Irán se suma, por primera vez, a las negociaciones sobre Siria
EE.UU. y Rusia conducirán nuevas conversaciones de paz para poner fin a la guerra; Teherán estuvo segregado del proceso hasta ahora, pero aceptó participar; tensión con Arabia Saudita.
La mesa de negociaciones para poner fin a la guerra en Siria se agranda con un invitado que tiene un rol crítico en la región. En un paso que marca su renovado peso en la geopolítica global tras el acuerdo nuclear con Occidente, Irán aceptó participar, por primera vez, de las conversaciones de paz, que comenzarán hoy y seguirán mañana.
“Recibimos la invitación y se decidió que el ministro de Relaciones Exteriores participe en las conversaciones”, dijo en la televisión iraní Marzieh Afkham, vocero de esa cartera. Confirmó así la presencia de su jefe Mohammed Javad Zarif, que se convirtió en una celebridad internacional por su rol en las negociaciones sobre el acuerdo nuclear.
De esta manera, el país participará por primera vez de una reunión internacional formal sobre la guerra civil en Siria, ya que no fue invitado a las conferencias de Ginebra en 2012 y 2014, que no tuvieron resultados.
El grupo de negociadores en Austria se completará con los jefes de Exteriores de Estados Unidos, Rusia, Arabia Saudita y Turquía, que ya se juntaron el viernes pasado y tenían hoy otra reunión limitada. En tanto mañana se unirán los ministros de Irán, Egipto, Irak y el Líbano, invitados por primera vez, y de Gran Bretaña, Francia y Alemania.
El ecléctico lote tiene algunas diferencias que en el pasado dificultaron la concreción de negociaciones multilaterales. Es el caso de las disputas entre el reino de Arabia Saudita, que lidera el mundo musulmán sunnita a través del wahabismo -una doctrina extremista-, y la República Islámica de Irán, bastión chiita en la región.
Ambos países tienen visiones muy distintas sobre Siria, especialmente en cuanto al futuro del presidente alauita Bashar al-Assad, que los sauditas quieren ver depuesto, pero que tiene en Irán a su aliado más leal.
De hecho, Teherán fue una de las primeras potencias en intervenir activamente en la guerra civil siria, primero con el giro de fondos pero luego con ayuda militar y, recientemente, con el envío de asesores que forman parte de la fuerza Quds de la Guardia Revolucionaria Islámica, un cuerpo de elite.
Irán también coordina las operaciones de Hezbollah, la guerrilla libanesa y chiita que asiste a Al-Assad. Pero en los últimos años Teherán fue dejado de lado en las mesas de negociación e incluso considerado una amenaza para la seguridad por su apoyo a organizaciones terroristas. En 2002 el entonces presidente de Estados Unidos, George W. Bush, llegó a incluir al país en su “eje del mal”.
Pero tras el ascenso del presidente Hassan Rohani, un clérigo moderado pero con mirada reformista, en 2013, las relaciones con Irán comenzaron a distenderse.
El pico de este proceso fue en julio de 2015, cuando el grupo de las cinco potencias (Estados Unidos, Rusia, China, Francia, Gran Bretaña) más Alemania acordó con Irán el Plan de Acción Conjunta, que prevé el levantamiento de las sanciones impuestas desde hace una década a cambio de una limitación de su programa nuclear a fines pacíficos.
El acuerdo fue visto como un triunfo diplomático y provocó un cambio en el rol de Teherán: de un obstáculo para la paz en la región a un actor imprescindible para conseguirla.
En consecuencia, Irán redobló su apuesta en Siria con más asesores y más ayuda en coordinación con la intervención de Rusia en defensa de Al-Assad, que incluso tuvo una reunión secreta con el presidente ruso Vladimir Putin la semana pasada.
Los sauditas reaccionaron con preocupación, ya que apoyan a los grupos rebeldes que combaten contra el régimen sirio. No están solos; la coalición liderada por Estados Unidos también asiste a los rebeldes con bombardeos aéreos a objetivos del gobierno.
Ayer, luego de la confirmación de Irán, el canciller saudita, Adel al-Jubeir, dijo en conferencia de prensa que las conversaciones expondrán la “seriedad” de Rusia e Irán. “Si son serios, lo sabremos. Y si no lo son, también lo sabremos y dejaremos de perder tiempo en ellos”, señaló.
Al-Jubeir también aprovechó para adelantar el punto central en la agenda de Riad: la salida de Al-Assad. “La fecha y la forma de partida de Al-Assad es un punto importante en la mesa”, dijo, escoltado por Philip Hammond, ministro de Exteriores de Gran Bretaña. Anne Patterson, responsable regional en el Departamento de Estado norteamericano, se sumó a las advertencias. “Todo el mundo sunnita está en contra de Moscú”, afirmó.
En el caso de la Coalición Nacional Siria (Cnfors), la principal alianza de opositores, directamente se rechazó la participación iraní. “Todos están de acuerdo en que se vaya Al-Assad y en la unidad de Siria, lo que va en contra de sus deseos”, señalaron. La Cnfors hizo así referencia al Comunicado de Ginebra de 2012, un proyecto para crear un gobierno interino en Siria con miembros de la oposición y del gobierno, pero que nunca se logró aplicar.
El despliegue de tropas, en la mira
Rusia calificó ayer de “inaceptable” la posibilidad de que Estados Unidos lance una invasión en Siria. “Esto es de verdad demasiado”, dijo Valentina Matvienko, presidenta de la Cámara alta del Parlamento, que acusó a Washington de “querer violar el derecho internacional”.
La tensión se disparó luego de que Ash Carter, jefe del Pentágono, se refirió ayer a “acciones directas” en el terreno. “No nos privaremos de apoyar a nuestros socios con bombardeos desde el aire o por acción directa sobre el terreno”, explicó.
Por ahora, el anuncio se refiere a la utilización de observadores en tierra para dirigir los ataques aéreos. Pero la semana pasada Estados Unidos lanzó un ataque comando en Irak en el que murió uno de sus soldados.
Fuente: La Nación Digital
Este contenido no está abierto a comentarios

