JOSÉ MARÍA ARANCEDO COINCIDE CON LOS CONCEPTOS VERTIDOS POR EL OBISPO DE RESISTENCIA
El Arzobispo santafesino, Monseñor José María Arancedo, coincidió esta mañana con los conceptos vertidos ayer por el Arzobispo de Resistencia, Monseñor Carmelo Giaquinta, quien aseguró que la Argentina está en ruinas porque los argentinos son “fallutos, ladrones y groseros”.
En el marco de la inauguración de dos nueva aulas en la Escuela Cristo Obrero, afectada el año pasado por la inundación, Arancedo sostuvo que él habría utilizado otras palabras para referirse a la “crisis moral por la que atraviesa el país (…) creo que el ha enfocado en esa palabras, a mi no se me habría ocurrido ‘falluto’, pero creo que responde bien”.
“Giaquinta hablaba de que somos poco sinceros, fallutos. Está en la línea de lo que es la crisis moral”, indicó el prelado, y agregó que uno de los responsables de esta crisis moral es el poder político, quien “es el responsable de las políticas de estado, y tiene que ir llevando un desarrollo armónico de la sociedad”.
Ante la consulta sobre los últimos críticos discursos de la Iglesia, Arancedo justificó que “el discurso de la iglesia es permanente, desde la década de los 90. Muchas veces la iglesia asume las voces de aquellos que no tienen voz para reclamar”.
GIAQUINTA: “LA ARGENTINA ESTÁ EN RUINAS PORQUE SON LADRONES”
El arzobispo de Resistencia, monseñor Carmelo Giaquinta, aseguró ayer que la Argentina está en ruinas porque los argentinos son “fallutos, ladrones y groseros”.
En un duro mensaje emitido ayer en su homilía dominical, el prelado chaqueño y presidente de la Comisión de Pastoral Social añadió que “la deshonestidad ha precipitado a la Argentina a la ruina”.
Asimismo, el arzobispo chaqueño indicó que “el incumplimiento de la palabra, el hurto y la falta de respeto al prójimo” son tres de las “conductas negativas” que llevaron a esta situación. “O lo que es lo mismo: ser fallutos, ladrones y groseros”, sentenció.
Si bien estimó que “puede parecer raro esto de poner la ruina de la Argentina en cosas que parecen tan simples”, monseñor Giaquinta aclaró que “las grandes ruinas no son las provocadas por un bombardeo”. “Cuando éste [por el bombardeo] acontece, provoca con frecuencia el espíritu heroico de la reconstrucción, como sucedió en Japón y Alemania después de la Segunda Guerra Mundial”, explicó.
El arzobispo consideró que “las ruinas más grandes son las provocadas por pequeños roedores que cavan túneles minúsculos, las lluvias que erosionan o los vientos que presionan”. Indicó en este sentido que “al principio todo es imperceptible” y lleva a preguntarse: “¿Qué puede hacer un ratoncito? ¿O una lluvia de verano? ¿O un poco de viento?”
“La ruina -recordó- no está tanto en las cosas que se deterioran, sino en el espíritu humano que se va acostumbrando al deterioro. Hasta que por fin la casa se vuelve ruinosa.”
Tras reiterar que “eso es lo que nos ha sucedido a los argentinos con la casa grande de la Nación”, el prelado de Resistencia estimó: “Podemos reconstruirla si nos dejamos insuflar un espíritu nuevo”.
Monseñor Giaquinta señaló luego que, tal como lo dijo el Episcopado en su último documento, “el barro moral” de la Argentina es “su crisis de bien común” y el relativismo que “afecta seriamente a la educación, al no fundarse en una escala de valores que priorice a la persona, el respeto de la ley y la construcción de una sociedad basada en la justicia”.
No obstante las críticas, el arzobispo confió en la posibilidad de “una Nación nueva”, a partir de “un renovado compromiso ciudadano de todos los argentinos, y especialmente de los cristianos”.
Las duras palabras de Giaquinta se suman de esta manera a los dos últimos mensajes emitidos por la Iglesia Católica en menos de quince días. El arzobispo de Buenos Aires, monseñor Jorge Bergoglio, expresó la semana última en el clásico tedeum por el 25 de Mayo un ferviente llamado a la dirigencia política al diálogo. En tanto, en un mensaje que apuntó por elevación al Gobierno cuestionó la “anarcosis de los anuncios estridentes”.
Una semana antes el vicepresidente del Episcopado y arzobispo de Corrientes, Domingo Castagna, había reclamado al Gobierno que dejara atrás las peleas por el pasado, con lo que abrió un fuerte debate con el Ejecutivo.
Este contenido no está abierto a comentarios

