INVESTIGAN SI HUBO MÁS PERSONAS VINCULADAS A DESAPARICIÓN DE DOCENTE TUCUMANA
Mientras la fiscal del caso, Adriana Giannoni, aguarda los resultados de los peritajes realizados sobre las manchas de sangre encontradas en el auto Ford Orion y la vivienda de las imputadas Susana Acosta y Nélida Fernández, cobra fuerza la pista de otros presuntos involucrados.
Es que para los pesquisas no es posible que, de haber sido las responsables, Acosta y Fernández por sí solas hayan podido secuestrar a Argañaraz y hacerla desaparecer.
En el marco de la nueva búsqueda, la fiscal interrogó en las últimas horas a una empleada administrativa del colegio Padre Roque Correa, donde trabajaba la docente desaparecida y la acusada Acosta.
Se trata de Stella Amduni, de quien Gianonni comenzó a sospechar cuando ayer su secretario, Ernesto Baaclini, se presentó en el colegio para entrevistarla y la mujer tuvo una extraña reacción.
Según las fuentes Amduni estaba por enviarle un mensaje de texto a una amiga que decía: “Acaba de entrar Baaclini”.
Al parecer, previamente, Amduni había recibido un mensaje de texto de su amiga, que decía: “Quedate tranquila que la Virgen nos protege”.
Amduni, explicaron los voceros, se limitó a recordar que el 31 de julio pasado, el día que desapareció Argañaraz, Acosta se acercó llorando y le manifestó que había recibido un mensaje de la desaparecida en el que le decía: “Ya voy”.
La empleada administrativa recordó que había conocido a Fernández y a Acosta en el convento de la orden, entre 1982 y 1984, aunque luego las tres, en diferentes épocas, abandonaron la vida religiosa.
Amduni mantiene fundamentalmente una relación de amistad con Fernández, quien llegó a ser testigo de su matrimonio.
La pista más firme en la que trabaja la fiscal es la de alguna diferencia laboral entre las detenidas y Argañaraz, que estaba a punto de ser nombrada directora del colegio Padre Roque Correa, en el que trabajaba junto a Acosta.
Esta hipótesis fue ratificada por el testimonio de una amiga de Argañaraz, Carolina Fernández, según la cual, la docente, aunque sin dar nombres, le había manifestado: “Son unas víboras, quieren serrucharme el piso”.
En el marco de la causa, la semana pasada la policía concretó una pericia en el auto secuestrado a las detenidas, en el que encontraron manchas de sangre, cuya procedencia aún se investiga.
No obstante, Giannoni también analiza la relación entre Julio Navarro, pareja de Argañaraz, y la desaparecida, porque habrían mantenido una relación conflictiva.
Navarro convivía con la docente, pese a que asevera que ya no eran pareja, aunque la semana pasada la hermanas de la desaparecida, Liliana Argañaraz, aseguró que sí lo eran y que “él era cariñoso y cortés con ella” hasta que ocurrió el hecho, que hoy investiga la Justicia.
Argañaraz vivía en El Manantial, localidad ubicada en la periferia de la capital tucumana, y hace 17 días, poco después de las 6, salió de su casa para tomar un ómnibus de la línea 103 rumbo a su trabajo, donde nunca llegó.
Algunos testigos aseguran que la docente tomó el colectivo y se bajó en la esquina de La Madrid y Alem, donde habría subido a un auto Duna blanco.
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