JOTA, JOTA EL CONDUCTOR
Los increíbles ojos verdes de Kala quieren atrapar todo, van de acá para allá sin parar. Dice, con su vocecita de dos años, que es de “Taiiieres”, y pregunta cuándo le van a sacar las fotos. Juan tiene seis, se declara hincha de River, y le hinca los dientes con ganas al tostado de jamón y queso que pidió. Los dos abrazan al papá, lo besan, recién se despegan de él cuando entran en confianza y empiezan a correr por el lobby del Portal del Lago. El papá —todo de negro: remera, pantalón y zapatos— no puede ocultar su chochera, se le cae la baba cuando habla de Kala y de Juan. El papá es Juan José López, el que ahora se hizo canto en la loca tribuna de Talleres.
—¿Qué se siente cuando escuchás eso de “que de la mano de Jota Jota, todos la vuelta vamos a dar”, como se gritó el sábado?
—Y… Te alimenta el ego. Es un halago y, al mismo tiempo, hace que uno tenga un mayor compromiso. Los hinchas corean mi nombre, porque soy la cabeza del grupo de trabajo, pero en realidad también es un reconocimiento para el profe Pedernera (su PF), para el Japonés Pérez (su ayudante de campo), para el hijo del profesor, que también está con nosotros, para los utileros… Uno es parte de todo un engranaje. Y es una satisfacción que la gente nos aliente de esta manera, como alienta al equipo. Lo del sábado, contra Vélez, fue increíble: hacía muchísimo que no veía semejante convocatoria en el estadio Córdoba. Parece que toda la ciudad se hubiese volcado al fútbol, porque también están Belgrano e Instituto en el Nacional B y el otro día también llenaron la cancha cuando se enfrentaron. Es muy lindo que pase todo esto.
Son las dos de la tarde en Carlos Paz. Por los enormes ventanales se ve la mansedumbre y el azul del lago. El Negro es local acá: lo saludan todos, desde el encargado del hotel hasta el mozo. “Esperá que pido un cortado a ver si me ayuda a despabilarme. Todavía estoy medio dormido; hace un ratito que me desperté. Ni siquiera pude leer los diarios. Sólo sé que perdió Chicago y que eso nos vino bárbaro a nosotros”, dice. Y el tema descenso aparece en escena, como aparecerá una y otra vez en el mano a mano con Clarín.
—Ustedes, el cuerpo técnico y los jugadores, repiten como una muletilla que la meta principal es mantener a Talleres en Primera. Pero el hincha, además, ahora quiere el campeonato. ¿Cómo se hace para manejar esa presión?
—El hincha se ilusiona y está bien que lo haga, pero nosotros no podemos subirnos al caballo de la euforia de la gente. Yo sigo fijándome en la tabla del descenso, que es la que primero me importa. Para nosotros no sería un fracaso no salir campeón… Porque sabemos que hay otros clubes que por un montón de cuestiones -historia, obligaciones, riqueza del plantel, poderío económico— son más candidatos que Talleres. Si salimos entre los cuatro o cinco primeros nos mantendremos en Primera. Y ése es el objetivo prioritario, el que establecimos cuando asumimos y el equipo estaba en zona de descenso. Quedamos muy cerca de salir de la Promoción… Entonces, estamos por el buen camino. Lo de Talleres no es un espejismo; ya se está convirtiendo en realidad.
—El discurso no cambia…
—No, no cambia. Porque cambiarlo puede ser perjudicial. Cuando empezó el Clausura dije que teníamos diecinueve finales por delante y así las vamos encarando. No nos creemos ni más ni menos que nadie. Les hablamos permanentemente a los jugadores para que mantengan el equilibrio emocional. Y tratamos de manejarnos con mensajes claros para no confundir a los muchachos ni confundirnos nosotros.
—¿Cuál es el secreto de Talleres?
—La humildad, la contracción al trabajo, tener muy claro lo que queremos. Estamos siendo efectivos y por momentos, jugamos buen fútbol. El equipo se ha ganado el respeto de todos. Y se lo ganó dentro del campo.
—Desde afuera, se los ve afirmados en las convicciones, con la confianza que dan los éxitos…
—Es así. Talleres está consolidado. Salir de las zonas de riesgo, que agobian, brinda una mayor seguridad en lo colectivo y en lo individual. El jugador se da cuenta de que se están haciendo las cosas bien. Pero hay que seguir creciendo, trabajando, evolucionando día a día. No podemos quedarnos porque para alcanzar el objetivo aún falta mucho.
—Y no se caen, como se viene pronosticando desde hace unas cuantas fechas…
(Se ríe) —No, por ahora no nos caímos… No tenemos que hacernos eco de esas palabras. Hay que mantener el perfil bajo, que es nuestro perfil.
—¿Cuánto influyen los grandes, los más experimentados en el grupo?
—Muchísimo. Son las columnas, dentro y fuera de la cancha. Si fuéramos unos años atrás, se diría que son los caudillos. Tienen carácter, personalidad, oficio, son tipos que no te van a fallar. Son los primeros en el entrenamiento, son los que pelean la parte económica, son los que apoyan a los pibes cuando hacen las cosas bien y los que los aconsejan cuando las hacen mal. Tengo un plantel maduro.
—¿Este es el mejor equipo que dirigiste?
—Sí, el más sólido.
Mamá Roxana pasa a buscar a los nenes para llevarlos a un cumpleaños. Van dos horas de charla, pero el Negro jamás se cansa cuando se habla de fútbol.
—¿Hay un estilo Jota Jota?
—A mí me gusta el buen trato de pelota, jugar bien, que es lo que te lleva a ganar partidos… Un fútbol práctico, sencillo, contundente, que se pise el área rival después de tres o cuatro pases. Y llegarle al jugador con un mensaje directo, sin rebusques, simple. Si el fútbol es mucho más simple de lo que algunos creen…¨
Este contenido no está abierto a comentarios

