ITALILA: PREMIO A MADRES EUROPEAS QUE TENGAN UN SEGUNDO HIJO.
De acuerdo con un proyecto parlamentario, si una joven argentina con residencia legal en Italia queda embarazada, recibirá 1.500 euros (unos 1.800 dólares) si vende su hijo al Estado para que sea adoptado, tras declarar que no va a abortar, pero ni un centavo si decide tenerlo y criarlo.
Un subsidio, vigente desde el lunes 1º de diciembre, premia con 1.000 euros (1.200 dólares) a las mujeres que hacen nacer por lo menos un segundo vástago, pero excluye discriminatoriamente a las madres no europeas.
Estas novedades inquietantes fueron anunciadas a la opinión pública en el marco de la lucha contra el envejecimiento de la población. Italia es uno de los países más viejos del mundo (el primero es Japón) y la situación se agrava (ver Las italianas…).
El llamado “proyecto antiaborto” fue firmado por parlamentarios de la mayoría de centroderecha pero también por legisladores de la oposición de centroizquierda. Algunos se muestran arrepentidos y hasta hay maniobras para parar el proyecto.
El aborto es legal en Italia por expreso deseo de más del 60% de sus habitantes, que lo votaron en un referéndum hace más de veinte años. Para practicar la interrupción de la maternidad es necesario que una mujer se presente exclusivamente en consultorios públicos dentro de los 90 días del comienzo del embarazo.
El proyecto establece un cambio antiabortista, pero lo grave es que incita a una mujer tal vez en duras condiciones de miseria, como es el caso de muchas inmigrantes no europeas, a ponerse bajo el amparo del subsidio a cambio de una renuncia irrevocable a la patria potestad.
“Es una verdadera vergüenza”, protestó la diputada Alessandra Mussolini, que en estos días está en el centro de la atención de todos por sus peleas en el área de los ex neofascistas con el vicepresidente del gobierno, Gianfranco Fini, y en defensa de la memoria de su abuelo, el dictador Benito.
La ex secretaria de Estado del gobierno de centroizquierda, Livia Turco, también rechazó el proyecto “porque monetiza la maternidad”.
Volviendo al ejemplo de una joven argentina, la alternativa es cero, mientras que si fuera italiana o ciudadana de uno de los países de la Unión Europea el Estado italiano le brindaría, a partir de su segundo hijo, un subsidio equivalente a 1.200 dólares.
Livia Turco puso el ejemplo de un riquísimo industrial italiano cuya esposa ha tenido un segundo bebé y que tiene derecho al subsidio, mientras que su empleada doméstica africana no tiene derecho a nada.
El ministro del Bienestar, Roberto Maroni, dijo que la medida tiene el propósito de revitalizar los nacimientos y que si demuestra su eficacia —por ahora estará en vigor sólo un año—, será extendido en forma permanente e incluirá también al primer hijo.
Pero nada para los “extracomunitarios”. Sus hijos no son considerados por Italia, al parecer, un patrimonio para una nación que necesita a estos nuevos italianos.
La oposición protestó por esta exclusión, por el hecho de que los subsidios salieron del fondo para los desocupados y porque tienen una duración limitada.
Pero el ministro Roberto Maroni se mostró contento en Bruselas “de ser el padrino de tantos bebés”, por supuesto cien por ciento europeos.
La Liga Norte de Maroni, cuyo líder es el ministro Umberto Bossi, es acusada de xenófoba, racista y hasta hace un tiempo de secesionista. La Liga se proclama ahora en favor del catolicismo tradicionalista y ha presentado un proyecto de ley constitucional en el que la República italiana “reconoce el propio fundamento espiritual en el patrimonio religioso cristiano” porque es fundamental “frente a la masiva inmigración islámica”.
Hace unos días, el senador de la Liga Piergiorgio Stiffoni dijo que con los inmigrantes había que usar los hornos crematorios. Esta alusión, de hitleriana memoria, la completó así: “El inmigrante no es mi hermano, tiene un color de piel distinto”. Ayer, la justicia italiana decidió moverse y procesarlo por incitación a la discriminación racial e instigación al genocidio.
Su partido, que forma parte del gobierno conservador del primer ministro Silvio Berlusconi, hasta ahora no ha pronunciado una palabra de condena.
Aunque 1.200 dólares puedan parecer mucho dinero en la Argentina, en Italia el nivel de vida es alto pero el costo de vivir sube más rápido que los ingresos de las clases populares. Varias jóvenes madres consultadas dijeron que el subsidio debía ser anual para tener un mínimo de eficacia, porque mantener un bebé cuesta mucho dinero.
La disposición del ministro Maroni establece que serán las mujeres las que deberán pedir el subsidio en su municipio de residencia dentro de los 30 días de nacimiento de su hijo, que debe ser por lo menos el segundo, para poder cobrar la contribución.
Este contenido no está abierto a comentarios

