INVESTIGAN UN SECUESTRO CON PUNTOS OSCUROS
Para los investigadores el caso tiene puntos que no cierran. Según la denuncia, a Pablo Pérez lo capturaron mientras caminaba por una calle de Balvanera. Al día siguiente llamaron a su padre, un dirigente del club Independiente de Avellaneda, y le pidieron 200.000 dólares para soltarlo. Hubo siete llamados más, hasta que el caso se resolvió de una manera poco frecuente: 40 horas después del secuestro, el joven fue liberado ileso, sin que se pagara rescate.
Pablo Pérez, de 27 años, es el hijo de Salvador Humberto “Pocho” Pérez, presidente de la sede que Independiente tiene en el barrio de Flores. Hasta anoche, los investigadores de la Federal eran herméticos sobre el caso, mientras buscaban aclarar lo que consideraban puntos poco claros. Tal vez por eso, el único que hizo un relato completo de lo ocurrido fue el padre del joven.
Según Salvador Pérez, Pablo fue secuestrado el lunes a la tarde en la calle Catamarca, casi esquina Belgrano. “Un auto paró al lado de mi hijo y le preguntaron una dirección. Cuando él se acercó, lo subieron y se lo llevaron. Eran dos hombres y una mujer, que le dijeron: ‘Sabemos quién sos y quién es tu papá.’ Y le taparon los ojos”, explicó. Para la Policía es raro no haber hallado hasta anoche algún testigo de esto a pesar de lo concurrido de la zona a la hora de la captura.
Pérez, que es comerciante inmobiliario, se enteró del secuestro el martes a la mañana. Fue cuando su nuera lo llamó para preguntarle si sabía algo de Pablo, ya que no había ido a dormir a su casa y su celular estaba apagado. Al mediodía, el hombre recibió el primer llamado extorsivo y avisó a la Policía. Ayer los investigadores no se explicaban esta demora en pedir el rescate.
“Me llamaron desde el handy de mi hijo. Me pidieron 200.000 dólares. Les dije que no tenía ese dinero, y me respondieron: ‘Juntala rápido. Pedile a tu amigo Julio Comparada (el presidente de Independiente, empresario) que te la preste.’ Después cortaron”, señaló Pérez.
En la puerta de la comisaría de Villa Madero, adonde fue llevado su hijo apenas lo liberaron, el hombre le contó a Clarín que los secuestradores lo llamaron siete veces para negociar el rescate. “De 200 mil dólares pasaron a 200 mil pesos. La última vez que hablé me dijeron: ‘Juntá todo lo que tengas y a las doce de la noche te llamo para arreglar la entrega.’ Pero no se comunicaron más”. El cese de los contactos es otro interrogante para los investigadores policiales, ya que estaba todo dado para que arreglaran un lugar de pago.
“Yo les había pedido una prueba de vida pero me dijeron que me la iban a dar cuando yo juntara la plata”, agregó Pérez. Nada de eso ocurrió nunca.
Pablo, que trabaja en un taller mecánico, le contó a su padre que los secuestradores no le dieron de comer, sólo agua. Dijo que lo tenían vendado y que lo trataron mal. “Cada vez que terminaban de hablar conmigo lo amenazaban. ‘Para tu viejo no valés una moneda. Te vamos a matar’, decían “, recordó Pérez.
El martes a la noche la noticia del secuestro fue difundida por algunos medios. Según Pérez, esto hizo que los secuestradores decidieran liberarlo, al sentirse rodeados. “Pablo escuchó que estaban nerviosos y discutían entre ellos. Ahí decidieron soltarlo”, indicó. A los investigadores no les cerraba ayer por qué la banda ni intentó cobrar el rescate. Ni por qué, si habían mostrado tanto profesionalismo al negociar con el handy, se asustaron tan rápido.
Según Pérez, ayer a la mañana los secuestradores subieron a Pablo a un Fiat Siena. Descalzo, y sin pantalones, lo dejaron cerca de las vías del ex ferrocarril Belgrano, en La Matanza. El joven tocó timbre en una casa de Mendoza al 500, donde una mujer le dio ropa y llamó a la Policía.
Pablo fue llevado a la comisaría de Villa Madero, donde se reencontró con su familia. De allí lo llevaron a la División Antisecuestros de la Federal, donde dio su versión. Al salir, habló con los medios detrás de una reja: “Me liberaron por miedo, por la prensa. Decían que ya los habían enganchado”, contó. “Viví momentos muy feos, estuve todo el tiempo encapuchado”, agregó. “No me pegaron en ningún momento, pero me decían que me iban a matar y a tirar en el río o que me iban a cortar los dedos. Me sentí muy mal, no se lo deseo a nadie.”
Acompañado por su padre y un hermano, agregó: “No sé si los secuestradores me conocían, pero todo el tiempo me llamaron por mi nombre. Creo que me liberaron porque tal vez tenían miedo por la repercusión de la prensa, que decía que ya los tenían rodeados.”
La cara de Pablo mostraba un cansancio profundo. Por eso, enseguida se excusó de seguir hablando con la prensa: “Estoy muy nervioso y cansado, hace dos días que no como, quiero ir a casa a despejarme un poco.”
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