ISRAEL SUFRIÓ EL PEOR DÍA DE ATAQUES: HUBO 15 MUERTOS
El bosque está en llamas. Aquí y en la cercana Kyriat Shmona una nube gris con intenso olor a madera lo cubre todo. Un frente de fuego impresionante de más de quince metros de ancho en un pinar al otro lado de una quebrada con llamaradas rojas e inmensas, preside desde lo alto una ceremonia desordenada y tensa de periodistas, bomberos, policías y soldados desparramados, todos frente a un cementerio judío, prolijo, amplio y arbolado, en Kfar Giladi. En una de las calles adyacentes del camposanto, una andanada de cohetes Katiushas de la guerrilla de Hezbollah impactó de lleno sobre una reunión de soldados reservistas. Mató a diez instantáneamente y a dos momentos después cuando eran atendidos. Otros 12 están heridos, dos de gravedad.
Fue el peor ataque de este tipo contra militares desde el inicio de la guerra el 12 de julio. Pero ayer fue un día de records mortíferos en este país. En Haifa, la tercera ciudad de Israel, otra oleada de ataques, demolió un edificio de cuatro pisos, mató a tres personas, dejó un centenar de heridos y quebró los cimientos de otras dos construcciones. Son todos testimonios —15 muertos en un solo día— de una guerra que crece y que esta cada vez más cerca por su potencia y poder destructivo.
Los soldados de la reserva, todos civiles, llamados a servicio con urgencia para reforzar la invasión con diez mil hombres que lanzó Israel la semana pasada sobre el sur de Líbano, se habían alistado apenas 24 horas antes de encontrar la muerte, dijeron a este enviado fuentes militares. El lugar donde recibieron la descarga de los Katiushas era el de concentración, indicado por el alto mando, hasta ingresar por la cercana frontera binacional para tomar rumbo a la batalla en las aldeas del sur de ese país.
El grueso de los soldados estaba haciendo tiempo a bordo y alrededor de dos autos en un estacionamiento junto al cementerio, frente a una larga hilera de tumbas. Antes de que pudieran advertirlo, cayeron los misiles y los automóviles quedaron convertidos en una chatarra incolora. Los que estaban dentro y alrededor recibieron la parte principal de la carga de municiones y explosivos de los bólidos.
Cuando llegaron los servicios de urgencia, ambulancias y una autobomba, junto a los cuerpos había esparcidas botas con sangre, una de ellas retorcida por el impacto, con el cordón aún atado, humeaba desde adentro, sola, sin el otro par, en un costado del camino a donde la tiró la explosión. El enorme fuego enfrente, lo causaron los misiles que se desparramaron sobre el lugar, golpeando en decenas de sitios, también en el pinar. Un oficial militar, que pidió no ser identificado porque no está autorizado a dar declaraciones, cuenta a Clarín que no se entiende lo qué sucedió. “La alarma sonó con mucha antelación al bombardeo. Todos los civiles se fueron a los refugios. Pero ellos siguieron charlando. No le dieron importancia. Esto nunca había sucedido antes”, cuenta a borbotones.
Los cuerpos fueron colocados en un pequeño sector con césped, cubiertos cada uno con unas capas de plástico verdes oscuras. Un helicóptero llegó para cargar a los heridos. “Fue un golpe directo a la gente. Nunca había visto semejante cosa antes”, dice el general Dan Ronen a cargo de la Policía en el Distrito Norte. Los reservistas que no sufrieron daños estaban en silencio, unos junto a otros, impactados. Un hombre de unos 30 años con el fusil colgándole del cuello más que del hombro giraba mirando y dándose vuelta, incrédulo. Y se tomaba la cara, llorando.
A las horas en que se producía la última parte del operativo de rescate, con una grúa que cargaba la chatarra de los dos autos desintegrados, nuevamente sonó la alarma y la voz de advertencia por los parlantes demandando con insistencia marchar a los refugios. Nadie se movió de allí, ni soldados, ni policías, ni periodistas. En el fondo, mientras el pinar ardía, se escuchaba el retumbe de la artillería que volvía a disparar sobre las aldeas del Líbano.
El ataque en Haifa fue el más espectacular que sufrió esa ciudad. No sólo por el número de muertos, ya hubo ocho en una sola jornada al comenzar la guerra, pero sí por el daño impresionante y de peso psicológico que produjo la andanada. El principal golpe de los cohetes se produjo en una barriada pobre, con pobladores muy concentrados y donde no hay refugios en los edificios. Son en general barrios de árabes-israelíes, un sector que explica casi la mitad de los 36 muertos civiles que ha dejado esta guerra en el norte israelí.
El ataque dejó un saldo de una montaña de escombros bajo una nube de polvo. Los rescatistas debieron retirar parte por parte de las paredes y techos derrumbados para liberar a la gente que quedó atrapada. Fueron seis misiles que hicieron impacto directo. Otros cohetes siguieron cayendo en la ciudad y hubo alerta de bomba en media docena de ciudades del norte de Israel, pero no se registraron más víctimas.
El tremendo episodio en Kfar Giladi y Haifa, pasó a un segundo plano el nuevo capítulo de la guerra que se continuaba librando a todo lo largo de la frontera binacional. Fue una de las jornadas de mayor bombardeo por parte de los cazas israelíes en un esfuerzo para quebrar la dura resistencia de la milicia ultraislámica. Naves de guerra de Israel atacaron con misiles el sur de Beirut, y hubo una tanda incesante de obuses al sur del río Litani.
La guerrilla de Hezbollah anunció que perdió tres militantes, con lo que, según sus cálculos, elevó a 51 el número de sus muertos, contra las más de 400 bajas que el Ejército israelí sostiene que le ha causado hasta ahora a su enemigo ultraislámico.
Este ruido incesante de guerra y de muertos parecía no llegar ayer a los foros diplomáticos donde no se avanzaba con un cese del fuego necesario y urgente. Líbano rechazó en toda la línea la propuesta franco-norteamericana porque ni frena la guerra, ni resuelve el retiro del sur de ese país, ni da otras garantías. La canciller norteamericana, Condoleezza Rice, proclamó que se debe llegar a un fin inmediato de la violencia en 48 horas. Pero el embajador israelí en Washington resumió en palabras sencillas: “Israel luchará hasta que sus soldados sean liberados”.
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