IRAK PRESENTA SU NUEVA CONSTITUCIÓN
El parlamento iraquí aceptó ayer el proyecto de nueva Constitución, pero sin la aprobación de la minoría sunnita que ayudó a redactarlo, lo que prepara el terreno para una batalla enconada de cara a un referendo en octubre.
La nueva Carta Magna, que deberá reemplazar a la provisoria que rige actualmente y que fue redactada tras la caída del régimen de Saddam Hussein, ya ha dividido al país, que se desgarra en tres facciones en pugna: de un lado, los sunnitas, que siendo una minoría sojuzgaron a sus rivales bajo la dictadura de Saddam. Y del otro, la mayoría shiíta del sur del país, cercana a Irán, y los kurdos del norte iraquí.
Los 15 negociadores sunnitas dijeron que rechazaron el borrador de la Constitución porque coloca al islam como fuente del derecho y recorta las atribuciones federales. Además, porque su sector teme quedarse sin poder económico: los campos petroleros quedan bajo el poder sectorial del norte kurdo y del sur shiíta. Los sunnitas pidieron ahora la intervención de las Naciones Unidas y la Liga Arabe.
El nuevo texto fue saludado por el presidente George Bush como una muestra de los “progresos de la libertad” en Irak. “Los iraquíes pueden estar orgullosos de ese resultado”, dijo en una declaración telefónica.
La Casa Blanca presiona a los iraquíes para que aprueben formalmente la Constitución, lo que dará impulso a un proceso de repliegue de sus tropas tras la invasión de mayo de 2003. El Departamento de Estado ha venido justificando su estrategia bajo la idea de que si los sunnitas aceptan el borrador de la Constitución, entonces se alejarían de la violencia y focalizarían su atención en el proceso político. Muchos consideran en Irak que es el sector sunnita el responsable de la mayoría de los atentados que sacuden a diario al atribulado país del Golfo.
El documento, que incluyó cambios de último momento para tratar de disipar los temores sunnitas, fue leído a los legisla dores. No fue sometido a voto en la asamblea en la cual el bloque shiíta-kurdo tiene amplia mayoría, aunque es seguro que será torpedeado por esa minoría. Los sunnitas constituyen el 20% de la población, pero pueden derrotar el proyecto constitucional. Si dos tercios de los votantes de tres provincias rechazan la carta en el referendo previsto para el 15 de octubre, el proyecto será rechazado. Los sunnitas son mayoría en por lo menos cuatro provincias.
Los puntos contenciosos principales son si Irak debe ser un Estado federal o uno descentralizado; cómo distribuir la riqueza petrolera; si se debe prohibir la actividad pública de los miembros del proscrito partido Baath y si Irak se identificará como nación árabe o islámica.
Para los sunnitas que están afuera de Irak, los temores se focalizan en quedar apartados de la vasta riqueza petrolera del país. Sus miedos también abarcan a Irán, una teocracia shiíta que refugió a muchos disidentes durante la dictadura de Saddam.
Las disputas por la Constitución ponen de relieve los errores de Washington en su política regional, que desde hace décadas busca quitar relevancia a Irán. Al derrocar a Saddam, Washington quitó fuerza al sunnismo y dio aire al sector shiíta, aliado a Teherán. Así, con un sunnismo relegado, el shiísmo asoma como una fuerza clave en el área.
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