Jóvenes y enojados: La rebelión de los rolezinhos alarma a Brasil
Miles de adolescentes, sobre todo de favelas, toman cada vez más shoppings en protesta por la represión policial; temen que haya caos.
RÍO DE JANEIRO.- Comenzó hace unas semanas como un juego de niños, pero se volvió un asunto político y ahora la presidenta Dilma Rousseff teme que se convierta en una nueva ola de protestas populares como las que sorprendieron a Brasil el año pasado.
Los rolezinhos (“paseítos”), como llaman los adolescentes de la periferia a los encuentros masivos convocados por las redes sociales en shopping centers, irrumpieron con fuerza el último mes. Desde entonces, miles de jóvenes de vacaciones inundaron, en grandes grupos, centros comerciales de los alrededores de San Pablo, lo que despertó miedo entre los clientes y una reacción exagerada de la policía y de la justicia, ahora acusada de discriminadora. Después de todo, se trata en su mayoría de adolescentes de clase media baja, muchos de ellos provenientes de favelas.
“Fuimos a divertirnos, pero se armó mucha confusión y al final nos echaron con balas de goma y gases lacrimógenos. No pueden tratarnos como a criminales”, se quejó ante LA NACION Plinio Silva, de 17 años, que ya participó de dos rolezinhos y el sábado último salió a las corridas del shopping Metro Itaquera, en medio de choques con la policía.
Según clientes y vendedores de las tiendas, varios jóvenes aprovecharon la muchedumbre -había más de 5000 adolescentes- para efectuar hurtos mientras intimidaban a los clientes con insultos y gestos obscenos. Si bien los delitos finalmente reportados fueron casos muy aislados, otros jóvenes se divertían cantando canciones de funk, subiendo las escaleras mecánicas al revés y “robando”, sí, besos a las chicas.
“Hay que prohibir que este tipo de pandillas entren en lugares como éste”, señaló la empresaria Helena Assis Pegronezzi, de 55 años, que afirmó haber visto incluso algunos jóvenes armados en el patio de comidas del centro comercial.
Los disturbios en el shopping Metro Itaquera llegaron después de otros cuatro rolezinhos más -el primero, el 7 de diciembre en el mismo centro comercial; luego en otros shoppings en Guarulhos, Interlagos, Tucuruvi, todas localidades de la periferia paulista-, donde hubo revueltas menores, pero que acabaron con una veintena de jóvenes detenidos.
Asustados, seis grandes centros comerciales recurrieron a la Justicia, que los autorizó a vetar el ingreso de “sospechosos” y a aplicarles multas de hasta 10.000 reales (unos 4000 dólares). Fue lo que faltaba para encender la polémica en este país en el que, pese a creerse no discriminador, la tensión racial y social está latente.
Organizaciones de derechos humanos, partidos políticos de izquierda, grupos universitarios y otros movimientos sociales pusieron el grito en el cielo y declararon su apoyo a los rolezinhos mientras jóvenes de las principales ciudades convocaron a nuevos encuentros, ahora ya en shoppings céntricos, con tiendas de lujo.
Ya anteayer por la tarde, el Movimiento de Trabajadores sin Techo organizó un rolezão en dos shoppings de San Pablo, que ante el temor de nuevos disturbios cerraron sus puertas antes. La gran prueba de fuego será este fin de semana, ya que hay planeados rolezinhos en los exclusivos shoppings JK Iguatemi, en San Pablo; en el Shopping Leblon, de Río de Janeiro, y en el Patio Savassi, en Belo Horizonte. Y de aquí hasta fines de febrero habrá 20 eventos más.
La movilización social puso en alerta al Palacio del Planalto, donde Rousseff citó a sus ministros para una reunión de urgencia, durante la cual les encomendó interiorizarse más en el tema y establecer un diálogo con los jóvenes.
Nada podría ser peor que, cinco meses antes del inicio del Mundial de fútbol, estalle en el país una nueva ola de protestas como las de junio del año pasado, cuando millones de personas salieron a las calles en reclamo de mejores servicios públicos, en contra de la corrupción y del despilfarro de dinero para los estadios mundialistas.
“Una vez más, la acción inapropiada de la policía acabó echando combustible al fuego y no tengo dudas de que esas medidas cautelares [como limitar el ingreso a los centros comerciales] también son equívocas”, declaró el ministro Gilberto Carvalho, secretario general de la presidencia e interlocutor del gobierno con los movimientos sociales. “¿Con qué criterio se puede seleccionar a una persona [para admitirla en un shopping]? ¿Por su color, por el tipo de ropa que viste? Todo eso es anticonstitucional”, aseveró Carvalho.
De cualquier manera, para los analistas las autoridades reaccionaron demasiado tarde y ahora sólo queda esperar y ver cómo evoluciona el fenómeno.
“Eran manifestaciones casi inofensivas que podían haberse manejado de otra manera, respondiendo con más oportunidades de ocio y cultura en la periferia a esta generación a la que se le ha inculcado que el prestigio viene sólo de la capacidad de consumo. El sistema político brasileño no aprendió las lecciones de junio pasado; no logró dar el debido valor a estas manifestaciones espontáneas y con su reacción desmedida acabó politizando el tema, arriesgándose a que se convierta en un movimiento más agresivo”, apuntó a LA NACION el sociólogo Marco Aurelio Nogueira, autor del libro Las calles y la democracia, sobre las protestas del año pasado.
LA ECONOMÍA SE DESACELERA
La actividad económica del gigante sudamericano creció un 2,68% entre enero y noviembre de 2013, pero ese último mes mostró una retracción del 0,31% respecto a octubre, cifra que evidenció una caída mayor de la prevista por los analistas, según informó ayer el Banco Central en su Índice de Actividad Económica.
Fuente: La Nación
Este contenido no está abierto a comentarios

