Jardín de la Patagonia
Por vicisitudes de viajero, habíamos omitido un recorrido por uno de los lugares más pintorescos del camino de los 7 Lagos. Volvimos por un día a Villa La Angostura para enmendar la falta. Y aquí sí que se nota que la temporada baja se avecina como una maldición para los comercios sobre una parte de la Patagonia. La mayoría tiene pocos visitantes y los precios se parecen más a lo que un clase media argentino puede pagar.
La Angostura es la última ciudad de Neuquén sobre la zona andina. Es una aldea de montaña de edificaciones más bien modernas (fue fundada recién en 1932) y constituye un refugio acorde a los que eligen eludir el ruido de sus vecinas San Martín de Los Andes y Bariloche. En medio de estos centros turísticos, pero con una cantidad de habitantes sensiblemente menor, sabe cómo hacer para que el que llega no se quiera ir pronto.
Los deportes de montaña, la nieve casi permanente en el Cerro Bayo y las excursiones hacia la isla Victoria son las atracciones mayores. Pero eso sí, Angostura debe competir con sus mencionadas vecinas, que también venden en los paquetes turísticos los recorridos por la zona. A los comerciantes no les importa tanto quién traiga el turismo, lo importante es que venga, máxima ahora, que hay poca gente.
Con el tiempo, la Villa que tiene una mirada de privilegio hacia el Nahuel Huapi, playas inmejorables en el Lago Correntoso y el tradicional estilo Bustillo en buena parte de sus construcciones, ha ido creciendo hacia los bordes del lago. Así han aparecido barrios adyacentes como puerto Manzano, exclusivos, cerrados en sus áreas principales, donde los residentes o propietarios –como por ejemplo Amalita de Fortabat- tienen cercos como para alejar a los más bulliciosos.
Algunos ven con preocupación la tala que ha diezmado el monte para la construcción de tantas barriadas. Sin embargo, esa no parece ser la preocupación de los nuevos inversores, que inclusive se han dado el gusto de hacer cerrar algunos campings para no codearse con el público de “jerarquía menor” que los frecuenta. Toda una postal de la Patagonia y de sus nuevos dueños.
Otra opción en La Angostura es la caminata hacia el bosque de Arrayanes de la Isla Victoria. Pero para eso hay que estar bien preparado porque son 12 kilómetros intensos. Si el sacrificio no es lo suyo, puede hacerlo a bordo de los catamaranes que parten de los muelles de las bahías que forma el Nahuel Huapi y tampoco estará nada mal. Justamente allí se puede ver el casco histórico de una ciudad que, como la mayoría de la zona, no para de crecer.
Este contenido no está abierto a comentarios

