Joaquín Sabina: "Soy un porteño en el clóset"
Una sillón blanco de estilo francés, una copa de cerveza y un cenicero. El micrófono colocado como para un recital, torcido hacia abajo. Una caja de cigarrillos lista para ser inaugurada. La escenografía se montó para la rueda de prensa que Joaquín Sabina iba a ofrecer tras su llegada ayer a la Argentina, pero no bien este español de sombrero y saco escocés puso un pie en ella se convirtió en el living de su casa. Relajado como si se tratara de una reunión entre amigos, el cantante saludó con una sonrisa a los asistentes y agradeció varias veces su presencia. Incluso a los fotógrafos que lo inundaron de flashes: "Con lo que me gusta a mí posar", comentó con humor durante la breve sesión previa a la rueda.
Es la segunda vez que la gira pasa por la Argentina. El año pasado se llamó Vinagre y rosas, como su más reciente disco (que ya es doble platino) y arrasó con sus recitales en Boca. Este año la rebautizaron El penúltimo tren, y visitará además Tucumán, Córdoba, Bahía Blanca, Rosario y Mar del Plata. "Habíamos decidido terminar la gira ya y empezaron a llegar pedidos, y no nos podíamos quedar quietecitos si nos pedían seguir cantando", explicó Sabina, aclarando sin demagogia que no sólo fue por la Argentina sino que también Chile y Uruguay lo solicitaban.
Aunque es el mismo tour, aclaró que variarán algunas cosas del recital, "para que no sea lo mismo que ya vieron", y anticipó que cantarán canciones que no suelen tocar en recitales y que no habrá invitados especiales: "Yo no he invitado jamás a Charly a cantar y ha subido varias veces a cantar conmigo, así que espero que, en tantos días de funciones, algún amigo se anime a subir". Además, comentó que eligió esta vez el Luna Park en detrimendo de Boca ("mi querido Boca Juniors"), porque quiere tener una relación "menos tribal con el público, más de tú a tú".
Charly García y los músicos argentinos también son un tema de conversación con un hombre como Joaquín Sabina, porque logra entablar ese compañerismo libre de egos con sus colegas y parece ser la persona indicada para que opine de los distintos referentes de la música. "Prefieron un Charly gordo a un Charly muerto", lanzó soltando el humo, tras dar una pitada profunda y pensativa. La sentencia fue fuerte y clara y la reflexión subsiguiente vino de la mano de una pregunta delicada desde la platea: "Hay quienes piensan que componía mejor drogado". Sin rodeos, el artista respondió: "Si sigue vivo y aguanta, nos dará muchas más buenas canciones, estoy seguro".
Cuando habla, mueve mucho las manos separando bien los dedos. Así se pueden ver los detalles de esas falanges bien guitarreras: uñas largas en la derecha, cortas, algo carcomidas, en la izquierda. Un anillo de oro y brillantes en el dedo mayor derecho completan el look, engalanado por el característico sombrero, el saco a cuadros y las medias rayadas que sobresalen de los zapatos de cuero negro.
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