ISRAEL ANUNCIÓ QUE EN 10 DÍAS COMPLETARÁ SU RETIRO DEL LÍBANO
El panorama que comienza a surgir en la frontera binacional puede parecer cualquier cosa menos confortable. El principal desafío es el delicado balance que requiere el traspaso del poder efectivo de la zona donde se disputó la guerra al sur de Líbano en medio de la creciente percepción de que la milicia de Hezbollah continuará ahí, con su arsenal alistado. Y eso se estaría dando con el acuerdo secreto del gobierno de Beirut.
El jefe de las fuerzas armadas israelíes, Dan Halutz, posiblemente la primera baja política que causará el desenlace del conflicto, anunció ayer que sus tropas se habrán retirado completamente del área en una semana, quizá diez días como máximo.
El lunes a primera hora comenzó a ejecutarse el cese del fuego ordenado por unanimidad por el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas y que se ha venido desarrollando con algunos incidentes pero según lo planificado.
Israel colocó en el lugar más de 30.000 hombres, con dos regimientos de reservistas. Fuentes militares de ese país, que ampliaron las declaraciones del máximo jefe castrense, dijeron que antes de la mitad de la semana entrante se espera que el 80 por ciento de los reservistas ya hayan vuelto a casa. El resto y los soldados conscriptos se irán marchando en las siguientes horas.
Las tropas del ejército libanés —en total, unas 15.000— ya están siendo desplazadas hacia el norte del Río Litani, a unos 20 kilómetros en su curso más alto desde la frontera binacional, donde llegarán en 48 horas para ir tomando luego las posiciones que dejará Israel. Ese esfuerzo se realizará con efectivos internacionales al comando de las Naciones Unidas que se espera también alcancen igual número que los libaneses.
Se informó ayer aquí que ya hay en el terreno unos 2.000 soldados franceses que llegaron a Líbano originalmente para colaborar en las tareas de rescate de los ciudadanos de ese país que quedaron atrapados en la guerra iniciada a mediados de julio.
Sin embargo, este trámite dista mucho de lo fijado en los papeles. El ministro de Defensa de Líbano, Elias Murr, aseguró ayer que sus hombres permanecerán en principio al norte del río Litani para decidir en qué momento cruzan hacia el sur y negó que su función sea desarmar a Hezbollah (Ver La tarea del…).
La visión en general en Líbano, cuyo gobierno incluye a dos ministros de la organización ultraislámica, es que Israel perdió esta guerra y desde ese lugar político están reaccionado. El ejército de ese país, además, es conducido por un general designado por el presidente libanés, Emile Lahoud, quien tiene públicas simpatías por el grupo guerrillero. Incluso ayer el mandatario sostuvo una festiva conversación telefónica con el presidente iraní Mahmoud Ahmadineyad, quien lo llamó para felicitarlo “por la victoria”. Lahoud, a su vez, agradeció a su colega por “el total apoyo de Irán brindado al pueblo libanés”.
Esa conversación difundida por la agencia iraní Irna, se produjo a tono con una reacción generalizada en el mundo árabe que viene celebrando, desde el cese del fuego, lo que consideran una derrota inapelable de Israel que no pudo lograr sus objetivos.
Como réplica a esa visión, el vicepremier israelí Shimon Peres intentó enfatizar la idea de las pérdidas de Hezbollah. Al hablar en Washington, dijo que las fuerzas armadas de Israel provocaron la muerte de 600 sobre un total de 2.500 milicianos de esa agrupación shiíta.
Según el diario árabe editado en Londres Al Hayat, hay un acuerdo entre el gobierno de Líbano y la guerrilla del jeque Hassan Nasrrallah para que esa organización preserve sus armas al sur del río Litani.
Si esa información es correcta, la guerra tampoco habrá servido para empujar hacia el norte a la desafiante milicia ultraislámica que tiene aún en su poder a dos soldados israelíes que capturó en una acción comando el 12 de julio y que desató la guerra. No es claro aún cuándo serán reintegrados ambos militares ni tampoco cuál es su estado de salud.
Por lo demás, si Hezbollah mantiene su poder de fuego aunque oculto en el sur, se violaría uno la resolución de la ONU, que precisó que sólo el ejército libanés y la fuerza de interposición internacional tienen exclusivo uso de las armas en la región.
Este panorama alimenta el escepticismo de los israelíes, que asisten hoy a una creciente polémica sobre el sentido de la guerra y especialmente la forma en que fue decidida y conducida.
Sin embargo, el ministro de Defensa israelí, Amir Peretz, dio anoche un indicio sobre un futuro posible. Afirmó que la guerra podría haber creado “una nueva oportunidad” para un renovado diálogo con los palestinos y potencialmente también con Siria.
La situación para los libaneses tampoco es sencilla. Israel lanzó ayer una lluvia de papeles sobre las dos orillas del Litani, para pedir a la gente que no regrese enseguida a sus casas. Sostiene que deben hacerlo cuando las fuerzas de interposición estén desplegadas y advierte del peligro de minas y bombas aún activas.
Pero los libaneses no quieren esperar. No sólo por la dramática situación que en general vive un refugiado, sino por un temor acendrado de que, si demoran en llegar a sus casas, pueden perderlas a manos de otros que pudieran ocuparlas.
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