Juan Silvera, la sorpresa del VII festival de jazz de Rosario
Las paradojas de la vida. La mayor ovación en el VII Festival de Jazz de Rosario estuvo dirigida a un músico que no viene del jazz, sin embargo, la sensibilidad del auditorio premió con un larguísimo aplauso de pie a Juan Silvera, un pianista cuya actividad, hoy, es básicamente la docencia. "Recientemente, me compararon con tres grandes pianistas, con Dave Brubeck por lo viejo, con Oscar Peterson por lo gordo y con Thelonious Monk por lo loco", dijo en el escenario y el público largó la carcajada. Se sentó y siguió tocando. Su actuación fue de una calidad y sencillez deslumbrantes, al punto de considerarse su set como lo más interesante de este festival que tuvo también a otro gran pianista como animador: Gerardo Gandini, que casualmente tampoco viene del jazz. A Silvera lo envuelve una extraña historia que dice que es un casi un ermitaño, que rehúye las actuaciones en público. Pero explica que "en realidad, atravesé por una enfermedad que me impidió seguir actuando en lugares muy cerrados y con humo. Comencé a tener jaquecas muy fuertes que la medicación empeoró y debí alejarme de shows en clubes u hoteles, pero no rehúyo actuar en público. Es más, cuando me invitaron al festival, no lo dudé", afirma este músico rosarino, de 56 años, que comenzó en el piano a los cuatro. Desde esa edad hasta los 15 años estudió piano clásico con Marina Bancalari, una docente a la que considera como su madre artística y que le transmitió no sólo el amor por la música sino también la seriedad que conlleva esta vocación. A los doce descubre el jazz, con la música de Cole Porter, pero también lo atrae la música de películas en las cuales descubre el talento de Rachmaninoff. "El servicio militar lo hace en Buenos Aires, donde escucha a Piazzolla en vivo. "Iba a un club en la calle Tucumán (no recuerda su nombre), donde actuaba el bandoneonista, pero como comenzaba muy tarde, pedí una noche tocar y me quisieron contratar. Esa fue mi primera experiencia fuera de Rosario", recuerda este exquisito intérprete. Corría el año 1967 y el violinista Antonio Agri le da unos consejos que de tan modernos no los entiende. "En 1975, ya viviendo en Caracas, Venezuela, tomé clases con quien fue una de mis más fuertes influencias, el maestro francés Michel Lanes , quien me aclaró aquellos consejos de Agri. Ocho años después de esas noches en Buenos Aires él me introdujo en la modernidad", afirmó. Entre el servicio militar y Venezuela hubo un lapso de unos cinco o seis años en los que debió dejar la música para ayudar económicamente a su familia. En Venezuela trabaja en la casa de teclados Wullitzer, donde adquiere además de una experiencia en cuanto a técnica interpretativa, experiencia en actuaciones, pues toca en clubes y hoteles de distintas ciudades venezolanas y de Colombia; al poco tiempo aparece su dolencia. "Fueron tiempos difíciles pues cada vez estaba peor, entonces me puse a estudiar farmacia y medicina y salí adelante, con menos remedios pero también suprimiendo los lugares cerrados con mucho humo", dice. Hoy en Rosario trabaja básicamente en la docencia y desvirtúa esa idea de ser un músico sin deseos de actuar. "No me llaman, que es distinto", reitera. Entre sus virtudes se pueden contar su acabada técnica, su impecable formación académica, su respeto por el auditorio y su humor. Cuenta que Benny Goodman decía que los temas, a medida que pasan las vueltas, debían levantar el tempo en busca de mantener la atención del público. La lista de sus pianistas predilectos es extensa, incluye a Erroll Gardner, Brubeck, Peterson, Bill Evans , entre otros. La lista es larga. "Pero de estos músicos sólo tengo sus trabajos de piano solo, pues es allí donde se ve la creatividad de los artistas a la hora de resolver el camino", continúa. Sobre su humor, cuenta que la experiencia en hoteles y clubes le generó esa forma de matizar las actuaciones, aunque, evidentemente, no le cuesta. Sobre las actuaciones y la música actual dice: "Hay mucha improvisación, pero no en el sentido jazzístico sino en el de no respetar a los auditorios en cuanto a la preparación del repertorio y el ensayo. La seriedad con que uno trata estos asuntos es central, pues el arte es algo importante y no debe descuidarse por comodidad", agrega. Mientras se sienta en su piano para regalarnos una versión de "Laura", tema central de la película de Otto Preminger que lleva ese nombre, comienza con un hermoso arreglo politonal surgido de su creatividad. Su compañera Liliana Savignano, se sienta junto a él. Su forma de hacer "Laura" consigue transmitir los distintos estados de ánimo de esa protagonista. Al terminarse da vuelta y afirma: "La ventaja del piano acústico es que devuelve la emoción que uno le da. Tienen alma", concluye.
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