JAIME DRI: "LOS PROCESOS HISTÓRICOS NUNCA QUEDAN IMPUNES"
Jaime Dri ya no fuma los Jockey que recibía como una bendición allá por 1977, cuando estaba detenido en la Quinta de Funes y los represores del Ejército apostaban a convencerlo de entregar a sus compañeros montoneros que no habían caído y seguían en la lucha. Dri no peina canas porque es pelado, pero ya pasó los 60 y habla pausado, con el aplomo que dan los años. Aunque la calvicie y el aplomo de Dri no son nuevos: ya en aquellos años duros de la dictadura le decían el Pelado y era reconocido por propios y extraños como un hombre con fuertes convicciones. De hecho, soportó sin delatar a nadie la tortura en Uruguay, donde fue detenido, y en la Esma. Aguantó también el posterior juego de presión y seducción al que sometían a los detenidos tanto los efectivos de la Marina como los del Ejército. Y finalmente se fugó hacia el Paraguay.
Dri es el único sobreviviente de aquel grupo de montoneros que sufrió el encierro en la Quinta de Funes, y por eso el testimonio que brindó en Rosario el 15 de diciembre pasado, que incluyó la recorrida y el reconocimiento de los lugares en los que estuvo detenido, es clave para el avance de la causa judicial que investiga la represión de la dictadura en esta zona.
Ahora, a casi treinta años de aquellos meses de horror y sentado en una mesa de la vereda de un bar de Buenos Aires, escenario que eligió para su charla con El Ciudadano, el Pelado dice: “Entrar a la Quinta de Funes y entrar con la frente en alto, y entrar libre y poder sentir que pude burlar el haber estado prisionero allí, es una sensación de reivindicación y, de alguna forma, de decir presente incluyendo a todos los ausentes. Porque me pasaron por la mente todos los compañeros que estuvieron conmigo allí en la Quinta de Funes, en La Intermedia, en la escuela Magnasco”.
Dri relata que la del 15 de diciembre fue la única vez que volvió a ver por dentro los lugares en los que estuvo detenido. Pero recuerda que en 1995 viajó a Rosario desde Panamá, donde vive hace varios años, y volvió a ver, desde afuera, la escuela Magnasco y La Intermedia: “Aquella vez también pasamos por Funes, pero yo no tenía la dirección y no pude llegar a la Quinta. Ahora sí pude hacerlo, porque me llevaron”, cuenta. “En el 95 por primera vez vinimos con mi compañera y con los hijos, porque ellos habían estado secuestrados en Rosario con anterioridad a mi caída y mi fuga y habían salido también en el marco del absoluto terror. Ellos estuvieron en la Policía de Menores en Rosario, vino un familiar de afuera a buscarlos y se fueron sin tener explicaciones.
Entonces la idea era que vinieran, reconocieran su tierra, reconocieran su patria, el lugar donde nacieron, los amigos, los lugares donde habían vivido”, explica.
La compañera de Dri, Olimpia, es una morena panameña con la que el Pelado comparte sus días desde fines de los 60, cuando estudiaba y militaba en Resistencia, Chaco. Y “los hijos”, sus hijos, se llaman Vanesa y Fernando y eran muy pequeños cuando fueron secuestrados en Rosario, a donde el Pelado y su familia habían llegado desde Resistencia en setiembre de 1975 cumpliendo una orden de la conducción de Montoneros. Dri había sido electo diputado provincial en el Chaco en el 73 y estaba en pleno mandato, pero ya había resuelto pasar a la clandestinidad y transformarse en un soldado más de la organización político-militar que había surgido de la Juventud Peronista. Eran otros tiempos políticos. Los cargos, las chapas, las bancas legislativas no importaban mucho. El esfuerzo de los militantes no apuntaba a conseguir un cargo. El anhelo era hacer la revolución, lograr la liberación nacional, volver a la justicia social. Y en eso se jugaban la vida. También por orden de la organización, Dri abandonó Rosario a mediados del 77 y pasó a formar parte del consejo superior del Movimiento Peronista Montonero.
