JUGANDO CON LOS PALITOS CHINOS
Empecé a tocar a los cinco en una batería chiquita… y ahora tengo sponsor”: ésta fue la frase que cambió el enfoque de la entrevista. Entonces descartamos las infanto-preguntas del tipo Susana o Tinelli ante este músico de 12 que habría estado en mente de la dupla Mollo-Arnedo para hacerse cargo de la batería de Divididos. ¿Se imaginan en la batería de la aplanadora a un pibe que todavía está en la primaria? Lucas Asencio mide poco más de un metro, lleva una lengua de los Stones en la remera y tiene el tic propio de su gremio: marcar el ritmo con el pie y la mano.
En la época del jardín de infantes, este pibe de El Palomar se sentó por primera vez en la batería y desde los siete toma clases particulares. “Le agarró la locura por ese lado, por los parches. Ahora escucha Kiss, una banda que los pibes de su edad ni conocen”, dice el Chino Asencio, guitarrista y padre sorprendido y orgulloso: “Antes de Catriel, Divididos pensó en Lucas, pero es muy chiquito. En poco tiempo va a tener que estar tocando con algún grosso”, asegura.
“Mi papá me llevaba a sus shows y sus ensayos. A mí siempre me interesó la batería. El me compró una guitarra chiquita, pero no. Soy baterista”, dice Lucas, que ahora toca con Hermanos de Sangre y Sin Destino, bandas under de veinteañeros.
—Con 12 años, ¿a estas bandas le ponés el ritmo?
—No, jaja. Son más grandes pero me tratan normal, me dejan opinar. Me siento músico, no importa la edad.
—¿Seguro no importa?
—El otro día toqué ante 30 mil personas, estaba re-nervioso, me puse los auriculares y toqué. Después me presentaron “Lucas Asencio, 12 años” y recién ahí todos dijeron “¡Ahhh!”. Antes nadie se dio cuenta. A los demás sí les importa la edad, a mí no.
Lucas grabó en varios discos: en dos del melódico Axel, en el de Los Tulipanes, tocó la percusión en el de Kyosko y puso los coros para Marcela Morello, Chiquititas y Floricienta.
—¿Traicionaste tu costado rockero?
—No. Cuando era chiquito a Chiquititas lo veía siempre y me gustó grabar, me divierte.
Mientras muestra sus zapatillas nuevas, confiesa que hasta hace poco su mayor problema era quién lo podía llevar y traer de los ensayos. Ahí muestra el Lucas que se esconde tras el músico: se trasluce su timidez y cuenta que le va bien en el colegio, que juega con amigos, que todavía no es tiempo de novias…
—¿Vivís la música como un juego o como un laburo?
—Es una diversión. Tocar siempre me divierte, pero no es un juego.
—¿Escuchaste que Divididos te habría puesto el ojo?
—Me encanta, pero no sé… Yo quiero ser músico, vivir de la música, sólo quiero tocar.
—¿En qué banda te gustaría tocar?
—No sé… ¿en Divididos?
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