Kansado
Fue una afirmación, en el marco de una charla con colegas. Donde generalmente hablábamos con liviandad sobre temas que no son livianos. Donde intercambiábamos opiniones, casi siempre en tono de chicana. Casi siempre en tono de humor. Ese día, excepcionalmente, hablamos en serio, y profundamente, durante veinte minutos.
Fue una afirmación en el marco de una discusión con dos colegas. Hablábamos de las cajas de la policía en Santa Fe. Hablábamos de las miradas diferentes sobre el documental “Calles perdidas” de la UNR. Hablábamos, en coincidencia saludable, sobre las insuficientes políticas contra el narcotráfico en Santa Fe y en el país.
En ese marco, yo dije, sin esconder nada: “cuando el Socialismo llegó al poder, Antonio Bonfatti, en su primera charla con el jefe de la policía de la provincia originario de Binner, dijo: muchachos, nosotros transamos, transamos, si quieren con la prostitución y si quieren con el juego, con el narco no”. Después agregué que “No me consta, pero te doy palabras más palabras menos como diciendo, mmm, el narco no, eh, la guita del narco acá no, la guita del narco acá no”.
Y la charla siguió no menos de diez minutos más. Y yo insistí sobre mi convicción de que el Socialismo no tenía acuerdos con el narcotráfico. Y hablamos de las Cajas. Y dijimos, entre otras cosas -aún más graves- que durante los 24 años del peronismo, los gobiernos habían compartido las cajas con la policía. Incluso dijimos que los propios funcionarios de Jorge Obeid en el área de seguridad habían acordado eso con la policía. Obeid es el primer candidato a diputado nacional por el Frente para la Victoria en Santa Fe (de eso nadie dijo publicó nada, ¿no?).
Y dijimos también, en el dialogo, que el Socialismo había pecado de ingenuo en el trato del tema narcotráfico. Y que esa decisión de no compartir el histórico negocio de “las cajas” con la policía, había dejado en libertad a algunos sectores policiales. Y dije, también, que lo que para Obeid es un error, para mí era una virtud que derivó en un error grueso, porque negarse a hacer acuerdos con la policía, permitió que los botines se repartieran en la propia fuerza autonomizada.
Después remarqué la fuerte decisión política de la gestión Bonfatti tras el “Tognoli-gate” Destaqué la decisión del juez provincial Juan Carlos Vienna, y sobre todo las dificultades que se tienen dentro de la fuerza provincial para combatir el negocio, con tantos oficiales involucrados o cooptados por el narcotráfico. Como ocurre en todas las provincias argentinas. Como ocurre en todo el país.
Nunca dije que el Gobierno provincial, ni que el gobernador de la provincia, ni que nadie manejara las cajas de la prostitución y el juego ilegal en Santa Fe. Dije que era una decisión política no transar con los narcos. Pero hubo quien prefirió remarcar y titular eso: “Bonfatti transó con la prostitución y el juego ilegal”, o algo así.
–¡Pero lo dijiste!, me apunta un colega con muy buena fe
–Sí, lo dije, y tras cartón, dije claramente que no me constaba, pero que la decisión había sido no transar con los narcos. Ese era el eje de la discusión.
Pero esas aclaraciones no aparecen en las grabaciones que circularon, ni esa, ni todas las otras cosas que dijimos en esa charla. Y con una rapidez asombrosa, empezó a funcionar el eje Radio Nacional-algunos portales santafesinos de baja cuantía-Télam-Fundación Gvirtz&Asociados-Tiempo Argentino y etc., etc., etc. O lo que sin demasiadas vueltas, se puede simplificar como la “Gestapo K”.
Y durante estas horas, lo que rebalsó mi paciencia, en horrorizadas organizaciones femeninas que responden al Frente Para la Victoria entre las que se encuentran Diputadas Nacionales que me acusan, (sí, me acusan) de “un claro, profundo y arraigado mensaje machista” y de transmitir “el discurso de que la prostitución y la trata son hechos insignificantes” (sic).