Las precauciones y la vida por Perón
Con Olimpia, Vanesa y Fernando, Jaime discutió qué hacer ante el llamado de un juzgado de Rosario para declarar como testigo de la represión de la dictadura. “Con todo lo que ya hiciste, no podés dejar de ir, pero cuidate”, le dijo Fernando a su padre. Es que las noticias que llegaban de Rosario no eran alentadoras: estaban las intimidaciones y amenazas a militantes de derechos humanos. Por eso, Dri llegó a declarar en secreto y con la custodia que pidió al gobierno nacional. Ni los funcionarios judiciales ni los abogados del Equipo Jurídico de Derechos Humanos supieron que iba a venir hasta el día en que llegó. “Es un poco como el gato quemado con la leche. Con la experiencia que hemos tenido, con las condiciones que hemos pasado en todos los años de la represión, consideramos que había que tomar medidas de seguridad.
Máxime cuando en la prensa, en esos días en que desde el juzgado me llamaron para que fuera a declarar, salía que habían atentado contra militantes de derechos humanos, contra familiares de compañeros que habían estado conmigo detenidos. Aparentemente los grupos represivos no están totalmente desmantelados, o por lo menos tienen determinado tipo de capacidad de respuesta. Entonces no consideré conveniente informarle a ellos el día que yo iba a ir a declarar”, explica el Pelado.
De todos modos, confirma que va a volver cada vez que el desarrollo de la causa judicial lo requiera. “Porque es un compromiso que tenemos con la historia y con el pueblo. Nos hacemos responsables de que hemos sido actores en un momento histórico y estamos dispuestos a aportar todos los elementos que podamos para esclarecer esa historia. Y confiamos en que estos procesos van a ser esclarecedores de la historia”, señala el ex militante.
Es que Dri vive entre feliz y asombrado esta nueva instancia de juzgamiento de los represores posibilitada por la anulación de las leyes de impunidad impulsada por el gobierno nacional tras años de reclamo de los organismos de defensa de los derechos humanos. “Racionalmente podía pensar que esto se iba a dar, pero no sabía si iba a llegar vivo”, dice. Y se explaya: “Uno cuando piensa en términos históricos sabe que esto se tiene que dar. Racionalmente lo sabemos, y podemos verlo en la historia argentina: Perón fue destituido, lo expatriaron, le quitaron la nacionalidad, le quitaron el grado de general; Aramuburu fusiló a los compañeros en los basurales de José León Suárez, hubo una masacre, intervención a sindicatos, proscripción; y después Perón, a los equis años, muere como general de la Patria, con todos los honores, como padre de los argentinos y como presidente de la República. Nunca los procesos pueden quedar impunes”.
Dri, queda claro, fue peronista antes que montonero. No cabe preguntarle por las teorías del “entrismo” o los “infiltrados” de izquierda.
El juicio, la historia
El Pelado insiste en remarcar la importancia de la investigación judicial en marcha “no sólo para que se haga justicia con todo lo que significó la represión y la violación a todos los derechos fundamentales de la vida del pueblo argentino”. Lo que más lo entusiasma, lo que le parece “fundamental”, es que “se puedan esclarecer los hechos en una forma seria, porque ningún pueblo puede construirse negando, mintiendo, trampeando la historia con las leyes de obediencia debida o punto final, con eso de olvidémonos y sigamos para adelante. Yo estoy de acuerdo: tenemos que llegar a una síntesis y a un acuerdo entre argentinos para construir una sociedad donde desaparezcan los odios; pero para eso tenemos que clarificar, no podemos tapar y engañarnos, porque siempre esas heridas vuelven a aparecer. Hay que hacer una síntesis histórica y por eso me parece fundamental que se ponga claridad y se establezcan las responsabilidades de cada uno de los actores de la época histórica nuestra, para que realmente podamos construir una sociedad con valores. Una sociedad más justa no puede ser una sociedad destruida, sin valores, totalmente inequitativa; no hace falta más que ver lo que sucede actualmente”.
Dri admite que vive esta instancia de juzgamiento con mucha intensidad en el plano personal –“este hecho de venir a declarar ahora en un juicio es una continuidad de la militancia, la fuga como prisionero y la denuncia; y afortunadamente estoy vivo para seguir aportando”, señala–, pero a la vez insiste en la importancia de que “el pueblo sepa qué papel jugaron los represores, cuál es su responsabilidad en el marco de la represión; y que haya claridad respecto del proceso histórico que hemos vivido”.
