JORGE OBEID: "LA SALUD AL MUNICIPIO"
Es algo complicado explicar por qué Jorge Obeid está donde está. Porque su carrera política es, además de extensa, en verdad bastante azarosa. Si en la historia política santafesina no hubiera tallado la figura de Carlos Reutemann, tal vez hoy Obeid sería el principal dirigente del justicialismo vernáculo, pero quizás no hubiera pasado de ser intendente de Santa Fe capital. Y se sabe que si no hubiera existido Carlos Menem, el fulgor que aún hoy despide el aura política que rodea al ex corredor de Fórmula Uno sería apenas un capítulo de una novela de ciencia ficción. Por tanto, como quien catapultó a Obeid al sillón del brigadier López fue el Lole, el santafesino en realidad debe agradecer tanto a Reutemann como a Menem estar hoy donde está, en plena campaña para volver a ser el principal ocupante de la Casa Gris, en las antípodas ideológicas del riojano y, aunque no lo reconozca, distanciado del hombre de Llambí Campbell en las ideas y en la forma de construcción política. En una larga entrevista con El Ciudadano, Obeid expone sus ideas sobre lo que serán los próximos cuatro años si llega a ser gobernador. “La salud en Rosario va a quedar en manos del municipio”, anticipa, osado, sabiendo que es un tema urticante para los burócratas santafesinos. “La EPE va a seguir en manos del Estado, pero más eficiente”, apuesta. Adelanta que el año próximo, cuando llegue el momento de rediscutir la coparticipación nacional, Santa Fe debe obtener tres puntos más que los actuales, es decir unos 500 millones anuales, de los cuales el grueso debe servir para corregir los desequilibrios presupuestarios para con Rosario. Ya está buscando casa en Fisherton para venirse a vivir la mayor parte de la semana a Rosario y promete convertir “esa tapera” como llama a la ex Jefatura de Policía, en el símbolo y sede del gobierno provincial en Rosario.
—Cuando usted dice que quiere ser gobernador y presidente del Partido Justicialista, ¿pretende dirimir el liderazgo con Reutemann en la interna del PJ?
—De ninguna manera planteo esto como una competencia con Reutemann. Si yo deseo serlo es porque tengo derecho a partir de una militancia de 35 años. Quiero ser presidente del PJ porque se lo que es gobernar sin serlo. Nunca me olvido de cuando quise crear la comisión investigadora del Banco de Santa Fe y el partido se expidió con un comunicado en contra. No se si será un caso único en la historia, pero es atípico. Pero no es sólo una cuestión de acumular poder. Creo que el poder se construye de abajo hacia arriba y el PJ es la herramienta que permite comunicarse con los de abajo. Si no hay partido, no se generan ideas o propuestas. Quiero un PJ activo, movilizado y en contacto con la gente.
—De alguna manera el resultado de la elección definirá roles.
—Creo que Reutemann está en una escala diferente a la mía. Yo soy un dirigente importante de la provincia. Reutemann es un dirigente de escala nacional que pudo ser, y quizás pueda serlo aún, presidente de la Nación. Conozco mis limitaciones y la escala en la que me muevo. Por lo tanto no hay posibilidad de competencia. Conozco los espacios que ocupa él y los que ocupo yo.
—Alberto Hammerly dijo que Reutemann lo puso de candidato a senador suplente porque en 2007 quiere ser presidente.
—Ojalá que sea así. Si es candidato a presidente en 2007 voy a estar apoyándolo, aunque es imposible hablar 2007 porque Kirchner todavía no empezó su período. Yo, que peleé para que Kirchner sea presidente, no tengo dudas que si en 2007 Reutemann es candidato a presidente voy a estar apoyándolo.
—¿Va a venir alguien a respaldar su candidatura?
—Pueden venir o no. Espero que esté Cristina Kirchner acompañando a María Eugenia Bielsa en tareas de campaña. Pasa que de mi relación con Kirchner y de que me apoya creo que no quedan dudas. Pero acá se acabó la época donde un dirigente político, célebre, famoso, tocaba a alguien y lo transformaba en oro. No hay más rey Midas. Uno vale por lo que es y lo que propone.
—¿Qué va a hacer con la Empresa Provincial de la Energía?
—Profundizar la transformación que llevé adelante cuando fui gobernador. Tiene que ser eficiente, que significa reducir al mínimo los cortes y lograr tarifas razonables.
—¿Eso se puede hacer con la actual conducción?
—Como todo gobierno, cuando llega lo hace con sus propios equipos y proyectos. Cuando yo era gobernador decidí hacer la transformación en la órbita del Estado. Se fue Caro y se hizo cargo Baltuzzi hasta que se declaró privatista.
—¿Hubo una involución en estos años en la EPE?
—Lamentablemente sí. Porque como se cambió la óptica, se decidió privatizarla y se trabajó para eso, no se profundizó la transformación y se perdieron cuatro años.
—¿Qué va a hacer con la concesión de los servicios sanitarios?
—Hacer que se cumpla el contrato y fortalecer los organismos de control.
—¿Cómo es eso?
—Creo que a veces los organismos de control, no sólo en la provincia sino en todo el país, se vuelven medio lentos, tienen cierta modorra. Entonces no vendría mal pegarles un buen palazo en el lomo para que empiecen a hacer su trabajo.
—¿Qué visión tiene de esa concesión?
—No quiero abrir juicio porque fue privatizada ocho días antes de que yo asumiera. No pertenece a mi gestión.
