IRIBARNE, A JUSTICIA TRAS LA RENUNCIA DE ROSATTI
De urgencia, el Gobierno anunció anoche que Alberto Iribarne jurará en las próximas horas como ministro de Justicia en reemplazo de Horacio Rosatti, que, poco antes, había sorprendido al presidente Néstor Kirchner con la difusión de una carta con su renuncia.
La asunción de Iribarne, hasta ayer secretario de Seguridad Interior, inaugura una serie de cambios en el gabinete nacional que se sucederán como consecuencia de la postulación de varios funcionarios para las elecciones legislativas de octubre próximo.
Pero el caso de Rosatti descolocó al Presidente: se especulaba con su salida desde que se negó a ser candidato a diputado nacional por el PJ de Santa Fe, pero se preveía que fuera Kirchner quien manejara los tiempos.
Anoche, pasadas las 20, el vocero de Rosatti envió a los medios el texto de la dimisión. El ministro saliente acababa de entregársela en persona a Kirchner. En tres párrafos, adujo “razones personales” para su decisión y consideró que había cumplido su objetivo de “normalizar la relación entre el Poder Ejecutivo y el Poder Judicial”.
Minutos después, el jefe de Gabinete, Alberto Fernández, se mostró molesto y se negó a hacer comentarios sobre el tema en una rueda de prensa convocada para informar que el Gobierno resguardará documentación vinculada con la caída de un avión de Austral en 1997.
Pero, a las 21, Fernández volvió a aparecer en la sala de conferencias de la Casa Rosada, acompañado por Iribarne, y se formalizó el anuncio del recambio.
Kirchner tomará juramento a Iribarne hoy, a las 11. El nuevo ministro es uno de los dirigentes principales del PJ porteño y reporta directamente a Alberto Fernández, su amigo personal. Antes había actuado como segundo de Carlos Corach en Interior, durante la gestión de Carlos Menem. También fue hombre de confianza de Eduardo Duhalde, que lo nombró jefe de su campaña para la presidencia, en 1999.
La Secretaría de Seguridad quedará en manos de Luis Tibileti, hasta ahora director ejecutivo del Consejo Nacional de Seguridad Interior.
La relación entre Rosatti y Kirchner se había resentido sensiblemente en los últimos meses, según relataron fuentes cercanas a uno y a otro.
Cuando rechazó el pedido del Presidente para encabezar la boleta electoral del oficialismo en Santa Fe, Rosatti ya sabía que su futuro en el Gobierno sería escaso. Además, fuentes calificadas de la Casa Rosada aseguraron que Rosatti le pidió ir al Tribunal Penal Internacional (al cargo que dejó vacante la jueza de la Corte Carmen Argibay). Pero el Presidente se negó a ello.
El malestar de Kirchner creció la semana pasada cuando el ministro faltó al acto en conmemoración del atentado contra la AMIA. Padecía de “broncoespasmos”, se justificó por medio de un comunicado de prensa.
En esa oportunidad, el Presidente, que sí fue, tuvo que escuchar duras quejas de familiares de las víctimas por el manejo de la unidad especial del Ministerio de Justicia para investigar el ataque, a cargo de Alejandro Rúa.
Pero incluso desde antes de ese episodio y de la negativa de Rosatti a competir en las elecciones circulaba en la Casa Rosada la versión de que habría un recambio en el ministerio. Iribarne era mencionado como principal candidato a quedarse con el cargo.
Era cuestión de tiempo, entonces. La forma en que se comunicó la dimisión alimentó las presunciones de que existía una tensión previa.
Rosatti había redactado su renuncia la semana pasada, pero sólo ayer le avisó a Kirchner. Anoche, salió del despacho presidencial y de inmediato ordenó a su oficina de prensa dar a conocer la carta completa. Privó así al Gobierno de la posibilidad de decidir cuándo y cómo informar sobre la modificación en el gabinete.
“La presente dimisión se funda en razones personales y en la convicción de que tales razones pueden ahora prevalecer sobre las responsabilidades públicas -dice la carta-, por haber cumplido el objetivo de normalizar la relación entre el Poder Ejecutivo y el Poder Judicial de la Nación en un marco de respeto a la independencia de los jueces.”
Cerca de la medianoche, Rosatti dijo a LA NACION que esos motivos personales eran los mismos que le habían hecho rechazar la candidatura a diputado. “Necesito pasar más tiempo con mi familia”, afirmó. Además, negó que se hubiese resentido su relación con Kirchner. “Le expliqué mi situación y nos despedimos con un abrazo”, relató.
De confianza
Iribarne corrió desde la Secretaría de Seguridad hasta la Casa Rosada y se reunió con el Presidente para ajustar los detalles de su mudanza. Para Kirchner es un dirigente de confianza: al asumir lo había designado director de la Sindicatura General de la Nación y luego le encargó el área de Seguridad en un momento crítico.
Algo nervioso, Iribarne se sentó junto al jefe de Gabinete en el salón de conferencias de la Casa Rosada para su presentación formal como ministro. Prometió hablar con los periodistas tras la investidura en el cargo.
Dijo Fernández: “Simplemente se le ha pedido a Iribarne que siga con la tarea de avanzar en el terreno de forjar relaciones correctas entre ambos poderes, teniendo en cuenta siempre las características de la República y la independencia de los poderes”.
No dio más precisiones. Recordó que todavía quedan muchos cargos por cubrir en la Justicia (entre ellos un sillón de la Corte Suprema) y que el Gobierno aspira a “conseguir el afianzamiento pleno de los derechos humanos, algo que también está en la órbita del ministerio”. Los dos se fueron rápidamente.
Iribarne y Rosatti habían asumido juntos, hace un año. Reemplazaron a Norberto Quantín y a Gustavo Beliz, respectivamente, al final de uno de los momentos de mayor tensión en el gabinete de Kirchner.
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