"ISRAEL DEBE ESTAR LISTO PARA MÁS LÁGRIMAS, DOLOR Y SANGRE"
El premier Ehud Olmert salió ayer a intentar poner orden a un panorama cruzado por versiones contradictorias entre una suspensión de los bombardeos que se volvió relativa, la aspiración de la cancillería de EE.UU. de un cese del fuego “esta semana” y su propia necesidad de mostrarse firme bajo una lluvia mundial de críticas.
“No hay alto el fuego ni lo habrá en los próximos días. La lucha continúa”, afirmó en un discurso al país desde Tel Aviv ante los alcaldes del norte bombardeado por los katiusha. Y en un remedo de célebre mensaje de Winston Churchill de mayo de 1940, le dijo a los israelíes: “Debemos estar listos para más lágrimas, dolor y sangre”. El término del conflicto será “cuando la amenaza de los misiles sea removida, los dos soldados (capturados por la milicia), liberados y ustedes puedan vivir con seguridad”.
Para que quede claro subrayó que Israel afronta “no pocos días de batalla” y justificó: “No podemos permitir que la organización terrorista se fortalezca en nuestras fronteras consiguiendo más misiles hasta que llegue el día que cause un daño sin precedentes”. A la medianoche, el gabinete votó por ampliar la ofensiva terrestre, con el fin de hacer retroceder a Hezbollah hasta el río Litani.
Ese texto tuvo otros destinatarios aparte de la sociedad local. La canciller de EE.UU. Condoleezza Rice, quien viajó ayer de regreso a Washington, había afirmado sorpresivamente y, por lo que parece, sin acuerdo del gobierno israelí, que “tengo el convencimiento de que podemos lograr dos cosas esta semana: alto el fuego y solución duradera”.
Pareció demasiado para Olmert, vapuleado por un duro castigo internacional debido a la masacre de 37 niños y 20 adultos en Qana y la ausencia visible de resultados militares tangibles que permitan respaldar públicamente un cese de las hostilidades.
El planteo de Rice tampoco parecía sobrevivir en Washington, donde George Bush volvió a reivindicar el derecho de Israel a defenderse, sostuvo que se debe arribar a “una paz duradera” pero omitió referencia a fechas.
Este no es un litigio menor. Olmert le planteó el domingo a Rice, después del desastre de Qana, que su Ejército necesita al menos diez días o dos semanas para terminar la operación destinada a quebrar el poderío de la guerrilla de Hezbollah. Después de esa afirmación tajante, la canciller anunció su regreso anticipado, pero luego decidió permanecer y durante una cena de 90 minutos obtuvo del premier su acuerdo para una suspensión de los bombardeos por 48 horas. Ayer esa condición se trastocó y, aunque se redujo la intensidad, los aviones volvieron a atacar.
Pero el mayor despliegue de la jornada fue en la batalla terrestre que arreció en distintos puntos de la frontera con un saldo que no quedó claro inmediatamente.
Este enviado pudo observar en el límite norte, en torno a la ciudad fronteriza de Metula, un impresionante despliegue de unidades blindadas y piezas de artillería así como un gran número de efectivos. Todo el día se escucharon los estruendos de los obuses disparados hacia el territorio libanés. La operación parece destinada a cumplir el compromiso formulado este fin de semana de crear una zona de seguridad de dos kilómetros en la frontera libanesa liberada de cualquier acción de los rebeldes.
Mientras la infantería de dos brigadas combatía arduamente en Taibe, a tres kilómetros de la frontera, contra efectivos de la milicia, los artilleros sacudían un cordón de pequeñas aldeas que, según los oficiales de campos, serían refugios de la guerrilla del jeque Nasrrallah.
La sangrienta batalla por el bastión de Bint Jbeil, considerado la capital de Hezbollah, en el sur de Líbano, se había saldado ya este fin de semana con un intenso bombardeo que redujo a escombros gran parte de la ciudad.
Sin embargo la radio de la organización, escuchada por este enviado, aseguró con el trasfondo de marchas militares y poemas guerreros, que la milicia había logrado destruir cinco tanques, dos bulldozers y un jeep. Y mató a media docena de soldados.
Pero Israel negó todo excepto que hubo un ataque a un tanque y tres soldados resultaron heridos en Taibe. Pero particularmente desmintió una insistente información propalada por Hezbollah sobre que sus misiles impactaron en una corbeta israelí Saar 4.5 con medio centenar de tripulantes. Esa versión provocó en Beirut festejos por más de diez minutos con disparos al aire.
Un vocero del Ejército se limitó a sostener que “esas informaciones sencillamente no son verdad”. Hezbollah había sostenido que el ataque al navío era la venganza por la masacre de Qana que prometió públicamente el domingo el jeque Hassan Nasrallah.
Ayer no hubo la virulencia de los bombardeos con misiles en el norte del país como sucedió en las últimas jornadas. El motivo puede deberse a una debilidad logística de la guerrilla debido al incesante fuego recibido, o a la decisión estratégica de no golpear para que el foco internacional continúe sobre Israel por los efectos causados por el bombardeo al refugio libanés.
Ese episodio produjo ayer un intenso debate que incluso acabó con un diputado árabe israelí expulsado del Parlamento (Knesset) cuando le gritó “asesino de niños” al ministro de Defensa Amir Peretz en momentos que informaba a la Cámara sobre ese hecho.
El ministro dijo que el ataque fue resultado de una trampa de Hezbollah que “opera desde el corazón de centros poblados sabiendo que los pone en peligro”.
El domingo, incluso, el jefe de la aviación Amir Eshel había sostenido su extrañeza entre el momento del ataque y las horas que pasaron hasta que se supo el resultado, sugiriendo que pudo haber habido explosivos en el edificio o algún otro tipo de sospechosos desarrollo.
Pero organizaciones como Amnistía Internacional discutieron todo el discurso. “No descubrimos ninguna prueba determinante de un uso de poblaciones civiles como escucho humano”, dijo esa ONG.
Y Human Rights Watch afirmó que “constatamos sitios de lanzamiento de cohetes cerca de poblados pero no en la magnitud que dice Israel”.
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