JUSTICIA PERSEGUIRÁS
El 28 de abril del año pasado el agua del río Salado inundaba la localidad de Recreo, ubicada a escasos kilómetros de Santa Fe. En pocas horas, el pico del Salado no se apiadaba de la capital provincial. Una brecha abierta en la zona del Hipódromo fue la puerta de ingreso del agua que, en minutos siguió el avance por toda la zona oeste de la ciudad, dejando hundidas a miles de viviendas e igual cantidad de historias, familias y sueños.
El 28 de abril el entonces gobernador santafesino, Carlos Reutemann, en diálogo con la periodista Suzy Tomas por la emisora LT 10, anunciaba en horas de la siesta que “la ciudad de Santa Fe iba a ser la más afectada por el pico del Salado por su densidad demográfica”. Ya se hablaba de más de 5.000 evacuados y la incertidumbre crecía por la escasa posibilidad de extracción que ofrecían las bombas en la zona del Hipódromo, por donde se colaron las aguas.
Unos días antes, legisladores, productores agropecuarios y vecinos del norte provincial alertaban por la densidad de las lluvias caídas en la cuenca del Salado. Era obvio: el gua iba a descender. Los ingenieros hídricos independientes imaginaban destinos agoreros, pero nadie escuchó. Entre enero y abril del 2003, llovieron sobre la cuenca del Salado, la misma cantidad de agua que la media anual.
Con fiereza, el río entró en la ciudad, afectó a 130 mil personas directamente y dejó como saldo la friolera suma de 23 muertos, aunque el Gobierno de Reutemann reconoció que las víctimas vinculadas a la emergencia hídrica eran más.
Los primeros días estuvieron marcados por el caos, la ausencia total del Estado santafesino y la solidaridad de miles de almas anónimas que trabajaron sin desmayos, escuchando solo el reclamo de la conciencia, suficientes, en comparación a la anomia de Reutemann y sus funcionarios.
La Universidad Nacional del Litoral, la Asociación de Trabajadores del Estado y la Federación Universitaria se pusieron al frente del reclamo más urgente: ropa, pañales, comida, frazadas, retumbaban en los oídos de miles de voluntarios que ayudaron en las primeras jornadas.
Así, se fueron sumando personas a las tareas de rescate, todo era importante. El 1 de mayo el Gobierno santafesino firmaba con la Nación un pacto de ayuda en materia de seguridad. Duhalde, entonces presidente, brindó ayuda con gendarmes y prefectos, además de 150 millones de pesos frescos, que ahora volvieron a la discusión, a raíz de la polémica desatada por la adminstración de Kirchner sobre le monto total recibido por Santa Fe, durante la emergencia hídrica.
Desde la Secretaría de Promoción Comunitaria se activó un desordenado plan de asistencia a los evacuados y autoevacuados, donde además de ineficiencias notables, se camuflaron negocios y actitudes poco menos que bastardas, por ejemplo la detección de ropa y víveres, que tenían como destino a los inundados, en las casas de punteros políticos del peronismo santafesino.
Cerca de 75 mil santafesinos fueron evacuadas en espacios públicos, muchos de ellos inapropiados para “el alojamiento” de personas. La oportuna llegada del Ministro de Salud de la Nación, Ginés González García, evitó que la emergencia sanitaria sea mayor. En horas, el ministro nacional puso en práctica toda su experiencia y demostró por qué es uno de los médicos sanitaristas más respetados de América Latina. Los efectores de salud de la provincia siguieron a pies juntillas las indicaciones del Ministro nacional y en dos días se llevó adelante una espectacular campaña de vacunación que evitó que los brotes epidémicos se transformes en endemias. Así y todo, se detectaron varios casos de hepatitis y de leptospirosis.
LAS OBRAS QUE NO SE HICIERON
¿Por qué se había inundado Santa Fe?. Para los especialistas la respuesta es tan unívoca, cuanto menos vergonzosa: Las obras de defensa no se habían terminado, a pesar que el Estado santafesino había licitado la construcción de tres tramos de obras (viales y de defensa hidraúlica), pero uno de los tramos no se hizo. Por ahí ingresó el agua. Por ahí entró el Salado, el 28 de abril del 2003.
Los gobiernos justicialistas de Carlos Reutemann (1.999 – 2.003) y Jorge Obeid (1.995 – 1.999) debieron cerrar el anilo de defensa en la zona de Villa Hipódromo, pero no lo hicieron. La obra estuvo supervisada por la Dirección de Vialidad, por las características del caso: una obra vial, rápida, de acceso a la ciudad, que debía recorrer toda la zona oeste de la capital provincial.
A diez meses de la inundación, la Justicia santafesina no ha llegado a delimitar aún las responsabilidades de los funcionarios provinciales y municipales en la previsión del fenómeno hídrico. Ahora se sabe que no se trató de una catástrofe, sino de negligencia.
Han desfilado ya, por el despacho del juez de instrucción Diego de la Torre, (a quién el reutemismo llevó hasta el palacio de Tribunales) varios funcionarios, pero aún no hay definiciones judiciales.
Mientras tanto, el reclamo de los vecinos afectados sigue multiplicándose, más aún luego de la aprobación por parte de la Legislatura de la ley de reparación económica que el Estado santafesino entregará a los afectados. Tan insuficiente como desigual.
Quedan también las dudas sobre el destino de las donaciones y la ayuda financiera que llegó desde la Nación y países del extranjero. Mucha de la ayuda solidaria terminó en las manos de punteros políticos del oficialismo, como el caso denunciado por este portal, el año pasado, que comprobó que la ropa que tenía como destino a los inundados, se repartía en la costa, en plena campaña electoral. Solo un botón de muestra.
A diez meses de la inundación, todo está a flor de piel: el reclamo de justicia, la asistencia a los enfermos (afecciones físicas y psíquicas) que dejó el agua y la publicidad del destino de la ayuda recibida, siguen sin completar los casilleros de interrogantes.
Diez meses de ausencias. Diez meses de reclamos. De injusticias. También de lucha.
Diez meses llenos de gestos obsenos, también de solidaridad sin par.
Diez meses vestidos de cansancios y de “volver a empezar”.
Diez meses de silencios y de ensordecedores gritos contenidos.
Diez meses.
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