JEFE DE UNA SUBCOMISARÍA PROCESADO POR LA JUSTICIA
El 21 de mayo de 2003, el juez de Instrucción Julio César Costa procesó al policía José Luis Mendoza por los presuntos delitos de apremios ilegales reiterados (en cuatro oportunidades) y falsedad ideológica de instrumento público reiterada (en tres hechos).
En aquel momento, el magistrado consideró que existían elementos suficientes como para sospechar firmemente que el uniformado había participado en sesiones de golpes a detenidos, mientras se desempeñaba como jefe de la comisaría 19 de Sauce Viejo. De hecho, este policía sigue procesado y su caso está ahora en manos de un juez de sentencia.
Sin embargo, y a pesar del grado de sospecha que fundamentó el procesamiento, Mendoza es hoy jefe de la subcomisaría segunda del barrio Santa Rosa de Lima. Incluso, hasta hace poco tiempo se desempeñó como subjefe de la seccional cuarta de esta ciudad.
El 24 de abril de 2002, Mendoza fue denunciado por un detenido -con antecedentes penales- por haber protagonizado junto con otros policías una sesión de golpes en su contra. Un médico forense revisó al denunciante y constató que tenía la cara inflamada por golpes y presentaba hematomas en ambos hombros.
Pero ésta es sólo una entre otras denuncias que complicaron la situación de este policía quien, en todo momento, dijo ser inocente. Incluso, al declarar ante el juez expresó que los golpes pudieron producirse contra las patas de la mesa de la cocina donde se encontraba alojado el detenido, porque no había más lugar disponible en la comisaría en aquel momento.
Poco después, otras dos denuncias fueron acumuladas a este expediente, pues habían sido radicadas en el juzgado de Instrucción Segunda a cargo del juez José Manuel García Porta.
En este caso, los denunciantes se presentaron ante la Unidad de Asuntos Internos de la Policía para denunciar apremios ilegales por parte de Mendoza y otros efectivos.
El 26 de julio de 2002, un detenido declaró que había sido castigado en todo el cuerpo, especialmente en la cabeza y espalda. También identificó a Mendoza en una rueda de personas ordenada por la Justicia y un médico de Asuntos Internos constató las lesiones.
Otro detenido afirmó ante la Justicia que en la comisaría de Sauce Viejo lo desnudaron, lo esposaron con las manos atrás, lo golpearon con los puños y con una cachiporra. Otra vez, las lesiones fueron constatadas por un profesional. Este denunciante dijo además que le colocaron una bolsa de nylon en la cabeza que le impedía respirar mientras soportaba los golpes y un policía lo castigaba con un cable, exigiéndole que reconociera ser el autor del robo a una capilla.
En todos los casos, la Justicia obtuvo pruebas que indicarían que los golpes se produjeron mientras los detenidos permanecieron dentro de la comisaría 19.
Cuando el juez Costa pidió la fotografía tomada a uno de los detenidos en el momento en que ingresaba a la dependencia, se produjo un dato llamativo: desde la Policía de la provincia se le informó que era imposible cumplir con el requerimiento “porque el rollo utilizado estaba fallado”. Esta situación imposibilitó determinar fehacientemente si el detenido tenía signos de golpes antes de ser arrestado.
Otro hecho que llamó la atención de los investigadores judiciales fue que los denunciantes de uno de los robos que se investigaron en Sauce Viejo negaron en Tribunales el tenor de las declaraciones que aparecían en la denuncia tomada por la policía, donde se hacía referencia a la fisonomía y movimientos de ladrones.
Frente a lo sucedido, admitieron haber firmado sus denuncias sin leer lo que la policía había escrito y por eso el juez Costa dictó el procesamiento de falsedad de instrumento público.
Al hacer su valoración de los elementos incorporados al proceso, el juez Costa consideró más creíbles las versiones de los denunciantes que las de los policías que intentaron defenderse: “Las versiones que cuentan con mayores elementos de verosimilitud son las brindadas por las víctimas, por cuanto sus dichos cuentan con pruebas corroborantes que los sustentan, todo ello dentro del grado de probabilidad que este tipo de resolución exige”, remarcó el magistrado.
Explicación policial
Frente a la situación planteada, el jefe de la Unidad Regional, comisario mayor Sergio Blanche, defendió a Mendoza y lo consideró “un buen policía”.
“Mientras no exista condena, debe primar el estado de inocencia de las personas”, resaltó.
Blanche aseguró que no existe una reglamentación interna que establezca qué medida tomar con un policía procesado, sino que depende de la decisión que se tome en las esferas superiores de la fuerza.
– ¿No sería conveniente que un policía procesado por apremios ilegales realice tareas administrativas hasta que se resuelva su situación judicial?, preguntó El Litoral.
“Nosotros a nivel interno no encontramos ninguna falta administrativa por parte de Mendoza. Por eso deberemos esperar la decisión de la Justicia. Además, jamás recibimos una queja mientras este efectivo se desempeñó en la seccional cuarta y, ahora, en Santa Rosa de Lima”, resaltó Blanche.
Este contenido no está abierto a comentarios

