KIRCHNER A CHINA: A LA CAZA DEL DRAGÓN ASIÁTICO
Entre el jueves 24 y el domingo 4 de julio, el presidente Néstor Kirchner va a dar la vuelta al mundo con un solo objetivo: hacer pie en la República Popular China, ese dragón hambriento que recluta a casi 1.300 millones de habitantes y anda gastando por todo el planeta unos cuatrocientos mil millones de dólares anuales para saciarlos. Una tema en crecimiento desde que el milenario país rojo le hizo una pirueta a la historia y se colgó, él también, del vagón capitalista.
Tres ministros, nueve gobernadores, secretarios de Estado, legisladores y 270 empresarios serán de la partida.
No es ningún misterio: además de las entrevistas oficiales de rigor —Kirchner se reunirá con el presidente Hu Jintao y el primer ministro, Wen Jiabao, además de recibir un doctorado honoris causa por la Universidad Fudán de Shanghai— la comitiva argentina busca hacer buenos negocios.
Un objetivo nada original: el aeropuerto de Pekin debe ser uno de los más entrenados del mundo en eso de recibir delegaciones extranjeras. Sin ir más lejos, Kirchner llega a China pisándole los talones al brasileño Inacio Lula da Silva, que estuvo allí el mes pasado casi doblando la apuesta argentina: lo acompañaron 7 ministros y 420 empresarios . Se llevaron, según dijo Lula después, “promesas de inversión de 5.000 millones de dólares”. El doble, también, de lo que exporta actualmente la Argentina a China: unos 2.500 millones de dólares.
El Gobierno argentino busca con este viaje quebrar el mercado casi excluyente de venta de soja y sus derivados hacia ese país. De hecho, la soja representa el 80 por ciento de las exportaciones argentinas a China .
“Este no es un viaje para la foto”, le dice a Clarín el vicecanciller Martín Redrado, que estuvo detrás de esta visita oficial desde hace meses. De hecho, su jefe directo, el ministro Rafael Bielsa apostó todas su fichas en este viaje. “La intención es que los empresarios tengan agendas bilaterales, que puedan hacer negocios concretos”, dice el vicecanciller.
Una tarea difícil, habida cuenta del proceso de desindustrialización que vivió la Argentina en los años 90, como consecuencia, precisamente, de la sustitución de productos nacionales por importaciones chinas: la industria del juguete y la textil, sin ir más lejos, fueron sus víctimas más preciadas.
Caída la convertibilidad y con una moneda más que atractiva para la exportación, el país no tiene capacidad productiva para responder a una demanda kilométrica como la china, más allá de lo que aporta el campo, claro.
Un solo ejemplo: China se devora el 55 por ciento de la producción mundial de cemento. Hace unos meses, el país asiático hizo temblar a Wall Street ya que por su desmedido consumo de hierro y carbón generó escasez de esas materias primas a nivel mundial.
Otro dato: la producción nacional china está creciendo a un ritmo de un 1,6 por ciento anual. La demanda interna crece, a su vez, a un 9 por ciento.
El propio Redrado lo admite: “No es un mercado para Pymes”. Por eso, los negocios que se buscan en este viaje apuntan a temas muy puntuales. Algunos ejemplos:
>En materia de agro, intentarán vender biotecnología, maquinaria, mecanismos de siembra directa y genética animal.
>China es hoy el mayor constructor del mundo de gasoductos y oleoductos y por eso, son fuertes demandantes de acero, algo que el país está en condiciones de exportar.
>La Argentina viene desarrollando una interesante oferta de software y hacia allí apuntan los convenios que cerrarán varios empresarios del sector.
>En materia de turismo, el gobierno va a firmar un acuerdo para que la Argentina sea un “Estatus de Destino Aprobado”. China tiene controlada la salida del país de sus habitantes.
Hoy, hay 250 millones de chinos que son ricos. 26 millones ya empezaron a tomarle el gusto a eso de andar con su humanidad recorriendo el mundo, aunque hasta ahora sólo pueden ir a 22 países.
Este año, Argentina, Brasil y Perú se sumarán a la lista. También se firmará un acuerdo para que Aerolíneas Argentinas conecte Pekin con Buenos Aires.
Los operadores turísticos se relamen ante un solo dato: en los últimos cinco años, el número de tarjetas de crédito de los chinos pasó de 22.000 a 500.000. Una muestra más de esa desmesura china de la que Argentina intentará, una vez más, tratar de sacar una tajada.
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