¿Dónde es que yo dije o asevero semejante cosa? Es asombroso que me sumerjan en un barro claramente electoralista que representa todo lo contrario a lo que cotidianamente afirmo en mis trabajos. Los (y las) que me conocen, me escuchan, me leen o me ven saben perfectamente cuál es y ha sido, a lo largo de muchos años, mi contribución a la lucha contra la violencia de género y contra todos los males que rodean el espanto de la trata de personas. ¿Realmente creen lo que dicen o están utilizando un claro recorte de un largo dialogo para utilizarlo en beneficios electorales, sin importarles otra cosa que eso?
KANSADO DE LAS KONTRADICCIONES Y LAS KURIOSIDADES
Pero más allá de las aclaraciones personales, bien vale este ejemplo -doloroso por cierto- para desnudar con claridad el manejo turbio y perverso que se hace de la comunicación desde las esferas oficiales.
Sirve para descubrir de qué modo y hasta qué extremos, el activimismo fanático kirchnerista está dispuesto a utilizar la máquina goebbeliana de la mentira, sin detenerse en sus propias contradicciones.
Es muy curioso que se detengan en ese fragmento de la charla y no hayan advertido que hablamos de Jorge Obeid y de Sandra Cabrera, la titular de AMMAR que fuera asesinada por un policía federal en Rosario, durante la gestión del ahora candidato del Frente para la Victoria.
Es curioso que no digan ni recuerden que durante las gestiones del pretendiente a la diputación no se haya avanzado en la derogación de normas vigentes que permitieron la detención y el maltrato sistemático de las meretices en la provincia.
Es curioso que no recuerden que en Santa Fe, durante los 24 años anteriores a la gestión socialista, no existían operativos anti-narco en la provincia. Es curioso que no reclamen por el inexistente accionar de la Justicia Federal, la Gendarmería, la Policía Federal o la PSA en territorio santafesino. Con la única excepción de la investigación contra el ex jefe de la policía, Hugo Tognoli.
Es curioso que entre las mujeres que me acusan de “minimizar” el drama de la violencia de género o la trata de personas, se encuentre una abogada santafesina que defendió (sí, defendió) en los Tribunales de Rafaela a un acusado de violación.
Y podría seguir con las interminables curiosidades del Kircherismo vernáculo, que por estas y tantas otras razones no ha conseguido a los largo de diez años convencer al ciudadano santafesino de merecer alguna confianza para administrar la provincia.
Hablan de mí, y de mi afirmación. Pero se callan cuando la presidenta designa a un miembro del 601, carapintada y participante del Operativo Independencia, como Jefe del Ejercito y las F.F.A.A.
Hablan de mí, se esfuerzan por hacerme decir lo que no dije, pero se callan cuando la presidenta designa a un ex gobernador del neoliberalismo como representante del FPV, en la provincia.
Hablan de mí, hacen antojadizas interpretaciones de lo que dije, pero se callan cuando el Gobierno Nacional y Popular entrega la explotación y las reservas de la energía nacional a Chevrón, los Bush y Rockefeller.
Hablan de mí, me usan, pero nada dicen del festival de prostitución y trata que generaron sus líderes políticos en Santa Cruz mientras gobernaban. Y no se detienen en los exponenciales niveles de corrupción que enriquecieron hasta lo imposible a personajes siniestros como Luis D’Elia, Lázaro Báez, Amado Boudou o del prófugo que no tiene riesgo de profugarse, Ricardo Jaime.
Hablan de mí pero se callan ante la masacre a los Qom, ante el reclamo de los muertos de Once, ante la Ley Antiterrorista, ante el bochornoso acuerdo de protección a Irán en el atentado a la AMIA, ante la sanción de la ley que libera de explicar el origen de sus patrimonios a los funcionarios y sus familiares… O ante el “Proyecto X”, que investiga a las organizaciones sociales que no comulgan con el Kirchnerismo. O del blanqueo de capitales, que entre otras cosas (vaya paradoja) les permite a los narcos y jefes de bandas de trata de personas, invertir en Argentina sin dar explicación del origen de los fondos.
Hablan de mí, y del periodismo que no comulga con ellos, porque no se animan a aceptar que forman parte de un ejército que defiende el “sueño del sonido único” del discurso presidencial. Porque no se animan a aceptar que las contradicciones del “modelo”, van develando cómo, incluso aquellas decisiones del Gobierno que representan un avance, terminan siendo utilizadas para sostener un estado cada vez más autoritario.
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