Recuerdo de la vida
El único sobreviviente de la Quinta de Funes cumplió largamente con su responsabilidad de denunciar el horror del que fue testigo y víctima. Allí están el libro Recuerdo de la muerte, que escribió Miguel Bonasso a partir del relato de Dri y su compañera; la conferencia de prensa que dio en París en 1978, después de la fuga; la declaración en el juicio a las juntas militares y, ahora, el proceso judicial en marcha en Rosario. Pero en el brillo de sus ojos se nota que le sienta mucho mejor que recordar la represión la propuesta de hablar un poco de lo previo al horror, de los días de los 60 y los 70 en los que el sueño de la patria liberada alimentado por él y sus compañeros de militancia contaba con la adhesión de la gran mayoría del pueblo argentino. “En el libro Recuerdo de la muerte lo que hicimos es denunciar lo que era la represión ilegal y lo que hacía la dictadura con los militantes populares, pero creo que todo lo anterior es una parte que habrá que contarla, transmitirla. Esos años de militancia han sido años de un gran entusiasmo, de ganas de vivir, de ganas de construir una sociedad más justa. Los minutos que vivíamos eran minutos intensos. Eran años intensos y eran años de mucha alegría, no eran años de muerte. Eran tiempos de esperanza, de toda una generación, de nuestra juventud, que realmente soñaba con una sociedad diferente a ésta”, recuerda el Pelado. Y son aquellos sueños, y la vuelta de la esperanza que dice notar ahora en los argentinos, el tema de la charla una vez que se apaga el grabador.
CABALLO DE CARRERA
Jaime Dri nació en Chajarí, Entre Ríos. Pero su historia política comienza a escribirse en Resistencia, Chaco, donde estudió hasta recibirse de contador, e incluye dos años de presencia, ya en la clandestinidad, en Rosario, donde vivió en once casas distintas. Apenas llegado a Rosario, Dri ingresó como obrero a una pequeña empresa constructora y trabajó varios días en el cementerio El Salvador, pero abandonó abruptamente su empleo cuando en enero de 1977 secuestraron a sus hijos. Unos días después del secuestro de los chicos, el Pelado se cruza en la calle, de casualidad, con el dueño de la empresa que le había dado empleo. Y en lugar de esquivar el encuentro, encaró a su ex patrón: “Lo paré para decirle que tenía que darle una explicación de por qué no fui más a trabajar. Le dije que yo era montonero, que habían secuestrado a mis hijos”, recuerda Dri. Una vez superado su asombro por la novedad, el dueño de la empresa le respondió: “Ya me parecía que vos eras un caballo de carrera, no un obrero más”. Y cerró la charla con un consejo: “Cuidate, que no te agarren”.
“Hay esperanza; se puede llegar a una sociedad diferente”
En los últimos años Jaime Dri se negó sistemáticamente a los pedidos de notas periodísticas de la prensa argentina, temeroso de que sus dichos se tergiversaran y su aparición en los medios pudiera ser interpretada como un intento de volver a la participación política en el ámbito nacional. “Además, al no estar en el país, no es mucho lo que yo pueda decir”, explica. De todos modos, y aclarando que el hecho de que haya aceptado el diálogo con este diario no implica que esté pensando en volver, accede a opinar que nota un cambio desde fines del 2002, cuando estuvo en la Argentina visitando amigos y parientes, hasta estos días, en los que volvió con su compañera para declarar en Rosario y aprovechó para repetir el encuentro con sus afectos: “Vemos que indiscutiblemente soplan otros vientos, que el estado de ánimo que percibíamos es distinto al de ahora. Hay esperanza, y creo que cuando hay esperanza se pueden construir cosas. Frente a una situación de no creer en nada, de sentir que se está indefenso, creemos que hoy en el conjunto del pueblo se vive la esperanza, y a partir de ahí se podrá construir una sociedad diferente”, dice el sobreviviente de la Quinta De Funes. “Es en este marco que se está rescatando la historia y se busca esclarecer los hechos del pasado”, remarca después.
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