IRAK VOTA HOY EN UN CLIMA DE VIOLENCIA
Aunque la persistente ola de violencia dejó ayer por lo menos 16 muertos en el país, más de 15,5 millones de iraquíes podrán pronunciarse hoy sobre la nueva Constitución que, en caso de ser adoptada, cerrará definitivamente la etapa del régimen dictatorial de Saddam Hussein.
La votación se registrará en medio de un espectacular operativo de seguridad que incluye el cierre de fronteras internacionales y entre las 18 provincias del país, la suspensión de los vuelos comerciales, un toque de queda entre las 22 y las 6, el cierre de aeródromos civiles y la prohibición de la circulación de vehículos entre las provincias. También se apostaron tiradores de elite del ejército iraquí en el techo de los colegios electorales, cuyas calles de acceso están interrumpidas por bloques de hormigón para evitar ataques con coches bomba.
El texto constitucional, que cuenta con la aprobación de los chiitas y de los kurdos y que recientemente recibió el respaldo de la principal agrupación sunnita, el Partido Islámico, es muy resistido por una parte de esta última comunidad -la del ex dictador Saddam- por considerar que puede derivar en la creación de una gran región kurda y otra gran región chiita, ambas ricas en petróleo, que sólo les dejaría una zona central pobre en recursos naturales.
Pese a los recaudos de seguridad, el corte de líneas de electricidad por parte de la insurgencia causó un apagón que duró varias horas en Bagdad, mientras que cinco policías murieron por un ataque rebelde con morteros y por el posterior estallido de una bomba en un colegio electoral de un pueblo de la provincia de Diali, al nordeste de Bagdad.
Varias escuelas destinadas a funcionar como locales de votación también fueron atacadas por fuerzas opuestas a la ocupación norteamericana en el norte de Bagdad. Los ataques, que no dejaron víctimas, fueron perpetrados con explosivos en los poblados de Amal, Safwa y Najda, a 50 kilómetros al norte de Bagdad, y en el liceo de la localidad de Dor, al sur de Tikrit, de donde es oriundo el ex presidente Saddam Hussein.
Sin embargo, también en el norte de Bagdad, dos agentes resultaron muertos y otros dos heridos en Kirkuk, luego de que un atacante suicida a bordo de un coche bomba se lanzó contra un puesto de control. Por su parte, el Ministerio del Interior iraquí afirmó que las fuerzas de seguridad mataron a tres rebeldes en el sur de Bagdad y a tres en la provincia sunnita de Al-Anbar. En tanto, el ejército norteamericano informó que por lo menos tres presos iraquíes murieron y otros siete, además de tres soldados estadounidenses, resultaron heridos en un ataque contra un convoy que transportaba a un grupo de detenidos, en el oeste de Bagdad.
División
El texto sobre el que los iraquíes deben pronunciarse es un resultado de largas y difíciles discusiones y rompe radicalmente con el antiguo régimen, extremadamente centralizado y laico. También destaca los derechos de cada componente del pueblo iraquí, una gama de etnias y de religiones.
El proyecto debería ser adoptado sin grandes problemas, pues los sunnitas están divididos y no parecen poseer los recursos para movilizar los dos tercios de “no” en menos de tres provincias, necesarios para rechazarlo.
Un acuerdo de último minuto entre representantes políticos, que permitirá enmendar el texto después de las elecciones de diciembre, convenció a una parte de los dirigentes de esta comunidad para no sólo participar en el proceso político, sino llamar a un voto favorable al texto. “Tenemos una visión positiva de la Constitución. Desde ahora podemos aceptarla esperando hacer modificaciones” en diciembre, afirmó Salim Abdalá, miembro del buró político del Partido Islámico.
En respuesta a ese giro, insurgentes sunnitas incendiaron ayer varias instalaciones del Partido Islámico, el principal de su propia comunidad, en Bagdad y en Fallujah. También lanzaron una granada contra la residencia de uno de sus líderes religiosos, en represalia por su reciente respaldo a la nueva Carta Magna, y acusaron de traidor al líder de la agrupación política Mohsen Abdul-Hamid.
El gobierno estadounidense, que enfrenta una oposición interna cada vez más fuerte a su política en Irak, está empeñado en que el referéndum sea exitoso. Sus diplomáticos se implicaron estrechamente en la búsqueda de un acuerdo por el que los chiitas y los kurdos realizaron concesiones a los sunnitas en cuanto a garantizar la unidad del país y atenuar las medidas destinadas a purgar los servicios estatales de los fieles al antiguo régimen.
Una adopción del texto significaría para la administración estadounidense un avance del proceso político y la condición necesaria para retirar buena parte de sus casi 140.000 soldados del país.
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