JUICIO A SADDAM: DETALLAN EL HALLAZGO DE FAMILIARES EN FOSAS COMUNES
Un Saddam desafiante defendió su política de aplastar a los rebeldes kurdos en la década de 1980 mientras su gobierno sunita peleaba una guerra contra Irán y gritó, antes de que el juez cerrara su micrófono: “Ustedes son agentes de Irán y del sionismo. !Aplastaremos sus cabezas!”.
Dirigiéndose al ex líder con una burla al decirle “Felicitaciones, Saddam Hussein. !Ahora usted está en una jaula!”, Abdul Ghafour describió cómo huyó hacia el vecino Irán con otros familiares mientras las tropas bombardeaban su pueblo en el Kurdistán de Irak en febrero de 1988.
Hablando pausadamente en kurdo, Abdul Ghafour contó que los restos de su madre y dos hermanas, junto con sus documentos de identidad, fueron desenterrados en una fosa común desértica 15 años después del ataque al pueblo de montaña de Seydar, cerca de la norteña Sulaimaniya.
Vestido con un traje negro y sin corbata, Saddam se acariciaba la barba y escuchaba silenciosamente al testigo, pero estalló en furia durante el interrogatorio cuando un abogado civil describió las milicias peshmerga kurdas como combatientes de la libertad luchando contra su tiranía.
“De 1961 al 2003 la rebelión es la rebelión. Díganme un país que haya tenido una rebelión que no fuera confrontada por el Ejército”, señaló el derrocado líder.
Saddam y los otros seis acusados por la operación de 1988 que los fiscales dicen dejó 182.000 kurdos muertos o desaparecidos han dicho que los ataques fueron golpes militares legítimos contra los kurdos iraquíes que combatían junto con chiítas de Irán contra el gobierno de Bagdad durante la década de 1980.
Saddam, de 69 años, su primo Ali Hassan al-Majeed, conocido como “Ali el químico”, y cinco ex comandantes enfrentan cargos por crímenes de guerra y de lesa humanidad por su rol en la campaña de Anfal.
Saddam y Majeed también afrontan un cargo por genocidio. Todos podrían recibir la pena de muerte. Saddam está esperando el veredicto el mes que viene de su primer juicio por crímenes de lesa humanidad por la matanza de aproximadamente 148 chiítas de la ciudad de Dujail en la década de 1980.
El derrocado líder, quien consideró los juicios respaldados por Estados Unidos como poco más que una venganza política de sus enemigos chiítas y kurdos, demandó que un país neutral examine toda la evidencia hallada en las fosas comunes.
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