Joaquín Sabina se presentó en el Metropolitano frente a unos 2.500 espectadores
El español pasó por Rosario. Veintidós canciones para ratificar un amor inclaudicable, que lo disfrutaron a través de 140 minutos de show. El público, en estado de gracia. La música, agradecida.Luego de 22 temas y 140 minutos Joaquín Sabina seguía vivo. El público, en estado de gracia. La música, agradecida. El artista popular volvió a Rosario, llenó las 2.500 localidades del Metropolitano y dio detalles de su biografía desbordada de glorias, excesos, recaídas y resucitaciones. Y lo principal, puso en escena una banda que se encargó de afinar con maestría y acompañar esa voz visceral, que hace vibrar multitudes. Era el final de fiesta, “en la farmacia puedes preguntar, venden «Pastillas para no soñar»”, cantó el español nacido en Jaen hace 65 años. Pero aunque acredite la edad, sin embargo, el autor de “Princesa” no tiene motivos ni intenciones de jubilarse.
La nueva presentación del inoxidable cantautor tuvo un título, ” 500 noches para una crisis” y trajo como eje un disco – que con apenas 15 años- ya se convirtió en mito: “19 días y 500 noches”. Aquel trabajo arrasador de 1999, que también tuvo su versión argentina en 2000, no ha envejecido. Así lo entendió el público, vibrante del principio a fin. Con “Barbi superestar”, como segundo tema, y luego con “Una canción para Magdalena”, Sabina ya tenía la noche asegurada. La corista Mara Barros, en paso teatral, y con farolito incluido, hizo lo suyo: la entrañable prostituta a la que Sabina evoca, poéticamente.
“A mis 40 y 10”, tal vez extrañando el bandoneón que tantas veces lo acompañó, pero que antenoche fue evocado por Joaquín con un gesto de manos y brazos, fue el quinto tema de un recital que avanzó a peso lento. Disfrutándose bocado a bocado.
Con traje verde, camisa negra y su clásico sombrero, Sabina no olvidó que estaba tocando en Rosario. Viene de llenar una decena de veces el Luna Park de Buenos Aires, pero el domingo a la noche agradeció al público de la ciudad de “Fito, Olmedo, Messi y el Ché”. Para luego contar porqué tuvo la idea de volver sobre una obra del pasado, “19 días..”. “Lo escuché dos veces y me di cuenta que la obra estaba viva”, justificó. Trascartón, contó didácticamente como fue transe sanitario: “consumí sustancias que no son recomendables para los jóvenes”, recomendó.
El Sabina cantautor le viene abriendo paso a una nueva faceta del arte: los dibujos. “Son garabatos que hago”, minimizó. Sin embargo, los garabatos maduraron. En pantalla gigante, en el fondo del escenario, y mejorados con animación, los dibujos funcionaron como acertado complemento para ilustrar las canciones.
“Donde habita el olvido”, “Me sobran los motivos”, y aquello de “lo peor del amor cuando se termina son las habitaciones ventiladas” en “Me sobran los motivos”, fueron sólo algunas de las canciones que mantuvieron al Metropolitano atento y emocionado. Y al público femenino (buena parte) al borde de la excitación.
Antes de un pequeño intermedio -preludio del vendaval final-, Sabina conmovió con uno de sus himnos máximos: “Más de cien mentiras”, al que agregó otro hit interminable, “Noches de boda”.
Ahora con un traje negro, de cola, tipo frac, Sabina encaró los 40 minutos finales, donde no faltó el tango, ni el lucimiento de sus músicos, y en especial de su vocalista. Entonces sonó “Sin embargo”, ese largo poema que se desgarra en frases como “te quiero más que a mi boca, más que a mi vida, más que al aire que respiro”. Y también “Por ti la vida entera”, otro clásico del desamor. Una marca identitaria en la poesía de Sabina.
Con casi dos horas de recital ya rodados, se acerca el final y aflora tal vez la obra cumbre del poeta español, “Con la frente marchita”. La canción que une a la Argentina con el exilio español en los 70, y los desparecidos. Sabina vuelve a conseguir ( con cada interpretación de ése tema) que retorne el estruendo de silencio en la plaza vacía de los represores: “Y al llegar a la Plaza de Mayo me dio por llorar, y me puse a gritar dónde estás..”. La novia argentina, militante montonera que Sabina enamoró en el exilio español, ya no está.
Después, el éxtasis con “Ese no soy yo”, luces encendidas, todos parados. Goce pleno. “Yo no quiero” y “Pastillas para no soñar”. Y la confirmación de una pasión intacta entre el artista y su público. Hasta pronto Joaquín. Volvé pronto. Rosario te espera.
Fuente: La Capital
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