado la escolaridad primaria en una escuela especial. El 24 de diciembre entró al sanatorio para su quinta cirugía de cerebro. La operación fue el 6 de enero pasado. Luego fue internada en la sala de terapia intensiva, donde permanecía en coma farmacológico. Tenía las manos atadas para que no se retirara los cables del monitoreo y recibía suero.
La mañana del lunes 10 de enero, según cuenta su mamá, la enfermera le comentó que iban a necesitar más pañales porque la nena estaba menstruando. “Imposible”, replicó la mamá. “Ella no puede menstruar porque no está preparada hormonalmente debido a que los rayos le quemaron la glándula hipófisis”, explicó entonces.
Al mediodía, según relata, la médica de guardia le dijo que el sangrado podía ser por un desfasaje hormonal. A los 45 minutos, relata la madre, hicieron salir a todos los papás de la sala de terapia aduciendo que una médica iba a revisar a una paciente. La mujer cuenta que permanecieron unos 50 minutos afuera hasta que la convocaron y le presentaron a una ginecóloga que había revisado a su hija. “¿Cómo que la revisó sin mi consentimiento y sin que yo esté presente?”, asegura haber preguntado la mujer.
A continuación le dijeron que sería conveniente realizarle a la pequeña una exploración vaginal, en el quirófano, bajo una pequeña sedación y con la presencia de un cirujano. Al finalizar la intervención, a las 20 de ese día, el cirujano les comunicó a los padres que había realizado una sutura de periné bajo anestesia total. Hasta entonces los padres ignoraban que la chica presentaba un desgarro en esa zona. Según afirman, el cirujano explicó que se vio obligado a suturarla porque de otro modo la chica “se iba en sangre”.
Según los papás, los médicos suspendieron el diálogo con ellos. A las 9 de la mañana del día siguiente la madre mantuvo el primer encuentro con el gerente médico, Javier Escalante. Este le manifestó que las lesiones recientes podían obedecer a un golpe. Y planteó, además, que se habían hallado lesiones anales y vaginales de antigua data en la menor.
Esa misma mañana del martes 11 de enero el gerente médico se presentó en el juzgado de Menores a cargo de Jorge Zaldarriaga. Con el patrocinio del abogado Néstor Vico-Gimena refirió el hallazgo de un “desgarro perineal desde la mucosa vaginal posterior al orificio anal” en la paciente. Planteó que durante un examen más minucioso se observó en la joven la ausencia total de himen y “lesiones crónicas vaginales y anales” que, según denunció, lo llevaban a presumir que la menor pudo ser víctima de acciones violentas o abusos sexuales.
El sanatorio aportó pruebas: fotos tomadas antes y después de la sutura, un hisopado practicado a la chica durante esa intervención (que no encontró restos de semen) y un croquis de la sala de terapia. El lugar, según se observa allí, cuenta con seis camas dispuestas en dos hileras enfrentadas y sin tabiques entre sí. Luego la institución aportó, a pedido de la Justicia, una nómina de empleados.
Los padres de la joven recién supieron que existía una presentación judicial a las 14 de ese día. La forense Alicia Cadierno no pudo realizar un examen porque la niña ofrecía resistencia.
Al día siguiente los padres se presentaron en el juzgado de Menores. Poco después plasmaron sus sospechas en la fiscalía de que su hija podría haber sufrido un abuso sexual durante su internación.
Al poco tiempo la adolescente fue trasladada a una sala de terapia intermedia donde requería de la presencia de un familiar las 24 horas. Entonces el juez de Menores, ante las sospechas de abuso previo, impidió al papá permanecer como acompañante. Tiempo después evaluó que la chica no estaba en riesgo junto a sus padres y terminó restituyéndoles la tutela: hoy la nena está con ellos.
A los pocos días el caso fue derivado al juzgado de Juárez para la investigación de las lesiones sufridas por la joven. Tanto el desgarro agudo ocurrido durante su internación como las lesiones vaginales crónicas que denunció el sanatorio. Al cabo de siete meses de investigación sólo está claro que la chica sufrió un desgarro de periné, ocurrido entre uno a tres días antes del 10 de enero, y que pudo o no ser provocado por un ataque sexual
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