IRAK: ATACAN CON MISILES UN HOTEL DE FUNCIONARIOS DE EE.UU.
Bagdad volvió a ser sacudida por las explosiones. Anoche, una batería de misiles fue lanzada contra varios edificios de la zona verde, el sector del centro de la capital iraquí donde permanecen fortificados los funcionarios estadounidenses que administran la ocupación del país y los miembros del gobierno provisional iraquí. Un ataque que parece estar destinado a intentar impedir que se firme allí dentro de apenas unas horas la nueva Constitución que regirá los destinos de este país a partir del próximo 30 de junio.
Cuando había caído la tarde y las luces se prendían en la ex ciudad oculta de Saddam Hussein y sus ministerios —el mismo sector de poder que ahora ocupa el gobernador estadounidense Paul Bremer y el gobierno iraquí—, se registraron entre 8 y 10 fuertes explosiones que provocaron al menos un herido y prendieron fuego a la ex cancillería. De pronto, el humo cubrió el cielo de Bagdad. Los misiles fueron lanzados, aparentemente con un control remoto, desde una camioneta 4X4 Toyota estacionada a unos 400 metros del murallón de cemento armado, alambradas y bolsas de arena que rodean los 10 kilómetros de esta zona que es —supuestamente— la más custodiada y segura de todo Bagdad.
Al menos cinco de los misiles alcanzaron el ex hotel Al Rashid,
que ahora está ocupado por los marines y donde viven todos los funcionarios de EE.UU. Uno de los constructores civiles que trabaja para el Departamento de Estado fue herido. Pero testigos vieron salir varias ambulancias.
Minutos más tarde, un helicóptero OH-58 Kiowa, otro Apache y una avioneta de reconocimiento comenzaron a sobrevolar la zona en busca de otras posibles lanzaderas de misiles y de los atacantes que, según testigos, habrían escapado por la orilla del Tigris.
Aparentemente, los misiles tenían como objetivo el edificio ubicado inmediatamente después del hotel Rashid, el ex Centro de Convenciones que es donde ahora tienen sus oficinas los 25 miembros del gobierno provisional iraquí y donde en unas horas más está prevista la ceremonia de firma de la nueva Constitución que va a regir los destinos de este país. Un evento que fue pospuesto el viernes, cuando varios de los representantes ya tenían las lapiceras en la mano para firmar y que fue boicoteado por los delegados shiítas que se consideraban afectados por algunos de los puntos del documento. Pero ayer, después de consultar con el Gran Ayatollah Alí Sistani, el líder iraquí de los shiítas —que son la mayoría de la población iraquí— dio el sí. Firmarán hoy lunes a primera hora.
Las fuerzas más conservadoras dentro del shiísmo anoche parecen haber respondido a esta nueva concesión. Los misiles no lograron llegar hasta el Centro de Convenciones porque la fuerza del disparo volcó hacia un costado la camioneta en la que estaba montado el disparador.
Una hora después de las explosiones, y cuando intenté acercarme al lugar junto a unos colegas, fuimos detenidos en una de las entradas de la zona fortificada y no se nos permitió movernos del lugar por varios minutos. Los soldados parecían estar muy nerviosos mientras tanques y vehículos artillados pasaban a toda velocidad. Un marine hispano que pidió no ser identificado dijo a Clarín que había sonado la sirena de emergencia en toda la Zona Verde y que en el edificio del Centro de Convenciones y en el hotel Rashid se había dado la orden de evacuar las habitaciones y oficinas y refugiarse en el subsuelo. Luego, el sargento primero Stephen Valley confirmó que se había lanzado el alerta rojo que indica la mayor de las emergencias y que todos los funcionarios del Centro de Convenciones, donde funciona también la oficina de prensa de EE.UU., debieron correr a los refugios.
“Esta vez estuvieron muy cerca. Cada vez se acercan más y responden más rápido. No hay duda de que es gente mucho mejor entrenada y sofisticada que los ex generales de Saddam o los milicianos shiítas. Esta fue una advertencia muy clara. Quieren demostrar que pueden atacar cuando quieran y donde quieran”. Esa fue la lectura del ataque que hizo para Clarín, en un pasillo del hotel Ishtar-Sheraton, un ex militar sudafricano, que dice haber diseñado parte del sistema de protección de la Zona Verde y que está contratado como asesor por el gobierno estadounidense. Algo de eso debe haber porque el temor a nuevos ataques es generalizado en todas las zonas que intentan controlar los soldados estadounidenses y otros miles de guardias de compañías privadas de todo el mundo que llegaron acá para hacerse “la América”.
Ayer, la zona de los hoteles fue cerrada dos veces por segundo día consecutivo por haberse encontrado evidencias de que se estaba preparando un ataque. Tres jóvenes fueron traídos esposados hasta una de las puertas de seguridad mientras hablaba con el sargento de origen nicaragüense Luis Trogler, un muchacho alto y delgado de 26 años. Trogler recibió el informe de sus hombres y un momento después me confirmó que uno de los detenidos, un pibe de unos 25 años, medio desarrapado, había sido encontrado oculto debajo de una camioneta y que los perros entrenados especialmente para ubicar explosivos lo habían olfateado y detectado. Una media hora más tarde, un grupo de especialistas del SWAT le hizo una prueba al muchacho y se lo llevaron detenido.
Un signo más de que esta ciudad está asediada. Y, para colmo, cuando en Buenos Aires aún sea la madrugada del lunes, en el mismo edificio que se intentó atacar ayer deberán congregarse todos los funcionarios de la ocupación estadounidense y del gobierno provisional iraquí considerados como traidores a la patria por todos los grupos de la resistencia. Los terroristas no podrían desear un mejor objetivo. Bagdad está en alerta rojo.
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