—¿Cree que se puede salvar? Acá ya no se sabe cuál es el contrato porque hubo tres renegociaciones.
—En la medida que se cumpla el contrato, sí. Ocurre que en el zafarrancho que fue en los últimos años este país nadie zafa de tener que renegociar tarifas, contratos, servicios, deudas.
—¿Habrá más recursos de la Nación para Santa Fe?
—Después de diciembre se viene la discusión por la nueva ley de coparticipación federal. Allí se debatirán los reales problemas de distribución de ingresos en el país. Santa Fe aporta el 12 por ciento al producto bruto nacional y significa el 20 por ciento de las exportaciones totales. Sin embargo recibe el 8,9 por ciento en concepto de coparticipación. Pero por otra parte lo escucho al gobernador de Buenos Aires, Felipe Solá, que está planteando que su provincia tiene que pedir siete puntos más de coparticipación. Ésa va a ser una puja muy importante.
—¿Cómo piensa dar esa pelea?
—El nuevo gobernador va a tener que ser un tipo que se ponga al frente de una gran movilización social, porque si dejamos que este tema de la coparticipación lo resuelvan 260 diputados nacionales entre gallos y medianoche en el Congreso estamos perdidos. Tenemos que hacer como cuando se hizo la gran movilización para que se aumentara el subsidio a la obra del puente a Victoria. Se movilizó la ciudad y dio resultado. Cuando se discuta la coparticipación hay que reeditar eso, porque si no nos van a embromar. Y ahí tenemos que aprovechar para cumplir con una histórica y legítima reivindicación de Rosario en cuanto a los desequilibrios presupuestarios, que son reales. Pero esa corrección no se tiene que dar a expensas de los sectores pobres de la provincia. Los recursos tienen que salir de la pelea de esos puntos de coparticipación. Ahí está la torta para poder repartir mejor.
—¿Cuánto debería aumentar la coparticipación de Santa Fe?
—Por lo menos tres puntos más, que es algo así como 500 millones de pesos por año.
—¿Su cercanía con Kirchner no atenta contra esas posibilidades?
—No. Porque en primer lugar Kirchner es un hombre del interior y esto lo entiende. Y además porque cuando hay que discutir de plata para la provincia no hay amigos.
—¿Qué puede esperar Rosario de usted si es electo?
—En lo formal, voy a volver a vivir la mayor parte del tiempo aquí como lo hice en mi anterior gestión. Ya estoy mirando casas. En el tema de fondo, como ya dije, la promesa es pelear para que todos los recursos nuevos sean repartidos en la medida que correspondan a Rosario. También hay acciones que parecen gestuales pero que no lo son tanto. Terminé mi gestión desocupando el edificio de la ex Jefatura de Policía para hacer la sede del gobierno provincial en Rosario. Me pregunto por qué eso es una tapera abandonada y no se hizo. Aspiro a terminar mi mandato y que ésa sea la sede del gobierno provincial donde la gente vaya y pueda hacer lo que necesite, desde un trámite hasta hablar con el gobernador. Hacer eso no es un problema arquitectónico sino un fuerte problema político. Quiero que sea el símbolo del gobierno provincial. También voy a seguir el plan de vivienda y todo dinero que venga del Fonavi va a ser para vivienda y no para otra cosa. En materia de autonomía municipal, quiero recordar que lo incluí para Rosario y Santa Fe en el proyecto de reforma constitucional que mandé a la Legislatura en mi primera gestión.
—¿Cómo se dirime el enfrentamiento en materia de salud pública?
—Uno de los dos sistemas de salud debe desaparecer. Y como yo soy partidario de que la mayoría de las actividades sean municipales, la provincia tiene que ser la generadora de políticas de salud pero quienes las implementen tienen que ser los municipios. La atención primaria hay que derivarla a los municipios con los correspondientes recursos. Las prestaciones de mediana complejidad tienen que pertenecer a las áreas de salud regional y las políticas de alta complejidad pueden quedar en manos de la provincia para que ese servicio le llegue a todos los santafesinos. En esto quiero ser innovador. Me arriesgo a decir que en cuatro años vamos a ver terminado este conflicto entre la provincia y el municipio por la salud.
—Esto puede generar resistencias políticas.
—También había algunos que cuando le daba tres o cuatro millones a Binner para que se terminara el Cema o empezara el Heca me lo criticaban. Era una torpeza. Era plata para la ciudad, no para Binner. Y si la gente me saluda en la calle es porque se entendió.
Cuando al Turco no lo conocía “ni el loro”
Jorge Obeid llegó al lobby del hotel Riviera, donde conversó durante una hora y media con El Ciudadano, casi exultante, saludando a quienes lo reconocían a su paso. “Ustedes no saben la diferencia que yo veo cuando comparo este inicio de campaña con el otro, en 1995. En esa época no me conocía ni el loro”, exclamó el diputado nacional que hoy busca sentarse de nuevo en la poltrona que dejará Carlos Reutemann. “Hay una anécdota que pinta por sí misma lo desconocido que era yo acá en Rosario. Una vez voy a comprar bizcochitos a una panadería que estaba cerca de la casa de unos parientes sobre 27 de Febrero. La chica que atendía me miró fijo y yo pensé que me había reconocido. En un momento la empleada se animó y me dijo: «Yo a usted lo conozco», lo que me puso muy contento. Entonces la chica me vuelve a mirar fijo y me larga: «Usted es Fatal Jaef, ¿no?». Y qué querés, le dije que sí”, reconoció el hombre a quienes ahora ya nadie confunde cuando camina por las calles de Rosario.
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